De vidas y teatros

Ayer, sin quererlo ni beberlo, me perdí por las callejuelas del laberinto. Tras más de dos horas buscando la salida, encontré trozos de sueños rodando por el suelo, cadáveres del pasado y cicatrices producidas por los navajazos de la vida. Durante el camino, hallé pergaminos con frases ilustres de grandes pensadores. Al final, guiado por el sonido de mis miedos, conseguí salir de la oscuridad de los pasillos. Mientras me duchaba, todavía vislumbraba la silueta en medio del laberinto; el mismo que atrapa a millones de noctámbulos ante la gravedad de sus problemas. En el coche, las "Mañanas de Menéndez" rompieron la soledad del volante; la misma que sienten los actores cuando atraviesan la línea que separa su verdad del personaje. En clase, me puse el atuendo de "profe", e interpreté el papel que me tocaba. Hoy, les dije a los alumnos, es el Día Mundial del Teatro; un buen día para mirar lo que se esconde detrás del camerino.

En casa, colgué los hábitos de docente y me puse los de padre. Dicen los mentidores de la calles que las mejores facultades de psicología son las lecciones de los hijos. Al anochecer, me puse el disfraz de deportista, corrí por la circunvalación de mi pueblo hasta sudar la camiseta. De nuevo, en la soledad de la noche, entré en los callejones del laberinto. Un laberinto más claro que de costumbre; con señales de salida y ráfagas de aliento. Mientras me duchaba, volví a preparar el papel del personaje; solo faltaban diez horas para interpretar ante los míos las fuentes del derecho. Mientras desayunaba, la caja tonta hablaba de pensiones y política. En el primer plano, el político de turno denunciaba las penurias del sistema. Hablaba como quienes hablan de hambre con las joyas en la mano. La política, me dijo un tipo en El Capri, es teatro. Teatro del bueno, como dirían algunos, porque la función trasciende más allá de la duración de la obra.

A veces, son tantas las capas que envuelven a la cebolla; que el escozor de los ojos impide que se vea su secreto. Hay tantas caretas que resulta imposible saber, a ciencia cierta, dónde está la verdad en medio de la mentira. Desde hace mucho tiempo, por circunstancias de la vida, no frecuento las butacas del teatro: La última obra que visioné fue El Tartufo de Moliere, que refleja el servilismo francés hacia Luis XIV. Vivimos en un constante teatro. Teatro hacen las prostitutas cuando gimen en la cama, los políticos cuando venden sus programas y, los creyentes cuando se acuestan con la amante. Hay tanto teatro en nuestras vidas que las grandes avenidas se han convertido en películas de reparto. El Día Mundial del Teatro debería ir más allá de figuras ilustres como Lope de Vega, Shakespeare o Jean Racine. Aparte de Romeo y Julieta, Hamlet, La Celestina, Don Juan Tenorio, La Divina Comedia o Fuenteovejuna, entre otras; hay obras más ilustres en el devenir de nuestras vidas. La doble moral, la corrupción, los nacionalismos y el rifirrafe entre partidos son, entre muchas, otras formas de teatro.

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1 COMENTARIO

  1. Muy bueno …

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