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El periodismo roto

Tras tomar café en El Capri, leí la entrevista realizada por Arturo Tena a Soledad Gallego-Díaz, periodista con más de 40 años de experiencia en las turbinas de El País. Aparte de las felicitaciones por obtener el Premio Ortega y Gasset a su trayectoria profesional, la entrevista versa sobre la crisis del periodismo en la era digital. Como saben, Internet; las Fake news; las postverdad y la precariedad laboral son, entre otros, los retos que comprometen el futuro del periodismo. Estamos, como dijo Saramago, ante un "overbooking" de información. Un caos informativo donde cada vez resulta más difícil reflexionar sobre la fugacidad de los hechos. Este bombardeo continuo de titulares al unísono bloquea el intelecto e impide el desarrollo del espíritu crítico. Las redes sociales se han convertido en una jungla de miles de titulares repetidos.

Es precisamente esta fugacidad de la información, la que terminará hundiendo a los tigres de papel. En días como hoy, los medios digitales son los únicos capaces de hacer frente a la lentitud de las cabeceras tradicionales. La supervivencia del pergamino depende de la calidad de los escritos. Por mucho que se esfuerce la tortuga nunca adelantará a la liebre; por ello, nadar contracorriente – en términos periodísticos – es una garantía de fracaso. En días como hoy, falta más interpretación y menos información. Más interpretación implica ir más allá del columnismo tradicional. Estamos, como bien dijo Sánchez Cuenca en La Desfachatez Intelectual, ante un conjunto de "figurones", de literatos y tertulianos de plató, que no aportan un análisis riguroso sobre el hecho informativo. Hace falta, como saben, más politólogos y menos novelistas en la prensa escrita. El renombre de un novelista no legitima su discurso acerca de acontecimientos políticos, tales como: el independentismo catalán o las crisis de gobierno.

En la entrevista a CTXT, Soledad alude a las suscripciones de pago de los medios digitales. La paradoja de la suscripción reside en que los lectores están dispuestos a pagar información, que pueden obtener de forma gratuita. Así las cosas, The Guardian, en palabras de Gallego-Díaz, es "capaz de dar toda su información gratuita y al mismo tiempo tener muchos suscriptores. Más de 500.000 personas pagan por algo que pueden tener gratis". Desde hace años, llevo planteándome convertir el Rincón en un medio de pago. Normalmente, las cosas son gratis cuando carecen de valor; cuando nadie está dispuesto a pagar por algo; es cuando opera el mecanismo de la gratuidad. Esta pérdida de valor del periodismo presente explica, de alguna manera, su precariedad laboral. Como saben, antes escribía en periódicos. Una tarea que me reportaba prestigio y altas dosis de autoestima. Tras varios años sin cobrar un duro, decidí salirme de las miserias del vertedero. Aún así, de vez en cuando, recibo llamadas de medios de renombre ofreciéndome columnas a cambio de la nada.

Hace falta una toma de conciencia mediática para que el sector recupere su valor. El canibalismo entre los medios; la prostitución informativa y, sobre todo, las noticias falsas son comida para hoy y hambre para mañana. Si la información fuera de pago, la cultura lectora de este país cambiaría hacia otros derroteros. El público sería más exigente con la función del periodista, y ello repercutiría en la calidad de los escritos. Por estas razones, algún día – no muy lejano – el Rincón de la Crítica se convertirá en uno de los primeros blogs de pago. Una decisión arriesgada, pero necesaria, para crear una masa de lectores exigentes que vaya más allá de la pasividad del momento. Gracias a este cambio de cultura, el Rincón conseguiría el compromiso imprescindible para contribuir con rigor a la sociedad del conocimiento. El consumo de una información de calidad, plural, libre e independiente; solo se conseguirá mediante lectores soberanos. Mientras no lo hagamos, seguiremos asistiendo al funeral de lo mediático.

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1 COMENTARIO

  1. Excelente … un gran artículo .

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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