Maduro, Guaidó y la tercera vía

El otro día, recibí un correo de Alejandro, un periodista de las trincheras venezolanas. Crítico con la "democracia" de Maduro, no entendía por qué Sánchez no se pronunciaba sobre la interinidad de Guaidó. El reconocimiento del auto elegido atenta contra las reglas de juego. Y atenta, le dije, porque la democracia solo entiende el lenguaje de las urnas. Un lenguaje que se basa, como todos sabemos, en la libertad de los pueblos para elegir a sus representantes. Si Pedro reconociera a Guaidó – como ha hecho Estados Unidos – estaríamos ante un dilema moral en nuestros intramuros autonómicos. Y lo estaríamos, queridísimos lectores, porque muchos catalanes reivindicarían la legitimación de Carles como presidente de su feudo. Aunque son dos problemas distintos, ambos guardan algún que otro paralelismo. Ambos – Puigdemont y Guaidó – han saltado la barrera del Estado de Derecho. Y lo han hecho por su crítica a las reglas de juego.

Aunque el diseño del tablero no sea perfecto. Aunque en Venezuela, el populismo haya convertido el poder en un cortijo de redes clientelares; lo cierto y verdad es que su forma de gobierno es la democrática. De pseudo democracia, diría yo, si tenemos en cuenta que Nicolás Maduro ganó las elecciones de 2015 de forma fraudulenta. No permitió la participación de tres partidos opositores. Y para más inri, a día de hoy, en Venezuela no existe una barrera nítida que separe las togas del Supremo de los chándales del Ejecutivo. Aún así, nadie le ha puesto, como dirían por ahí, el cascabel al gato. Salvo informe en contrario, Venezuela sigue siendo una democracia. Ante esta evidencia, el poder se debe conquistar con sables democráticos. Y por ello, lo más sensato sería que Maduro convocara elecciones generales. Si no lo hace, si se aferra al cetro, los venezolanos puede que vivan un episodio similar al que vivimos los españoles en la Hispania de "la Pepa".

Por respeto al Estado de Derecho venezolano y para evitar posibles agravios comparativos, la Unión Europea debería optar por la tercera vía. Ni Maduro, ni Guaidó sino la convocatoria de elecciones. Unas elecciones, vigiladas por los ojos internacionales, y sujetas a las garantías de transparencia y seguridad electoral. Si yo fuera Sánchez optaría, sin duda alguna, por esta vía. Una vía de corte estadista y alejada del "partidismo" interesado de Casado y Rivera. Aunque el pueblo lo esté pasando mal. Aunque Venezuela haya caído en la trampa del populismo, no se debe legitimar el poder sin papeletas por en medio. Por ello, es necesario que los venezolanos vuelvan a votar para recuperar la dignidad democrática. No hubiese sido justo que en la España de la crisis y de los indignados de Hessel, Mariano Rajoy – por ejemplo – se hubiese auto proclamado presidente de España, con el reconocimiento de Francia.

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3 COMENTARIOS

  1. ¿Y si volviese a ganar Maduro, y lo hiciese con un escrutinio con totales garantías? ¿Habría que convocar nuevas elecciones hasta que perdiera? ¿Y si estas tampoco las perdiera? ¿Así hasta la consumación de los siglos?
    Dicho sin sutilezas, el problema no es Maduro, es el control del petróleo y todas las riquezas naturales de Venezuela. Para EEUU, Venezuela es parte de su patrio trasero y no le gusta que rusos o chinos saquen de allí provecho e influencia política.
    El pueblo venezolano, en este ajedrez de intereses geopolíticos les importa un carajo. Si hay que monta otra Siria, lo harán. Si no, al tiempo….

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  2. Pilar Martinez

     /  3 febrero, 2019

    La verdad es un articulo muy acertado, dadas todas las circunstancias que se dan en Venezuela. Pero las amenazas de Donand Trund no conducen a nada bueno. No aprendemos. Recuerdo con terror los ataques a Irank

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