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Vuelos baratos

El aroma a café se mezclaba con  la atenta mirada de los desaparecidos. En aquel salón de los años republicanos, la familia de Inés discutía sin reloj hasta altas horas de la madrugada. A la luz del televisor, las palabras de Santiago luchaban por ganar la batalla a los argumentos de Jacinto. Las vocales de la economía – decía el catedrático, mientras movía lentamente el "recolado" de sus manos – son tan sencillas, que hasta un niño de cinco es capaz de comprender los mandamientos más elementales. El primero de todos: mientras estés trabajando nunca tendrás tiempo para ganar dinero. El segundo: cuando pidas un préstamo, ten siempre presente, que devolverás con intereses hasta el último duro prestado. El tercero; nadie da duros por pesetas y, finalmente – y no por ello menos importante-, en época de vacas gordas vive siempre por debajo de tus posibilidades. 

Hoy, setenta y tres años más tarde de aquellas ilustres tertulias. Don Jacinto habla para sus nietos, como si lo hiciese aquel joven profesor, de sombrero y abrigo, del claustro de Salamanca. España – declara el viejo maestro, ante la atenta mirada de Susana -será en  tiempos no muy lejanos: un Ryanair lleno de chinches que pide auxilio para aterrizar con urgencia, ante la falta de combustible. Sin mascarillas suficientes, y con los aseos insalubres por la falta de limpieza. La tripulación llora de espanto por no haber aprendido el tercer mandamiento del amigo Santiago. La austeridad – continúa Jacinto –  sin las garantías mínimas de seguridad y bienestar social, se convierte en un arma de doble filo que termina por cortar las alas a eso que hoy llaman los eruditos "Neocapitalismo". Es tanto el "canibalismo actual"  por comer clientes al adversario de la selva, que volar se ha convertido en un turismo de aventura para el bolsillo de algunos.

Con el gallego en la Moncloa – continuaba Jacinto, mientras degustaba el Camembert que le había regalado Susana -, pasaremos como leones de circo por los aros de Draghi. El freno ideológico del otro – se refiere a Zapatero – hubiese servido para aguantar los caballos ante las tempestades de los mercados. Al final, querida nieta, los débiles – aquellos del primer mandamiento de tu tío Santiago -, son los que tarde o temprano terminan por caer en los precipicios del paro. Las escalas de tiempo son, hoy en día, las que marcan las diferencias entre las corbatas de la derecha y los "monos" de la izquierda. Mientras los "rojos" defienden la fórmula: más gobierno y menos mercado. Los "azules", por su parte, buscan en lo privado, la salvación para lo público. Este tándem entre público y privado es la brecha que nunca cicatrizará, mientras existan los clientelismos de partido. El proletariado, decía el comunista, tendrá que dar un golpe en la mesa si no quiere comer las migajas de los otros.

En mis años de emigrante – seguía Jacinto, mientras miraba la foto amarillenta de Inés – vivíamos hacinados en los suburbios de París. En casas insalubres como los aseos de Ryanair. En esos tiempos de miseria y, sin saber las cuatro reglas básicas del idioma, trabajábamos de sol a sol para vivir mejor el día de mañana. Esa mentalidad, basada en la sostenibilidad futura, se ha evaporado, hoy en día, en las tierras de Hollande. Las prisas del instante, sin sacrificar para mañana el último euro de la cartera, es el cuarto mandamiento incumplido de mi hermano Santiago. Aún – exclamó Jacinto – huelo el aroma a café de aquellos años republicanos, cuando en las facultades de este país se enseñaba algo más que economía.

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