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Tras la vuelta

En vacaciones, me gusta dedicar mucho tiempo a mi mujer y a mi hija. Durante el año, por incompatibilidad de horarios, casi no puedo hablar de todo lo que quisiera con ellas. Esa impotencia entre "el querer y no poder", me produce melancolía e indignación por el coste que me supondrán estos silencios el día de mañana. Hace tiempo aprendí, gracias a la meditación, que la felicidad reside en el presente; que mi hija solamente tendrá siete años hoy, y yo – su padre – debo vivirlos con ella. Por ello, estimados lectores, durante una semana he apagado el ordenador, he desconectado el móvil y he pasado "olímpicamente" de la política. Me ha importado un bledo que Rajoy pactara – o no – con Sánchez o que Podemos se desinflara, como se desinfla un globo en una fiesta de cumpleaños, tras las pasadas elecciones.

Todas las mañanas, a eso de las ocho y media he salido a andar con ellas por el paseo marítimo de Torrevieja. Durante el paseo hemos hablado de cosas banales. De cosas alejadas del mundo laboral, del dinero y de todos los diálogos materiales que nutren las paredes de millones de hogares españoles. Hemos hablado de cangrejos, de ballenas, de dinosaurios y de la paella que nos íbamos a comer al mediodía. Por las tardes, después de dormir la siesta – algo que nunca hacemos durante el año – hemos bajado a la playa. Allí, la nena ha hecho castillos en la arena, ha jugado con las olas y ha corrido con su primo hasta que asomaban las estrellas. Después de cenar, hemos ido a la feria y al cine de verano. La última que vimos: "mi amigo el gigante", una película para niños que me hizo reflexionar sobre la visión de los altos en un mundo de enanos.

Hoy he vuelto al "mundanal ruido", como diría Fray Luis de León si me leyera. He vuelto a la orilla de los problemas materiales y vacíos existenciales. He vuelto a la batalla de cada día; a la lucha contra mis miedos – miedo a que mueran los míos, a que le pase algo a mi hija, a que ocurra algo imprevisto que me arruine la vida -. Esta mañana, queridos amigos, he vuelto a encontrarme con el presente que dejé hace una semana cuando decidí parar el reloj de la pelea. Hoy, tras la vuelta, paseo por el pueblo y veo las mismas caras que deambulan cada día por las aceras de mi vida. Son las doce de la noche, no tengo sueño. Mi mente piensa que todavía estoy paseando con mi mujer y mi hija a la luz de la luna.

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1 COMENTARIO

  1. De vuelta a la cruda realidad !

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