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Réquiem por Andalucía

Aunque la derecha esté dividida, derechona se queda. Y se queda derechona porque los mismos que votaron a Vox y Ciudadanos fueron, en su mayoría, votantes de las gaviotas. Así las cosas, resulta ridículo que tanto casados como riveristas eviten, a toda costa, la foto con la fea. Si no hubiese sido por la baja participación electoral, hoy otro gallo cantaría en el Palacio de San Telmo. Si resulta ilógico que un obrero vote a la derecha. Todavía sorprende más que un ciudadano de las tripas andaluzas se cambie de chaqueta. Y sorprende, como les digo, porque las políticas de la caverna no son buenas consejeras para las tierras felipistas. Y no lo son porque Andalucía siempre ha sido roja hasta la médula. Y lo ha sido porque ha necesitado más Estado que mercado para la solución de sus problemas. Hoy, el pueblo andaluz llora su decisión. Y llora porque sabe que la escoba de sus elegidos barrerá para los pudientes en contra de los más necesitados.

Es precisamente la crisis de las ideologías, que decíamos en artículos anteriores, la que explica la derechización andaluza. La ambigüedad de Ciudadanos y el mensaje populista de los recién llegados ha calado en la tierra de los toros, de las coplas y las peinetas. Y ha calado, estimados camaradas, porque los intereses partidistas han sido mayores que los intereses de la gente. El clientelismo, la factura de los ERES y la debilidad del susanismo han hecho que el populismo de derechas irrumpa con fuerza en los cielos de Sevilla. Hoy, los andaluces deben ser consecuentes de sus propias decisiones. Deben ser consecuentes sobre las repercusiones que tiene para un andaluz de pura cepa las políticas de derecha. Parece mentira que casi ocho años de marianismo no hayan sido suficientes para aprender, cómo se cuecen las habas en los fogones de la caverna.

En la Hispania del presente – la más preparada de la historia – todavía existe muchísimo analfabetismo político. La gente tiene información hasta el hastío pero, desgraciadamente, le falta  formación política. En los institutos, el Franquismo y la Transición Democrática son vistos – y si se ven – en un par de semanas. Un tiempo ridículo para que los jóvenes sean ilustrados y sepan, como diría Kant si viviera, pensar por sí mismos. Gracias a que mucha gente no piensa por sí misma, el marketing político obtiene tan buenos resultados. Estamos ante un ciclo político de gestos, fotos y postureo. Un ciclo donde las formas y el relato son más importantes que la gestión de los pueblos, ciudades o naciones. Ante este panorama no nos queda otra que llamar a la cordura. Hace falta cordura. Cordura para darnos cuenta que así no. Así solo conseguimos frustración, desengaño y desafección por la política. Males que azotan a la democracia y enaltecen la partidocracia. Y males que empobrecen el intelecto e invitan a la parálisis.

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3 COMENTARIOS

  1. Estimado Abel,

    No tengo más que puntualizar algunas apreciaciones personales de alguien que sabe de lo que habla, si no por conocimiento socio-político. si por lugar de residencia y por eso de “haberlo mamao” como decimos aquí abajo.

    En primer lugar, estimado compañero, Andalucía nunca ha necesitado más Estado, esa es la visión ombligo-centrista que mira hacia el sur de Despeñaperros como tierra de subsidio dependiente del benefactor centralizado-madrilizado Estado español. Aquí lo que necesitamos es menos colonialismo de ese que se repartió la tierra entre cuatro, “nos dejó el hambre y se llevo el pan”, y las indutrias de transformación por cierto.

    Y no es que el mensaje populista el que ha calado; la derecha a caballo, señorita y con afán de reconquista, siempre ha estado ¡¡¡¡¡presente!!! Simplemente se han quitado la careta. Hará algo así como dos votaciones a la Junta que el tripartito era monolítico, o sea PP, pues bien han sacado el mismo número de votos, simplemente han dividido el voto en tres patas, vaya tres patas pa un banco.

    Por tanto, compañero, mi análisis concluye reseñando tres apreciaciones a tu entrada. Primero la tragedia es para los andaluces es la no cociencia de sí mismos como pueblo y por ende la no presencia en las Instituciones de una fuerza Andalucista que piense y gestione endógenamente los recursos que nos han sido concedidos.

    Segundo, Andalucía es mayoritariamente andaluza, de izquierdas “notése el plural de la palabra”, pero se ha quedado en su casa para no ronearle a la faraona que quería conquistar la Cibeles, ni tener que aguantar las monsergas del chavalito del chalecito.

    Por último, querido Abel, aquí al Sur de la Gran Bretaña, nos hemos equivocado, cierto. Pero tenemos fe y esperamos la llegada de alguien que canalice el indómito y ancestral espíritu Gheist del pueblo. Un proyecto basado en la fuerza que Castells vino a titular “El poder de la identidad”, Una postmoderna política no teledirigida por socialdemócratas tecnócratas ni jacobinos centralistas.

    Desde Andalucía, por Si.

    Un abrazo.

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  2. Un planteamiento muy coherente …

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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  3. Al final, parece como si a culpa del resultado es de quienes no fueron a votar. Es el problema de las democracias “aburridas” y. pese a quien pese, consolidadas: que la política se convierte en negocio de unas castas siempre próximas al poder, y que muchos ciudadanos “castigan” a esos instalados por el simple procedimiento de quedarse en casa. Lo cual es otra forma de participar en la política por vía negativa: niego mi voto, pero multiplico el valor de los que sí han ido a la urna.
    ¿Votar o no votar? He ahí el problema. Luego pasa lo que pasa…

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