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Trump, las claves de la derrota

Esta semana, he recibido varios correos de periodistas americanos. Periodistas, críticos con el Gobierno de Trump y escépticos ante la victoria de Biden. Me comentaban que Platón tenía razón. Y la tenía porque entre democracia, oligarquía y aristocracia, en Estados Unidos debería instaurarse un Gobierno de los mejores. Un Gobierno, liderado por personas capaces de realizar el ascenso dialéctico y conocer la idea de Bien. En Estados Unidos – me decía Javier, un politólogo español afincado en Florida – abunda la sospecha. Abunda una sospecha colectiva a perder el estatus social. Existe un temor generalizado al descenso de clase. Y ese miedo explicaría, de alguna manera, porque el discurso de Joe Biden no moviliza tanto como el "Yes we can" de Obama. Obama apeló al sueño americano. Apeló a la posibilidad del ascenso social. Un ascenso posible gracias al incremento del Estado en detrimento del mercado. Un ascenso, como les digo, mediante la apuesta por políticas sociales como el Obamacare.

Los efectos colaterales de las políticas socialdemócratas fueron el tendón de Aquiles de Obama. La afluencia de nuevos ricos supuso una "amenaza" para el establishment americano. Una amenaza, en forma de nuevos competidores en los mercados locales, que activó nuevos mecanismos de defensa. El temor de "los de arriba" a "los de abajo" trajo consigo envidias y odios similares a las luchas europeas entre nobles y burgueses. Trump se convirtió en un viejo "restaurador de monarquías olvidadas". Se convirtió en el freno que evitaba el descenso social. Un freno fabricado con un discurso de tintes populistas y sombras xenófobas. El relato del muro mexicano caló, y mucho, sobre quienes temían a "los nuevos ricos de Obama". Esos mismos, afincados – en su mayoría – en la América vaciada votaron a Trump. Hoy, cuatro años más tarde, la socialdemocracia vuelve a los aposentos de la Casablanca. Y vuelve porque Joe Biden ha conseguido movilizar a los demócratas y parte de los republicanos. 

Si analizamos los datos, las papeletas de Trump provienen de la clase conservadora, rural y sin estudios. Un electorado, como saben, fiel, e incondicional, que vota al partido por encima del candidato. Por su parte, las papeletas de Biden provienen del electorado socialdemócrata, urbano y con estudios. De un electorado nostálgico de los tiempos de Obama. Y de un electorado que vota contra el candidato conservador por encima de sus mimbres ideológicos. Ese electorado, escarmentado y harto del trumpismo, justifica el triunfo de Biden. Aparte del "voto antipático", aquel destinado al desalojo de Donald de la Casablanca, hay que destacar el efecto coronavirus. La negación de la pandemia, la pésima gestión del sistema sanitario y la minusvaloración de las medidas preventivas – mascarillas, hidrogeles y distancia de seguridad – ha contribuido, y mucho, a la derrota de Trump. Un virus – el Covid-19 – que ha supuesto el recuerdo de la Obamacare y la necesidad del Estado en momentos de urgencia social. Hoy, América está dividida. Dividida entre quienes aplauden a su ganador y quienes niegan la legitimidad de esos aplausos.

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2 COMENTARIOS

  1. Juan Antonio

     /  7 noviembre, 2020

    Hubo que movilizar a muchísimos americanos para desbancar a Trump, porque no olvidemos que tiene mas votos de cuando fue investido. Y eso se reflejará en Europa, donde cada vez hay mas adeptos a la causa de trumpista, en cuanto la izquierda se desmovilice caeremos en las garras de estos populistas neoliberales.

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  2. La forma de agitar, de Trump, a sus partidarios es bastante peligrosa, puede ser hasta fatal. Llamar a manifestarse a casi la mitad de la población, bajo el lema “nos han robado”. A una ciudadanía con cuatrocientos millones de armas de fuego, más de una por habitante, creo que es muy, pero muy peligroso

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: “Desde la Crítica” y “El Pensamiento Atrapado”. [email protected]

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