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No es no, señor González

Si Felipe González no hubiese hecho pública la conversación que mantuvo con Pedro, quizás hoy, otro gallo cantaría en los corrales socialistas. Es precisamente, la intromisión del expresidente del Gobierno en la democracia interna de su partido, la que pone patas arriba al circo socialista. El titular omnipresente "Sánchez me dijo que se iba a abstener. Me siento engañado" ilustra con creces cómo se mueven las cloacas del poder en los intramuros de Ferraz. "Gracias a estas declaraciones, el semi Dios del puño y la rosa  ha conseguido – en palabras del borracho – que en menos que cantara un gallo, fuera defenestrado el delfín socialista". A día de hoy, el buque insignia de la izquierda navega por los mares turbulentos del pluralismo fracasado. Unos mares que terminarán hundiendo al barco; si éste no consigue un patrón que lo libre del naufragio.

Tras la tormenta política del fin de semana, el partido socialista yace moribundo ante la mirada atónita de quienes defienden la abstención y quienes mantienen el "no es no", expresado por la militancia. Con estos mimbres sobre la mesa, resulta muy probable que el próximo treinta de octubre, la supuesta sesión de investidura sea noticia por el voto indisciplinado del partido socialista. "Parece mentira – me decía esta mañana Jacinto, un viejo conocido del Capri -, que un expresidente del Gobierno incite a los suyos – al menos eso se interpretó de sus palabras – a que se pasen por el forro el veredicto de los militantes". Es precisamente esta actitud, por parte de Felipe, la que invita a la crítica a reflexionar sobre el asunto. Aunque la abstención fuera una opción inteligente, aunque fuera verdad lo que Pedro le dijo a González; por encima de todo está el respeto a la voz de las bases del partido.

Así las cosas, la "intransigencia" de Pedro ante las presiones de los barones – de los peces gordos del partido – es una actitud ejemplar de salud democrática. La postura de Felipe, por su parte, pone en cuestión el respeto a las reglas de juego; a las vocales de toda organización que tome sus decisiones por medio de la participación directa. Aunque Felipe se sintiera "engañado", por encima de su sentimiento está el resultado de unas urnas. Si las declaraciones no las hubiese hecho Felipe sino otro figurante del partido, quizá el titular de la mañana no hubiese sido tan ruidoso y consecuente. Es precisamente, el poder de influencia que tienen las palabras de González sobre la opinión pública española, el que sirve de "cortafuego" a la voz mayoritaria de su partido.

Sin Pedro Sánchez por en medio, ahora toca a la gestora decidir si el grupo parlamentario socialista debería abstenerse o mantener el "no es no" ante una hipotética sesión de investidura. Si la gestora optase por la línea abstencionista – algo muy probable por coherencia democrática con las palabras de Felipe -, el PSOE se convertiría en un partido sin criterio. Un partido que desobedece a las bases y obedece, sin embargo, a las voces provenientes de las glorias pasadas. Estaríamos pues ante una puesta en práctica de la teoría de Gasset. Así las cosas, por sensatez democrática, el grupo parlamentario debería cumplir con el encargo de los suyos. Un encargo proveniente de quienes votan de corazón, de aquellos incondicionales socialistas que una y otra vez, votarían por el "no es no". Lo votarían, por mucho que algunos "jarrones chinos" se empeñaran en cambiar el sino de su voz.

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