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Reinventar Europa

El Reino Unido siempre ha sido el verso suelto de Europa. En el ámbito religioso, los ingleses cuestionaron – desde el protestantismo – los dogmas del catolicismo. En el área filosófica, fue su empirismo – con David Hume y John Locke a la cabeza – quien le hizo cara al racionalismo de Descartes, Leibniz y Spinoza. A diferencia de los continentales, los ingleses conducen por la izquierda, beben té a todas horas, entran gratis a los museos, visten diferente y reviven con entusiasmo las cenizas de su imperio. Aún así, el gran mérito de la Unión Europea – la misma que reniegan – se lo debemos a Winston Churchill. Él fue quien paró los pies a Hitler. Y él fue – un inglés de pura cepa –  quien soñó con la reconstrucción de la "familia europea". Quién pensó en "los Estados Unidos de Europa". Y quien dijo aquello de: "la seguridad y la prosperidad de Europa residen en la unidad”.

Hoy, varias décadas después de aquellas narrativas, la victoria de Boris Johnson tira por la borda el sueño de Churchill. La ejecución inmediata del Brexit pone de relieve el choque de civilizaciones avistado por Huntington. La salida del Reino Unido de Europa exalta el péndulo de Foucault Un péndulo que oscila de la integración a la vertebración mundial y viceversa. La globalización, o dicho de otro modo, la tendencia a la homogeneidad. La tendencia a que todos bebamos Coca Cola, comamos hamburguesas y vistamos similares, no se cumple en ciertos territorios. La vuelta a los nacionalismos. La vuelta a exaltar lo distinto en detrimento de lo parecido hace que surjan ovejas negras en el seno de Europa. Un hecho que no sería preocupante sino fuera por el riesgo de contagio. La crisis económica ha emergido cadáveres de batallas olvidadas. Ha sacado a la palestra el mantra de una Europa a dos velocidades. Dos motores dentro de un coche que neutralizan la optimización de su arranque y lo convierten en mediocre.

El Brexit reconfigura las relaciones comerciales internacionales, cambia los socios preferentes y reabre un episodio de amenazas y oportunidades. Hoy, el Reino Unido vuelve a sus orígenes. Vuelve a poner el punto de mira en sus antiguas colonias del norte, los Estados Unidos. Una alianza que determinará, tarde o temprano, nuestra mirada a Latinoamérica.  Así las cosas, es necesario que Europa busque nuevos aliados comerciales. Nuevos aliados para frenar a los tigres asiáticos y el nuevo elefante yanqui. Con el eje Estados Unidos – Reino Unido, por un lado, y China, por otro, no nos queda otra que mirar a México, Argentina y Chile, por ejemplo. Hace falta que Europa mire más allá de sus líneas continentales. Si no lo hace, si se queda de brazos cruzados, será la nueva África del mundo. Y lo será, queridísimos lectores, porque en el entramado geopolítico, el Norte siempre ha ganado la batalla al Sur en cuestiones económicas. Así las cosas, es necesario que la Troika, Bruselas y toda la parafernalia junta reinventen, de una vez por todas, esta idea llamada Europa.

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