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Tiempos de Hollande

La victoria de François abre un nuevo ciclo político en los campos Elíseos de París. La Francia de Mitterrand mira a Hollande como las tijeras que cortarán las alas a las políticas de austeridad. En días como hoy, el beso de Merkel al ex de Ségolène Royal, sonará como un crujir de dientes en los fríos inviernos de Berlín. Las encuestas tenían razón, la ciencia sociológica se ha vestido de largo y el sesgo de Le Pen no ha tirado por la borda las expectativas del delfín.

El giro a la izquierda iniciado en las turbinas de la Bastilla servirá de contrafuerte al imperio germano para impedir su expansión a costa de la desmantelación del Estado del Bienestar occidental. Hoy, sin duda alguna, es un mal día para la canciller. El "ejemplo español" – en palabras electoralistas de Nicolas – no ha surtido el efecto deseado para frenar a los caballos galos del plebeyo. Llora la derecha francesa la pérdida de su cetro por el sable socialista de la igualdad. Hoy la mancha roja en el noroeste de Europa cambia los trazos desgastados del dibujo "merkozy" por los contrastes de "merkollande".

En tiempos de Hollande, la izquierda de Rajoy mira con entusiasmo la luz que se enciende en el fondo del túnel neoliberal. Los hilos de arriba ya no serán manejados por el imperio de los mercados. El Estado como problema vuelve a vislumbrase como solución. El discurso del crecimiento en contraste con las políticas de austeridad será la dialéctica que mueva los nuevos engranajes de una maquinaria oxidada llamada Europa.

La política fiscal debería limar las fricciones en los rodillos chirriantes de Alemania. Los presencia de Hollande en la mesa de Bruselas servirá para que el discurso liberal gane en flexibilidad en el ordeno y mando de Ángela. Hoy el péndulo histórico ha vuelto a rodar. La Francia de François – con el 51,62% de la tarta electoral –  será la primera piedra para construir una Europa con tintes progresitas que hagan compatibles las semillas de la austeridad con los frutos del crecimiento.

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