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Lo que la verdad esconde

El miedo es, entre otros, un rasgo distintivo de las dictaduras. Me contaba Jacinto, un octogenario de mi pueblo, que en tiempos de Franco, por las calles de Torrevieja había correveidiles del Régimen. La prensa era un instrumento de propaganda política para difundir las "glorias" del generalísimo. La gente vivía con grapas en la boca ante el temor a ser encarcelados. Era una sociedad dócil y pasiva; falsa de puertas para afuera y sincera de cerrojos para adentro. Con la llegada de la democracia, el periodismo salió de su silencio para convertirse en una prensa de partidos. Cada cabecera dibujó su nicho de mercado; de tal forma que los lectores de periódico se convirtieron en átomos ideológicos. Tanto es así, que los lectores de Marhuenda – por poner un ejemplo – nunca leerían El Plural de Sopena. El día que esto suceda, estaremos ante un periodismo al unísono como existe en los países anglosajones.

Desde los tiempos de Suárez, el modelo periodístico refleja los discursos del multipartidismo galopante. En días como hoy tenemos una prensa dividida entre la izquierda y la derecha. Una prensa ajena a los prismas filosóficos y cercana a las corrientes emocionales. Aunque la información sea veraz – faltaría más -, su interpretación es acorde con el perfil ideológico de los consumidores. Si hiciéramos una investigación rigurosa, sobre periodistas despedidos por "traicionar" a sus líneas editoriales, comprobaríamos que todavía existen los rombos y cerrojos de los tiempos caudillistas. Es por ello, queridísimos lectores, por lo que no escribo para nadie. Prefiero ser pobre y honesto que no falso y con dinero. Lo prefiero porque, en mi escala de valores, la libertad está por encima del dinero. Aquí en mi blog, aunque lo lean "cuatro gatos", escribo lo que quiero. Escribo, como les digo, sin necesidad de que mis escritos, obtengan el visto bueno de jefes de sección, redacción y todo el cuadro junto.

Las supuestas amenazas de Podemos a periodistas críticos con su discurso, pone en evidencia las miserias del sistema. La crítica, aunque sea incómoda para las élites, es necesaria en democracia. El periodista tiene el deber de controlar al poder; de decir lo que los demás no se atreven a decir. Si existiera una prensa libre, plural e independiente; otro gallo cantaría en los patios de la corrupción y el clientelismo. La APM ha denunciado, a medias tintas, presuntas amenazas sin nombre ni apellidos. Ha tirado, como dicen en mi pueblo, la piedra y escondido la mano. Lo ha hecho así, queridísimos lectores, por el miedo que hay detrás de los denunciantes; jóvenes periodistas recién salidos de la Facultad. Es importante, por salud democrática, que tales afectados salgan del anonimato. Es importante que pongan las pruebas sobre la mesa aunque les cueste su trabajo. Gracias a ese gesto de valentía, sabremos lo que la verdad esconde tras la cortina de Podemos.

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