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La torpeza socialista

Aunque abstenerse no sea lo mismo que votar no – según dijo el otro día el líder de la gestora socialista -, lo cierto y verdad es que gracias al PSOE y Ciudadanos, Mariano Rajoy continúa de inquilino en La Moncloa. Sea por el bien de España – en palabras de Susana Díaz – o por cumplir los deseos de S.M., la democracia representativa ha ganado la partida al sino de las urnas. De nada ha servido "el no es no, señor Rajoy", defendido hasta la saciedad por el ex líder socialista, como de nada han servido las elecciones del 20-D y 26-J. Al final, la oligarquía socialista – la vieja guardia de Felipe – ha investido a Rajoy, sin tener en cuenta la voluntad de las masas. Un feo, en toda regla, que muy probablemente le pasará factura al partido de la rosa el día de mañana.

La abstención del PSOE  es una decisión torpe e innecesaria. Torpe porque solo gana el Pepé. No olvidemos que el partido socialista ha hecho presidente a Rajoy sin obtener nada a cambio. Ni siquiera le ha pedido a Mariano la derogación de la Reforma Laboral, la Lomce, La Ley Mordaza y otras tantas del pedigrí de la derecha. Decisión Innecesaria porque unas terceras elecciones, en la víspera de Navidad, hubiesen fortalecido el liderazgo de Sánchez y, por tanto, beneficiado al PSOE. El "no es no" era la senda correcta para que miles de centristas – ex cabreados con Zapatero y disgustados con Podemos – volvieran a su nido. La abstención, por su parte, es un suicidio político que deja al PSOE en la peor posición de su historia.

Las consecuencias de esta torpe e innecesaria decisión dejan un partido roto tanto por arriba como por abajo. Por arriba, la grieta abierta con el PSC, la escisión del grupo parlamentario entre abstencionistas y “sanchistas”, y la crisis de liderazgo. Por abajo, el malestar de las bases por la praxis de las élites, el desengaño político por la "derechización" del partido y la indignación de muchos por la intromisión de González en los asuntos de Sánchez. Al mismo tiempo, la abstención trae consigo aire fresco para las filas de Podemos. Filas que quedaron muy tocadas tras la frustración por el fracaso del sorpasso y ahora, gracias a la abstención del PSOE,  recobran la esperanza de convertirse en los líderes de la izquierda. Gracias a esta "gran coalición a la alemana", el Pepé gana la partida. La gana porque sigue gobernando, la gana porque deja muy tocado al PSOE y la gana, queridísimos lectores, porque quien gobierna juega con ventaja de cara a unas próximas elecciones.

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