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Frustración

En los foros psicológicos del coaching está de moda el  término "verde". Estar verde, dicen los expertos de la llama, significa para la felicidad de los mortales; tener más proyectos pendientes que recuerdos inacabados. Dicho en otros términos, ostentar un saldo a favor entre los balances positivos de la acción y las aguas estancadas de la teoría. El animal social, en palabras de Aristóteles, necesita el calor de los otros para subir al segundo peldaño de los rangos "maslowianos". Cuando se pierde la esperanza. El átomo vital se separa de sus lazos moleculares y entra, como un elefante en cacharrería, en los callejones oscuros del pesimismo presente. El vaso medio vacío, dirían los Gestalt, eclipsa nuestros proyectos y nos convierte en meros espectadores de una escena marcada por la ineptitud de sus guionistas.

La voluntad sin optimismo se convierte en un motor de hojalata retrógrada, al que le cuesta prender una chispa en las frías mañanas de enero. Esta falta de esperanza civil en las praxis institucionales, es el veneno suicida que se propaga por los capilares de un organismo enfermo llamado capitalismo. La falta de recetas económicas y la mirada atrás a los males del ahora; sitúan a los problemas presentes en una ecuación mal planteada, donde la comprobación de sus incógnitas termina por erosionar el tiempo malgastado. La España de los cangrejos – como diría Charles Dickens, si levantara la cabeza – ha ido acelerando por la senda de la derecha la marcha atrás hacia las calzadas del conservadurismo.

La pérdida de fe en las élites políticas ha desnudado el misticismo existente entre las orillas de las butacas y las tablas del escenario. Hoy el espectador de la tragedia ha perdido la energía de sus falanges para aplaudir las muecas de los bufones cortesanos. La frustración social por la incapacidad de los mandatarios en resolver los problemas a los electores ha abierto los pasillos de la ira en los asfaltos urbanos. El grito del funcionario y el llanto del parado no curan el dolor de las heridas mientras no recuperemos la confianza en la razón de los otros.

Con Rajoy a punto de ser defenestrado por las presiones urbanas, y  el PSOE convaleciente de la bofetada electoralista. Es momento de buscar a toda prisa, líderes intelectuales que vuelvan a encender una nueva chispa en los cirios de la sociedad frustrada.

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