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Sobre pactos y sanchismo

A toro pasado, decía un nostálgico de mi pueblo, todos somos Manolete. Ayer, tras conocer el resultado electoral, deambulé por los mentidores de Facebook. Allí, encontré varias cartas tiradas en el portal de mi página. Cartas procedentes de seguidores cabreados. Cabreados, como les digo, porque no se cumplieron todos mis pronósticos. Como saben, el día antes de la contienda escribí un "plis plas" que decía: "ganará el PSOE pero necesitará pactar para gobernar. Debacle del Pepé en beneficio de Vox. Caída fuerte de Ciudadanos y subida tibia de Podemos". Con un cuarenta por ciento de indecisos, le decía ayer a Peter, era imposible acertar la quiniela. Y lo era, estimados lectores, porque había varias variables que arrojaban escenarios dispares. Por una lado, el "beso de Judas" de Ciudadanos en Andalucía y la baja participación. Por otro, la crisis de Podemos y la intervención, acertada, de Pablo Iglesias en los recientes debates.

Las hechos de Sánchez, sus "viernes electorales" – en palabras peyorativas de Casado – han servido para explicar la remontada. Tanto es así que la ambigüedad socialista, en el tema de Cataluña, no ha sido castigada por una parte de los indecisos. El fortalecimiento del Estado del Bienestar, un Estado del Bienestar malherido por los navajazos de la derecha, ha resucitado la España de Zapatero. Una España sociológicamente roja que, por fin, ha aprendido que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Gracias al izquierdismo de Pedro, el PSOE ha vuelto a los tiempos felipistas. Tiempos donde la derecha estaba rota y los ciudadanos enfurecidos por cuarenta años de rombos, sotanas y tricornios. El dicho "más vale malo conocido que bueno por conocer" explica, por qué miles de seguidores de Podemos han emigrado a los prados de la rosa. Prados donde la realidad de las políticas contrasta con las promesas, incoherencias y crisis del morado. Así las cosas, miles de indecisos han salido a la calle. Y han salido, la verdad sea dicha, por el miedo ante una España de recortes, mordazas, plasmas y migajas.

A día de hoy, con los datos sobre el tapete. Sánchez debe decidir si baila con "la rubia" o baila con "la fea". Si bailara con la rubia – Unidas Podemos, Compromís y las filas de Rufián, entre otros – tendrá que, de alguna manera, realizar concesiones al independentismo. Algo perjudicial para Pedro y beneficioso para la bancada pepera. Si bailara con la fea – con Ciudadanos – se quitaría el "muerto de encima". Reduciría el problema catalán a las paredes del Parlament y apaciguaría la crispación por la cuestión territorial. Ahora bien pactar con la "fea" supondría el primer engaño de Pedro a su electorado. El "no" de Sánchez a la pregunta de Pablo Iglesias,¿usted pactaría con Ciudadanos si se diera el caso?, sería traicionado. Una traición que, puertas las luces largas, favorecería el liderazgo de Podemos. Así las cosas, Pedro también podría gobernar en solitario. Gobernar, como lo ha hecho hasta ahora, con pactos puntuales y alejado de alianzas permanentes. Esta vía sería coherente. No se vendería a los nacionalistas, ni tampoco traicionaría a sus electores; a quienes le votaron creyendo que su voto no desembocaría en las orillas de Rivera.

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1 COMENTARIO

  1. Lo has expuesto perfectamente …

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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