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De tiesos y parados

Ayer tomé café en el Maracaibo. Hacía tiempo que no me dejaba caer por allí y, la verdad sea dicha, echaba de menos a Martín, un joven de ochenta años y adicto al ABC. Tras saludar a Javier y echarme unas risas con Manuel, leí los titulares del Diario Información, un periódico de tirada provincial. Mientras lo leía, llegó Martín. Nada más vernos, con apretón de manos mediante, hablamos de política. Me dijo que había leído: "las torpezas de Sánchez", un post que escribí hace unas semanas en los pergaminos del Rincón. Facha hasta las cejas, hizo una defensa acalorada de Rajoy. Gracias a don Mariano – me decía – estamos saliendo del agujero; evitó el rescate y consiguió que España no fuera la nueva Grecia de Europa. Los "niñatos" – en referencia a Podemos – son políticos de libro. No saben lo que es cotizar a la Seguridad Social porque la mayoría no han trabajado; ni  saben – me decía – qué es montar una empresa porque todavía están en el nido de sus padres. Son aunque les cueste reconocerlo, la versión moderna de los comunistas de Carrillo. Martín, como pueden leer, no tiene pelos en la lengua. En ocasiones, queridísimos lectores, prefiero tirar la toalla que seguir discutiendo con alguien que utiliza la demagogia como arma arrojadiza.

Mientras hablaba con Martín recibí un wasap de Gregorio, un periodista político afincando en París. Quería saber mi opinión acerca de los últimos datos publicados por Eurostat. Según esta oficina, España se vuelve a situar como el segundo país con mayor tasa de paro (20.1%), por detrás de Grecia, y por encima de Croacia (14,6%), Portugal (12%) e Italia (11,7%). Como saben, la Hispania de Rajoy está a años luz del paro arrojado por la República Checa (4,1%), Alemania (4,2%) y Malta (4,3%). Y, para más inri, España atesora un 45% de paro juvenil; casi la mitad de nuestros jóvenes (16-25 años) se encuentra de brazos cruzados. Así los datos, estamos en el kilómetro cero de los últimos meses de Zapatero. Durante cuatro años, de recortes y asfixia a la clase media, el desempleo sigue siendo el quebradero de cabeza para más de cuatro millones de parados, según la última EPA. Detrás de estos millones, solamente el 8% son parados cualificados – titulados universitarios y de Formación Profesional -. El resto – la mayoría son parados sin estudios, o como diría mi primo, mano de obra poco cualificada y barata.

Aunque el mercado laboral está determinado por el libre juego de la oferta y la demanda, lo cierto y verdad es que a mayor cualificación, hay menos probabilidad de engrosar las filas del paro. Sin embargo, el gobierno de Rajoy no ha hecho lo suficiente para que el derecho a la educación sea ejercitado desde la igualdad. La reducción de la tasa de reposición del profesorado, el despido de miles de interinos, el aumento de la ratio en las aulas, el endurecimiento de las condiciones de beca, los recortes en el programa Erasmus, el incremento de las tasas de matrícula y el alto precio de los másteres son, entre otras, medidas que corroboran el deterioro de la calidad educativa. Si los tres millones y pico de parados sin estudios continúan buscando trabajo sin un reciclaje formativo, la búsqueda se convertirá en un pasatiempo diario con final desesperado. Así las cosas, queridísimo Gregorio, es necesario que el gobierno reinvente las políticas educativas. Es necesario que el carné de parado se convierta en una credencial para recibir descuentos en el importe de las matrículas, acceso a becas y créditos blandos, subvencionados por el Estado. La cartilla del paro debería servir de documento preferente para ocupar una silla en los paraninfos españoles. Con tales medidas – algunas de las cuales fueron puestas en práctica por Rodríguez Zapatero – el ejército de reserva avanzaría pasos de gigante en el campo de batalla.

A pesar de nuestra vergüenza en Europa – ¡somos los segundos de Eurostat! -, lo cierto y verdad, es que las afiliaciones a la Seguridad Social han subido en los últimos meses. Hemos bajado – en palabras de la ministra – la barrera psicológica de los cuatro millones de parados, y todo – según ella – por los frutos de la Reforma Laboral. Aunque el dato sea cierto, la interpretación del mismo tiene varias lecturas. En términos absolutos, el paro registrado ha descendido, ¡bravo! Ahora bien, el paro ha descendido, queridísimo Martín, a costa de contratos temporales e indefinidos a tiempo parcial, o dicho más claro, a costa de más precariado. Hemos caído tan bajo desde la Reforma de Báñez – en cuanto a derechos se refiere – que firmar un contrato se ha convertido en una hazaña, aunque éste sea una amalgama de cláusulas basura o, mejor dicho, "comida para hoy y hambre para mañana". Mientras no le demos la vuelta a la tortilla; mientras no firmemos contratos indefinidos y a tiempo completo, seguiremos sin salir del agujero. Un país con un precariado galopante se convierte en una patria sin futuro; en un país de "tiesos", palabra utilizada por la presidenta andaluza en referencia a su marido. Mientras los de arriba no se bajen de la parra y vivan como "tiesos", los de abajo seguiremos comiendo sus migajas; las mismas que comía el Lazarillo para sobrevivir entre capas y sotanas.

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