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Elecciones, Sánchez y los socios preferentes

En el 2014, escribí: "El péndulo político", un artículo que reflexionaba sobre el devenir de la política. En él, tal y como hizo Foucault con la filosofía, defendía que ésta es cíclica. En la historia, aunque las circunstancias sean distintas, existen estructuras que se repiten. Así las cosas, existe – tal y como dijo Hebert Spencer – un evolucionismo social que transita de la homogeneidad a la heterogeneidad y viceversa. Algo similar, queridísimos lectores, ocurre con la política. A ciclos de unidad le siguen episodios de ruptura y diversidad. Esta mañana, Pablo Casado llamaba a "copiar la refundación de Aznar del centroderecha". Esta voluntad escenifica, sin ir más lejos, el cambio de ciclo que se avecina. Un cambio de ciclo hacia un bipartidismo por bloques que ponga fin al fracaso del multipartidismo. Un multipartidismo que será difícil de apagar desde las filas de la izquierda.

La irrupción de Íñigo Errejón a la palestra nacional, más allá de poner en evidencia la escisión de Podemos, cambia el comportamiento electoral. La posible abstención, anunciada a bombo y platillo por los medios de la caverna, no será tan significativa el día de las urnas. El paso del tiempo, siete semanas de hoy hasta el 10-N, erosionará buena parte del cabreo colectivo. La estrategia de Pedro Sánchez pasa por construir un relato basado en la coherencia y el victimismo. Coherencia por no pactar con los nacionalistas y por cumplir, a rajatabla, el "con Rivera no" que le clamaron los suyos. Victimismo por no configurar un gobierno ante las exigencias de Podemos y los obstáculos de las derechas. A estos dos pilares del relato socialista hay que sumar los  logros en sus doce meses de gobierno. Coherencia, victimismo y logros son los dardos que empleará Pedro en la lucha de contrarios. Con esta estrategia, el éxito del PSOE estaría asegurado; siempre y cuando el líder de Podemos no remonte en las encuestas.

La campaña se presenta como una lucha aguda entre los líderes de la izquierda frente a la cuasi unión de las derechas. Los reproches de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias, y viceversa, tendrán como finalidad la destrucción recíproca del adversario. A esta estrategia, de polarización roja, hay que sumar los embates de Íñigo. El exmilitante podemita pescará miles de votos en las aguas de Pablo. Con el mordisco de Íñigo a Podemos, la debilidad de este – desgraciadamente – está servida. El día después del 10-N es muy probable que sigamos con el multipartidismo. Pero un multipartidismo más cercano del acuerdo. Tras el rifirrafe electoral entre Podemos y PSOE resultará muy probable que Sánchez cambie de socio preferente. Es muy posible que Pedro baile con Íñigo y, al mismo tiempo, luche por la abstención de Ciudadanos. Una abstención fácil si tenemos en cuenta que los tres – Pedro, Iñigo y Albert – están situados en el centro del espectro. Difícil si sumamos la ambigüedad clásica de Ciudadanos.

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1 COMENTARIO

  1. Buen planteamiento …

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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