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De mitos y derechas

Decía Wittgenstein, filósofo austríaco, que "los límites de mi lenguaje son los límites del mundo", una frase que pone en valor la herramienta que nos diferencia del resto de los homos. Ese mismo lenguaje, defendido por Wittgenstein, fue criticado – varios años antes – por Nietzsche. Y lo fue, queridísimos amigos, por su naturaleza analítica. Una naturaleza que sesga la realidad sensible y obstaculiza, de alguna manera, la comprensión del presente. Un presente que nace y muere en un eterno retorno. Y un presente que "no es" sino "deviene". Así las cosas, las palabras se convierten en herramienta de expresión y entendimiento. Palabras que connotan y denotan significados. Y palabras que, en función de su contexto, adquieren diversos sentidos. Tanto sociólogos como filósofos trabajamos con ellas. Los primeros para categorizar y acotar sus investigaciones. Y los segundos para abstraer conclusiones a partir de lo concreto.

Hace años, leí El mito de la derecha, un libro de Gustavo Bueno. Su autor llega a la conclusión de que el concepto de "derecha" no responde a ninguna realidad. Es, por decirlo de alguna manera, un término vacío. Un signo lingüístico huérfano de cosa. Según Gustavo, existen tantos contraejemplos que resulta imposible acotar qué entendemos por "derecha". No podemos establecer el retrato robot porque carece, como diría Aristóteles, de causa formal o, dicho de otra manera, de un elemento intrínseco. En Derecha e izquierda, Norberto Bobbio – a diferencia de Gustavo – establece las líneas que separan tales conceptos. Y el principal eje que los separa no es otro que la igualdad. Mientras la izquierda se preocupa más por aquello que nos hace iguales. La derecha pone el acento en aquello que nos hace desiguales. Dos caras de una misma moneda pero con distinto enfoque en función de la lupa con que se mire. En Izquierda y derecha, diferencias políticas fundamentales, Francesc Xavier Marín Velazquez disecciona, al modo de Bobbio, las líneas que separan tales conceptos.

Entre quienes defienden la inexistencia de la derecha y quienes defienden su existencia, me sitúo en la bancada de los segundos. Y me sitúo ahí, queridísimos lectores, porque sí existen ejes que vertebran y categorizan a la partidocracia entre rojos y azules. Los ejes responden a gradaciones que van de la izquierda a la derecha. Así las cosas, el intervencionismo económico, los valores cristianos, la familia nuclear, la centralización de las Administraciones Públicas, el unionismo territorial, la Monarquía Parlamentaria,  las privatizaciones de los servicios públicos, la política fiscal restrictiva, la religión católica en las aulas y  la tauromaquia, por ejemplo; sirven al politólogo para situar a un partido en un espectro ideológico, u otro. Así las cosas, el PP o el PSOE, por ejemplo, serán – en función de los resultados obtenidos en la suma de los ejes, de derecha, izquierda, centro-derecha o centro-izquierda. Estamos, por tanto, ante conceptos llenos de contenido. Conceptos alejados del vacío, y "mito", defendido por Gustavo.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: “Desde la Crítica” y “El Pensamiento Atrapado”. [email protected]

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