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La senda equivocada

El otro día, me preguntaba Gregorio por la gran coalición a la alemana. Quería saber este lector de las tripas andaluzas; si la "Triple Alianza" sería comida para hoy y hambre para mañana. Gregorio es socialista de pura cepa; de esos que se dejaban la piel, en la Maestranza de Sevilla, tarareando aquello de: "¡Felpeee!, ¡Felipeee es cojonudo!; ¡como Felipeee no hay ninguno!". Ahora se siente decepcionado con praxis de su partido. Se pregunta: "por qué no se consultó a los militantes antes de investir a Rajoy inquilino de La Moncloa". Gregorio quería saber – y está en su derecho –  por qué el PSOE decidió abstenerse a cambio de la nada. "Un partido defensor de la fórmula: más Estado y menos mercado – me decía -, qué hace con otro que defiende: menos Estado y más mercado".

La derecha de pedigrí – le contesté – siempre ha barrido para los ricos; de ahí el dicho: "no hay nada más tonto que un obrero de derechas". A lo largo de estos cuatro años, Mariano Rajoy ha hecho política afín al ideario de su partido. El elegido por Aznar ha defendido a capa y espada los intereses de los bancos; ha cocinado una Reforma Laboral a gusto de la Patronal; ha subido las tasas universitarias; ha bajado las becas; ha menguado la Oferta de Empleo Público; ha subido – de forma ridícula – el Salario Mínimo Interprofesional; ha recortado en Sanidad; ha aprobado – de forma unilateral – una ley educativa acorde con los intereses de la Iglesia; ha restringido el derecho de manifestación – con la Ley Mordaza -; ha rebajado la prestación por desempleo y ha ninguneado a los periodistas mediante ruedas de prensa sin preguntas; entre otras medidas similares.

Contra esta política de recorte de derechos y creación de desigualdades; la sociedad civil ha respondido. Durante el periplo marianista se han producido dos huelgas generales, protestas estudiantiles, escraches y cientos de manifestaciones específicas en forma de mareas. Fue, precisamente, esa "indignación social", la que hizo que Podemos atesorara en su vitrina cinco diputados en las pasadas europeas. Mientras tanto, el PSOE fue recuperándose de "la traición" de Zapatero y la torpe apuesta por Rubalcaba. La elección de Pedro Sánchez insufló aire fresco a la rosa marchitada. Pedro – valga la redundancia – supo ganarse a los miles de militantes. Militantes soñadores con el regreso de la España de Felipe y el resurgir de los pétalos en las flores de sus solapas. El "no es no, señor Rajoy" curaba – de alguna manera – aquel mal sabor de boca que dejó la derrota de Rubalcaba.

Son precisamente aquellos militantes – entre los que se encuentra Gregorio – los que quiere reconquistar el ex líder socialista. Para su cometido – la reconquista – Pedro viaja en su Peugeot por las Casas de Pueblo de toda España. Casas de Pueblo frecuentadas por miles de nostálgicos de la era felipista. Abuelos y abuelas que mientras juegan al dominó, sacan a flote su indignación con la "jugarreta" de su partido. Son votantes de corazón que nunca entenderán la traición de su partido; la misma que sintieron cuando ZP "se cambió de chaqueta" en mayo del 2010. Por ello, queridísimo Gregorio, la resurrección del PSOE pasa por la nueva reelección de Pedro Sánchez como secretario general. Él es quien puede corregir la "torpeza socialista" cometida por los suyos. La Triple Alianza tiene los días contados. Los tiene porque Rajoy no se bajará del burro aunque gobierne en minoría. No lo hará – y para muestra un botón – porque ha optado por el continuismo; por la senda del conservadurismo. Una senda alejada de la que debe seguir el partido socialista.

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