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Palabras huecas

La credibilidad y la política, en palabras de Jacinta, dependen de la coherencia establecida entre hechos y palabras. Sin dicha correspondencia, el mensaje de las élites se convierte en retórica barata para el ideario colectivo. El buen orador, cuánta razón tenía el sociólogo de Chicago, es aquel que escribe los discursos con las fuentes en la mano. La ilustración del mensaje es la condición necesaria para otorgar veracidad a las palabras del elegido. Sin datos estadísticos, citas bibliográficas y referencias legales; las palabras de la tribuna pierden la razón para persuadir y modificar las conductas ciudadanas. En días como hoy, la "clase política" de este país ha convertido la oratoria del ayer en un instrumento de verborrea infantil al servicio del clientelismo mediático de algunos. Un instrumento orquestado por intereses partidistas con el objeto de ganar tiempo en los sillones de La Moncloa.

Las palabras de Montoro – "los salarios están creciendo moderadamente en el 2013" – ilustran, con creces, la crítica que denunciamos en el párrafo de arriba. Es precisamente, esta falta de rigor y profesionalidad por parte del ministro, la que sitúa su discurso a la altura del betún en los pupitres de Sócrates. Lo sitúa a la altura del betún, como diría el escudero del Quijote, porque con la EPA en una mano y, en la otra, la Contabilidad Nacional, las palabras de Cristóbal están desprovistas de empírica que las proteja. Según la última tabla del INE: la caída del coste salarial es del 0.6% en el último trimestre del año. Según Eurostat, los costes laborales han aumentando en toda Europa, excepto en España y, finalmente, como último contraejemplo a la torpeza de Montoro: la Contabilidad Nacional registra una caída de la remuneración salarial en un 5%. Así las cosas, no es extraño que el próximo barómetro del CIS destaque, para asombro de algunos, el malestar de la Sociedad Civil con “la falta de credibilidad" de la élite ministerial.

A punto de rozar el ecuador de la legislatura, el inquilino de la Moncloa comienza a mostrar los mismos espejismos que padeció Zapatero en los últimos meses de su mandato. La quijotización de Rajoy, aludida en más de una ocasión en los renglones de la Crítica, pone en evidencia la desesperación de la derecha por hallar brotes verdes en los suelos agrietados. Brotes verdes, decía, en forma de datos irrisorios como los famosos "31 desempleados menos registrados en agosto" en contraste con los 25.572 parados más, arrojados por el antiguo INEM, en la remesa de septiembre. Brotes verdes, decía, en forma de contradicción entre las "fantasías" de Mariano y la "prudencia" de Lagarde. Mientras el líder de la Derecha augura un crecimiento del 0.7% para el 2014, el FMI, por su parte, lo estima en un 0.2%. Mientras Rajoy pronostica una Tasa de Paro del 25.9% para el próximo año, el organismo de Chistine lo estipula en un 26.7%. Son precisamente estas desviaciones entre las voces internacionales y los ecos nacionales, los que sitúan a la Hispania de Rajoy en una posición de desconfianza e indignación ante las señales de las élites.

El mito de los partidos, en palabras del leopardo, se erosiona, día tras día, por el goteo constante de corruptelas y zancadillas sobre el techo de sus siglas. Tanto el PP como el PSOE – tanto monta, monta tanto – están sacudidos por la mancha de la corrupción y las pugnas por el cetro. Sendos elementos – corrupción y zancadillas –   han roto la cohesión necesaria para salvaguardar la cultura de partido. La falta de liderazgo en ambas orillas ideológicas y los problemas internos – Caso Bárcenas y  EREs andaluces – siembra de espinas la llamas de la participación en las próximas generales. A día de hoy, cuánta razón tenía Gregorio, se ha roto el respeto por los organigramas de partido. Si en el PP era y, es, Esperanza Aguirre la que metía y, mete, “sus narices" en la agenda de Rajoy, ahora es Susana Díaz – la Esperanza del PSOE – la que mete las suyas en la agenda de Rubalcaba. Las mete, decía, por su reciente encuentro con Rajoy para hablar, largo y tendido, sobre un "Plan Nacional de Choque contra la Corrupción". Encuentro producido, justo en el momento en que su jefe de partido – Alfredo – tiene cortadas, desde el verano, las comunicaciones con don Mariano. Las tiene, decía,  por la supuesta connivencia de éste con Alberto Bárcenas, el preso del PP.

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