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De Galicia y elecciones

Ayer, recibí un correo de Fermín, un periodista afincado en Santiago. Lector del blog, desde hace más de cinco años, me preguntaba acerca de las elecciones gallegas. Y me lo preguntaba, como les digo, por un titular que leyó, el otro día, en los pergaminos de ABC. Según rezaba: "Casado confía en que la victoria de Galicia lo impulse a La Moncloa". Tras leer su correo, bajé al Capri a tomar un café. Necesitaba, la verdad sea dicha, saludar a Peter y a Jacinto, un colega de la infancia. Allí, sentado en el taburete, leí el periódico de la barra. Al parecer, las encuestas vaticinan una clara victoria al Partido Popular, pero – y esta es la cruz de la moneda – sin asegurar la reválida de la mayoría absoluta. Un riesgo, la pérdida del rodillo, que podría traducirse en un gobierno alternativo de izquierdas. Un gobierno que cambiaría el titular de ABC y consagraría, según el razonamiento del mismo, a Sánchez en La Moncloa.

Según leo, en ABC: "el presidente del PP tiene claro que las victorias en Galicia siempre han impulsado al partido en el conjunto de España. Ocurrió en las primeras mayorías absolutas de Fraga, en 1989 y 1993, que abrieron el camino al PP hacia la Moncloa en 1996 y antes en otras comunidades y ayuntamientos, y más tarde cuando Feijóo ganó por primera vez en 2009, preludio del triunfo de Rajoy en 2011". Tras leer este párrafo, me vienen a la mente mis primeras clases de Ciencia Política. Recuerdo que lo primero que aprendí como politólogo es que cada elección es el mundo. Aprendí que los mimbres de ayer no valen para hoy. Y no valen, queridísimos amigos, porque en política hay un margen de error que es el que decide las elecciones. Más allá de que sociológicamente Galicia sea de derechas y Andalucía sea de izquierdas, hay un porcentaje minoritario, pero determinante, de la población que decide los gobiernos. Un porcentaje de votantes, como les digo, más racional que emocional que deposita la llave a sus representantes.

La argumentación de Casado adolece de defectos. Tanto las mayorías de Fraga como las de Feijóo se dieron en un contexto nacional diferente al actual. Mientras antes había bipartidismo ahora hay multipartidismo. Mientras antes había un desgaste del felipiismo y del zapaterismo ahora hay un clima favorable al sanchismo. Si hiciéramos caso al razonamiento de Pablo, ahora tocaría un gobierno socialista en la Xunta de Galicia. Y tocaría porque durante el periodo 2005 al 2009 su presidente fue Emilio Pérez Touriño, el mismo socialista que gobernó cuando el zapaterismo estaba en su apogeo. Este dato, por tanto, desmonta, y tira por la borda, las ocurrencias de Casado. Hoy, con los datos del presente, es muy probable que Feijóo consagre su mayoría. Y lo es porque no ha bailado con la fea. Y porque la Covid-19 no ha manchado su gestión en los últimos minutos. Aún así, juega en su contra el desgaste que supone doce años de gobierno. Doce años que, siguiendo las ocurrencias de Casado, no serían relevantes para el análisis. Y no lo serían porque si nos fijamos en el periplo de Fraga, a Feijóo le faltaría una legislatura.

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