Ayer, cuando leí que había fallecido Maricarmen, me vino a la mente la imagen de una anciana desahuciada, sin piedad, por un fondo buitre. Entendí que el mercado es cruel y salvaje. No se tuvo en cuenta ni su edad ni su estado de salud. Lo único que importó fue el valor actual de su alquiler. Ante ello, el gobierno de Pedro Sánchez presentó dos decretos que fueron tumbados por las derechas (PP, VOX y Junts). Las derechas dijeron "no" a los "decretos Maricarmen". Y dijeron que no, ¡maldita sea!, porque barrían más para los inquilinos que para los rentistas y/o caseros. No, entre otros intereses, porque en su río abundan estos últimos. Y no porque es "políticamente incorrecto" ir contra la mano que te da de comer. Este desplante hacia los inquilinos quebrantó la confianza de Sánchez con sus socios de gobierno. Y acto seguido, por sentido común, el presidente convocó elecciones generales. Unas elecciones que algunos vislumbran como el fin del sanchismo y la llegada del feijóonismo.
Aun así, Sánchez ha aprobado los Reales Decretos modificados y lo ha hecho mediante el poder legislativo que le otorga la Constitución en casos de urgente, y extraordinaria, necesidad. Dos decretos que serán sometidos a la Diputación Permanente para su tramitación como ley ordinaria. Mientras tanto, Ayuso incita a los suyos a que "no voten por correo" y anuncia "Íntimo", un libro sobre su persona. Estamos, pues, ante dos cortinas de humo para que los acampados desacampen y el tema de la vivienda no sea el buque insignia de la campaña. Pero, fatalidades del destino, Maricarmen ha fallecido. Ha fallecido la mujer que simboliza la sinrazón de la vivienda. Fallece la anciana que fue desahuciada de forma inhumana ante la mirada de millones de rentistas y caseros. Hoy, la derecha, arremete contra Pedro y su pasividad en política de viviendas. Y lo hace, queridísimos amigos, tras vetar algo bueno para quienes, por cuestiones de precio, se ven obligados a vivir de alquiler. Jóvenes y, no tan jóvenes, que destinan más del sesenta por ciento de su salario al pago del alquiler.
Feijóo ha prometido la construcción de más de un millón de viviendas. Esta promesa, que categorizo como populista y electoralista, encierra – para los entendidos en la materia – errores de calado. La política de vivienda es competencia del Estado, de las Comunidades Autónomas, de los ayuntamientos y de la iniciativa privada. No, el Gobierno no puede, aunque quiera, construir la friolera de un millón de viviendas sin pasar por la complejidad de las administraciones autonómicas y locales. Sánchez, sin embargo, ha ofrecido préstamos de 50.000 euros sin intereses para la entrada de la vivienda. Una medida real y posible por parte del gobierno. A pocas semanas para unas elecciones generales, la muerte de Maricarmen pone en valor una reflexión profunda sobre la dignidad humana. Y sobre dignidad deben versar las próximas elecciones. Más allá de la quiniela electoral y la calculadora parlamentaria, España debe decidir entre razón y salvajismo. Debe tomar conciencia de lo importante que es la política para estructurar lo cotidiano. Un mal paso puede arruinar el destino al mejor de los viajeros.









