Hablemos de Madrid

El otro día, Cristina Pardo entrevistaba a Toni Canto. Lo entrevistaba con ocasión de su expulsión de la lista electoral. Al parecer, el actor no cumplía con los requisitos exigidos para figurar en el catálogo del Pepé. En su comparencia, Toni justificó, de alguna manera, su mudanza política. Se proclamó como fiel defensor de la señora Ayuso y lanzó un dardo contra Pedro.  Dijo que Sánchez había sido, y es, "el peor gestor del mundo", en referencia a la pandemia. Y lo dijo, queridísimos lectores, sin alusión a ninguna fuente que lo avalara. No habló de los intereses de los madrileños sino de la cruzada abierta entre Yolanda Díaz Ayuso y Pedro Sánchez. Una cruzada que enmascara los problemas de Madrid. Y una cruzada que nos recuerda a la popularidad exacerbada de la señora Aguirre frente a Rajoy. Existe, desde hace décadas, una inquietud ingenua por Madrid. Parece como si los resultados de la capital fueran la antesala de las próximas generales.

Una técnica de investigación política es la política comparada. Se toman dos acontecimientos históricos, dos líderes o dos espacios geográficos y se establecen similitudes y diferencias. Tales paralelismos sirven al politólogo para predecir escenarios futuros. Esta técnica, como todas las que se emplean en ciencias sociales, tiene sus riesgos. Y sus riesgos no son otros que la pericia del investigador y las circunstancias de fondo. Por mucho que comparemos la Revolución Rusa con la francesa hay líneas infranqueables. Entre ellas, la distancia temporal de los acontecimientos, los actores sociales del momento y los cambios culturales. Tras el informe que resulte de tal comparación, el investigador deberá anotar, en distintos pies de páginas, los sesgos de su estudio. Algo parecido pasa cuando comparamos las elecciones autonómicas con las generales. Los intereses de una comunidad no siempre coinciden con los nacionales. Dentro de cada región coexisten problemas locales con nacionales. Y esa interacción explica las oscilaciones electorales entre una cita electoral y otra.

Por ello, Madrid es Madrid. Y lo que se decide el 4 de mayo no es otra cosa que un gobierno que gestione los intereses de los madrileños. Por ello, que Sánchez sea, o no, "el peor gestor del mundo", en palabras de Cantó, no debería ser un condicionante para los intereses de una Comunidad Autónoma. Y no debería, queridísimos señores, porque Sánchez no gestiona – de forma directa – los recursos madrileños. Por ello, Ayuso, Gabilondo y los demás líderes autonómicos deberían hablar de Madrid. Hablar de cómo gestionarán, en los próximos cuatro años, las competencias transferidas. No tiene sentido que RTVE emita un debate electoral entre los candidatos madrileños. RTVE sirve al interés general. Es un ente supraautonómico cuya agenda setting no se debería salir del interés nacional. Y este no es otro que los temas transversales e interautonómicos. Hablar de Madrid en RTVE sitúa el debate autonómico en clave nacional. Una clave que maquilla los intereses regionales, suscita agravios comparativos con otras CCAA y sirve de medidor interno para la toma de decisiones dentro de los aparatos.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: “Desde la Crítica” y “El Pensamiento Atrapado”. [email protected]

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