• Categorías

  • Suscríbete

    Escribe tu correo electrónico:

  • Comentarios recientes

  • Archivos

Entrada anterior
Entrada siguiente

Vencedores y vencidos

Con el titular "La política de Rajoy", don José María Marco – columnista de Marhuenda – elogia la labor del presidente al frente del Ejecutivo, y destaca la reforma de Báñez como factor determinante de las alegrías presentes. En la página tres, el editorial de La Razón, habla de "Promesa cumplida", en referencia al descenso del paro a tiempos de Zapatero, tal y como se comprometió don Mariano al llegar a La Moncloa. Es cierto, y sería de ingenuos negar la mayor, que los indicadores económicos son favorables en comparación con la legislatura anterior. Ahora bien, no todo son vuelcos de campanas en las basílicas de Paco. A pesar de que los organismos internacionales perciben claros indicios de cambio de ciclo en nuestra coyuntura económica, los indicadores de la desigualdad muestran datos nada halagüeños para nuestra estructura social. Llegados a este punto, cabe que nos preguntemos: ¿Estamos saliendo de la crisis? Sí, los datos lo corroboran. Ahora bien, ¿cómo estamos saliendo? Mal, muy mal. Muy mal, les decía, porque en la Hispania de Rajoy hay más brecha social que en los tiempos socialistas; porque en la España del Pepé hay menos derechos sociales que en tiempos de Zapatero y mal, porque la política del "decretazo" ha debilitado nuestro Estado de Derecho.

Es, precisamente, este indicador: "la posición de Podemos como tercera fuerza política del país", según el último barómetro del CIS, el que invita a la crítica a poner los puntos sobre las íes en las campanas de Marhuenda. La irrupción de Podemos muestra, para descontento de algunos, la indignación de una parte del país con las políticas del Ejecutivo. La salida de la crisis por la puerta neoliberal, o dicho en otros términos, la salida del agujero a costa de sacrificar y exprimir a los débiles sin alterar los privilegios de "los de arriba", explica el descenso del Pepé en la instantánea del CIS. Desde que Rajoy llegó a La Moncloa, la España social de ZP ha involucionado hacia tiempos olvidados. Así las cosas, hoy tenemos menos médicos, camas y enfermeros en los hospitales españoles; más impedimentos y zancadillas para acceder al sistema de ayudas y becas del Estado; menos oportunidades para ir al cine – por la subida abusiva del IVA -; menos oferta de empleo público; menos diálogo social con los agentes sindicales; más contratos temporales y parciales, o lo que es lo mismo, más papel mojado sobre las tablas laborales; más talento emigrante; más pensionistas con menos poder adquisitivo; menos profesores en el sistema educativo y, lo más triste de todo: más pobreza infantil por todos los rincones. Luego, ¿estamos saliendo de la crisis? Sí, pero a costa de la involución social, o lo que es lo mismo, del recorte de derechos y mordiscos al Estado del Bienestar por parte de don Mariano.

La "política de Rajoy", estimado columnista de Marhuenda, no ha sido otra que "quitar a los pobres para dárselo a los ricos"; todo lo contrario – en palabras del católico – que hizo San Francisco de Asís con los hambrientos de su época. Rajoy ha recortado, sin oír el llanto de miles de desahuciados; sin escuchar las penurias que se cuecen en las colas del paro; sin dialogar con los sindicatos la reforma laboral; sin sentir las olas de las mareas. Rajoy ha gobernado para los suyos – los adinerados de siempre- sin tener en cuenta que en su mayoría absoluta residen millones de votos provenientes del desencanto civil con las políticas de Zapatero. Son, precisamente, esos votantes de la izquierda, que en su día creyeron las promesas de Mariano, los que hoy sienten la culpa política por haber confiado en quienes solo barren para los suyos. Así las cosas, a pesar de que el paro desciende, los pronósticos del PIB suben y la prima baja hasta cifras razonables; el Partido Popular pierde fuelle en el último barómetro. Lo pierde, estimados camaradas, porque existe un abismo entre los números macroeconómicos y las angustias de la gente. Lo pierde, y perdonen la redundancia, porque las políticas neoliberales son las responsables de que el pobre sea cada día más pobre y el rico cada día más rico. Por ello, los electores aplauden el discurso de Podemos. Un discurso populista por sus propuestas pero, al fin y al cabo deseado, por una mayoría de nuevos pobres desclasados de su estatus por "la política de Rajoy". 

En días como hoy es normal que partidos como Podemos saquen los dientes a los clásicos de siempre. Es normal, queridos lectores y lectoras, porque tanto el PP como el PSOE han viajado juntos por las sendas merkelianas. Ambos partidos han sido títeres políticos movidos por los hilos de Ángela. No olvidemos, que Zapatero fue el primero que giró a la derecha y dejó en la "cuneta" a millones de sus votantes que vieron en él al neoliberal de la izquierda. Ahora, en los tiempos que corren, mucho se tendrá que esforzar Pedro Sánchez para convencer a los suyos de que él no es, ni por asomo, una copia más de sus antecedentes políticos. Para resucitar a su partido tendrá que apelar al "voto útil" y a "la historia de sus siglas" como armas arrojadizas contra los sables de Podemos. Es importante destacar que el último barómetro del CIS se hizo al calor de las elecciones europeas; antes de que Pedro Sánchez fuera elegido Secretario General del partido socialista y, antes de que el paro descendiera a tiempos de Zapatero.

Deja un comentario

2 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo, muy bien desarrollado.
    Efectivamente, la encuesta del CIS no ha tenido en cuenta el efecto “PS” !

    Saludos
    Mark de Zabaleta

    Responder
  2. El de cano

     /  14 agosto, 2014

    Para gobernar, como para impartir docencia, practicar un trasplante o pintar un cuadro, hay que saber, hay que tener conocimientos porque también gobernar es un arte. A este condicionante básico tenemos que añadir el hecho que para acceder a un puesto de gobierno se necesitan una serie de cualidades cuyo máximo exponente es la condición natural de líder.

    Si pensamos ahora en nuestro país, tanto en el presidente del gobierno como en algunos de los representantes máximos de los partidos, que no líderes, no nos deben extrañar los resultados de la encuesta del CIS. La mayoría de ellos ni sabe ni goza de la condición de ser un líder natural. Ha bastado que venga alguien con conocimientos para manejar la situación y, aunque de forma populista, diga y haga lo necesario para arrasar en unas elecciones

    Nuestro presidente de gobierno parece basar su comportamiento en su propia jerarquía. A imagen y semejanza de cómo lo hace su propio gobierno y su partido con el parlamento y el país entero, hace de su autoridad el centro de toda la vida política, decide el rumbo, limita la participación de sus colaboradores, y a estos otorga su complacencia, su preferencia y sus favores siempre que le muestren su vasallaje. Esta corte se enriquece, mientras que los gobernados ven mermar sus derechos y economías.
    Este tipo de liderazgo no es otra cosa que una relación de conveniencia, sumisión, extorsión y chantaje que permite todo tipo de corrupción bajo la ciega tutela del gobernante.

    Responder

Deja un comentario