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Dialogando con Gustavo

Ayer, tras tomar un café en El Capri, recibí un "wasap" de Fulgencio con la noticia de Gustavo Bueno. Como saben, el filósofo falleció el otro día por motivos que no vienen a cuento. Aunque me apasiona la filosofía, no suelo leer a pensadores contemporáneos sino que releo y releo a los clásicos. De Gustavo supe de él por la primera edición de Gran Hermano. Recuerdo que el "hombrecico" se dejaba caer por los platós de Telecinco donde hablaba de Umberto Eco y la intimidad del ser humano. Eran tiempos donde Mercedes Milá tuvo unos picos altísimos de audiencia. También es verdad que "escoba nueva siempre barre bien" o, como diría Sancho Panza, que "jarra nueva hace agua fresca". En fin, Gran Hermano se convirtió en un fenómeno sociológico y el nombre de Gustavo Bueno se hizo popular entre los españoles.

A partir de ahí, me interesé por su obra. Entre sus libros, leí detenidamente: "El mito de la izquierda", una reflexión donde el autor disecciona con acierto el concepto de "la izquierda". Hoy, como tributo a su figura, me permito la licencia de dialogar con él desde los pergaminos del Rincón. Hace décadas, lo que diferenciaba a la izquierda de la derecha era el dinero. De ahí el dicho: "no hay nada más tonto que un obrero de derechas". Hoy, lo cierto y verdad, es que hay mucho obrero de derechas. Tanto es así que si no fuera por ello, ni Aznar ni Rajoy hubiesen ganado por mayoría absoluta las elecciones en los años 2000 y 2011. No se olviden que sociológicamente hay más obreros que empresarios, o sea, más izquierda que derecha. Luego, primer mito desmontado: el dinero no entiende de ideología.

También se ha dicho, y mucho, que la religión es cosa de derechas. Es cierto que en tiempos de República, los rojos no casaban con el clero, que quemaban sus monasterios y esculturas. Y es verdad que el franquismo no movía una mano sin el beneplácito de los obispos. No olvidemos que Franco fue generalísimo de España por la gracia de Dios. Ahora bien, si estas premisas siguieran en pie, la Iglesia hubiese tenido que echar el cerrojo. Sin embargo, la mayoría de la población – los obreros – marca la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta, bautiza a sus hijos, celebra su comunión y, para más inri, cursa religión en primaria y secundaria. Segundo mito desmontado: la mayoría de la izquierda no es atea.

Actualmente es complicado trazar el perfil del votante de izquierdas. Hay gente del campo que vota a Sánchez y gente de la capital que vota a Rajoy. La derecha ya no es una cuestión de boinas y la izquierda de urbanitas. Ni siquiera se puede afirmar que la corrupción es pedigrí del Pepé y la honradez del PSOE. Tampoco es lícito afirmar que el Pepé viste de Prada y Podemos del montón. Como tampoco es acertado afirmar que la izquierda sube impuestos y la derecha los baja. Son tantos peros y contraejemplos a los tipos ideales de izquierda y la derecha, que sería incapaz de trazar una caricatura perfecta de los mismos. Aún así, Sánchez saca pecho de socialdemócrata, Podemos de "nueva socialdemocracia", Rajoy de "centro derecha" y Albert Rivera "no sabe, no contesta".

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1 COMENTARIO

  1. Y el PSOE ya no es de izquierdas…

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