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Horas muertas

Cada día estoy más harto de las redes sociales. Durante los últimos meses, he publicado, de forma frecuente, en Facebook y Twitter. Lo he hecho por cuestiones de visibilidad o, como dicen en mi pueblo, para estar vivo en los barrios del más allá. A partir de hoy, he decidido desparecer del combate. He decidido escribir solo en mi blog, sin preocuparme lo más mínimo de la repercusión social de mis escritos. Necesito apartarme del ruido; salirme del estruendo que invade la vida de millones de mortales. Un estruendo que secuestra el tiempo de quienes se consideran leones en las selvas digitales. Esta mañana, sin ir más lejos, he hablado sobre el tema con Jacinto, un viejo conocido del Capri. Me decía este noctámbulo de los bares, y amigo de mujeres a deshoras, que su móvil es un Nokia de los tiempos aznarianos. Un móvil sin Internet, de esos que usan los abuelos y nostálgicos del franquismo.

Estamos, en palabras del filósofo, ante un paisaje de cabizbajos; de seres que deambulan por el metro, como si fueran soldados derrotados en las tierras de Siberia. Las redes sociales, en muchos casos, son adictivas. Lo son porque en ellas, muchos encuentran el "psicólogo" que les falta en la sequedad de sus vidas. Encuentran, el reconocimiento que necesitan para sentirse importantes de puertas para adentro. Hace meses, os comenté que El Capri se había convertido en un bar de "sordomudos digitales"; un lugar donde el teléfono móvil ha sustituido la tertulia inteligente de los tiempos galdosianos. Ahora, el café se bebe acompañado de emoticonos y toques de wasap. Me comentaba Gregorio – el marido de Carmela – que su hijo, de quince, se pasa las horas muertas enganchado al wasap. Me decía, que su Manuel no puede vivir sin el móvil. No puede porque cuando se lo prohíbe, reproduce los mismos síntomas que sufren los drogadictos cuando les falta la cocaína. Es una pena que los artefactos del presente sean el tabaco de los tiempos de mi abuela.

El móvil se ha convertido en un contaminante para la salud de los diálogos. El móvil enfrenta cada día a parejas en los sofás de sus casas; a profesores y alumnos en las aulas y recreos. Y, a patronos y empleados en oficinas y despachos. Las redes sociales, por su parte, han prostituido nuestras vidas. Gracias a ellas, sabemos lo que se cuece en los fogones del otro; algo negativo para el Derecho a la Intimidad. Un derecho reconocido en nuestra Constitución, y que cada día está menos considerado en los suburbios de Internet. Las redes sociales insuflan el ego de millones de anónimos reales. Millones de personas que, antes de las mismas, deambulaban invisibles por la senda de sus vidas. Es, precisamente, la figura de Narciso, la que se refleja en el lago de las redes. Una fiebre narcisista que contagia las estimas; sin distinguir edad, sexo o posición social. Tanto es así que políticos como Trump utilizan Twitter – un medio global – para fines nacionalistas.

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3 COMENTARIOS

  1. Víctor Carrión

     /  22 Febrero, 2017

    Estinado amigo. Yo nací en la época del radio. Sin embargo uso computador o como ustedes suelen decir ordenador. En el 2013 abrí una cuenta en facebook- sisifo.elperropersona – pero recién hoy la comencé a usar. Comprendo tu fustración y pese a ello te invito a visitarla. Esto al final del día es un mal necesario.

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  2. Juan José Aguirre Azaña

     /  23 Febrero, 2017

    Las redes sociales son como el vino: si tomas una copa durante la comida, sienta bien. Si bebes sin moderación, pierdes la noción de la realidad…. y te jodes el hígado.

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  3. Estimado Abel, sigo puntual tus entradas a través del email, una excepción, pues el resto de información la consigo a través de Twitter sobretodo y a veces de Facebook. Me he sentido muy identificado con la descripción que das del adicto a redes sociales, aunque cada uno tenemos nuestra idiosincrasia, nuestros factores personales. Yo en particular me siento más culpable probablemente que el común twitero, whatsapero o facebookero, porque desde el principio he sido consciente de su naturaleza adictiva. Pero hay más, con el tiempo me he dado cuenta que el adjetivo "social" de las redes es curiosamente erróneo, porque el efecto a largo plazo de estas redes es la desintegración social. Si bien algunas causas y luchas pueden ser potenciadas en las redes, eso no garantiza que se conviertan en acciones reales en la calle. Tuve mi tiempo de hacktivista en grupos organizados online, tras dos años lo dejé, frustrado por la falta de acción y por la gran pérdida de horas muertas que sustraje de mi pobre familia. Y Además me alejé de mis amigos de toda la vida, esos que realmente cuentan. Pero todavía hay más, llegó un momento en que me di cuenta de las repercusiones profundas de las redes sociales y del más que posible origen y función de éstas. No me cabe duda de que coincidirás conmigo en que el Neoliberalismo, la extensión moderna del Capitalismo, ha avanzado sin apenas oposición en los últimos años, y a nivel global. Qué casualidad que al mismo tiempo hayan avanzado también a nivel global, la redes sociales. Es entonces cuando aún te sientes mas culpable, cuando te sientes como un peón más de entre miles de millones trabajando para afianzar ese Neoliberalismo, que representa justamente lo que representan las redes, individualismo, competitividad, agresividad, machismo, sectarismo, materialismo, inmediatez… Yo también tengo un blog, pero es un mundo aparte, si alguien te lee, la respuesta o reacción es mucho más lenta, y sientes como si escribieras para nadie, eres el paria de internet. Pese a todo, escribir en mi blog me ofrece sensaciones diferentes, a pesar de sentirte sólo, en realidad te sientes único, como buen ser humano que eres, y no parte de una horda en la que parecerse a los demás, los likes, es el objetivo fundamental. Gracias de nuevo por la entrada y el blog, voy a ver si escribo algo en el mío. Saludos

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