Tras la convocatoria de elecciones, recibí un mensaje de Gabriel, un periodista afincado en París. Me preguntaba sobre el dilema electoral de cara al 29 de noviembre. Me decía que le consultó a la IA. Quería escribir una pieza sobre nuestra coyuntura política. Según la IA, <<A excepción del CIS, el rasgo común de todos los sondeos es que el PP y Vox obtendrían la victoria de escaños con una holgada mayoría absoluta>>. Este correo lo recibí días antes del fallecimiento de Maricarmen. A un mes y medio para la cita electoral, la única encuesta válida es el resultado que arrojen las urnas. La "invasión de Ceuta", la corrupción en el seno del partido socialista, el desgaste del gobierno y la ruptura con Junts son, entre otros, puntos que explican la posible derrota electoral. Según los últimos sondeos, la alianza entre Vox y PP sumarían más de 176 de escaños. Sin embargo, por separado, ninguno de los dos alcanzaría el cetro de La Moncloa.
Los posibles votos que el partido de Abascal pesque en el río del PP no alteran a la suma de las partes. Un posible prepacto entre las derechas arrojaría un juego de suma cero. Lo que pierde uno, lo gana el otro y viceversa. Las derechas, como dirían en mi pueblo, "han tocado techo". Sin embargo, el PSOE solo ganaría en caso de que obtuviese una victoria holgada en el prado de la izquierda. No olvidemos que Pedro gobierna gracias a una investidura, apoyada por fuerzas nacionalistas tanto de derechas como de izquierdas. Rota la pata de la derecha, el PSOE necesita atesorar un número suficiente de votos progresistas para que la "mesa" se sostenga. Y ahí es donde reside la estrategia electoral. Todo pasa por crear una unión izquierdista que frene el carro engrasado de las fuerzas conservadoras. Esa unión necesita, a su vez, movilizar a quienes pueden, pero no votan el día de las urnas. Y entre esos que "pueden, pero no quieren" hay un suculento pastel de afectados por la vivienda e identificados con Maricarmen. el "voto Maricarmen" es el que decidirá, en última hora, quién será el nuevo presidente del gobierno.
La movilización de las "Maricármenes" pasa por el uso de la razón instrumental. La aprobación de los nuevos decretos de alquiler, tras el "no" de las derechas, abre un dilema electoral que beneficia a la izquierda. Miles de ciudadanos, jóvenes y no tan jóvenes, deberán sopesar los riesgos que implica la abstención. Una posible alianza de las derechas implicaría una derogación inmediata de lo aprobado por el sanchismo. El "miedo a lo desconocido" puede activar, de alguna manera, la movilización de la izquierda. Estamos ante una balanza de costes y oportunidades. El coste de "no votar" es mayor que la oportunidad de votar para no perder lo conseguido. El PSOE deberá impedir, a toda costa, que el PP desmonte esa tesitura. Y para ello, centrará toda la campaña en un monotema que será, sin duda alguna, el tema de la vivienda. Sánchez activará el "miedo a la derecha". Miedo a una derecha, de corte americano, que defiende a ultranza el mercado en detrimento del Estado. Una derecha que pone en marcha la maquinaria de los recortes como en los tiempos marianistas. Y una derecha que tree, en la mochila, más desigualdad social y adelgazamiento de la clase media. Atentos.









