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La deriva europea

Tras la noticia del Brexit, recibí un wasap de Jerry, un periodista inglés afincado en Torrevieja. Lo conocí hace años en la cola de los churros. Allí, mientras esperábamos nuestro turno, hablábamos de política, economía y otros temas de actualidad. Republicano de los pies a la cabeza, no entendía por qué en pleno siglo XXI existían instituciones medievales. Me comentaba que el Reino Unido era diferente. Diferente por sus tradiciones, costumbres y otros menesteres. Los ingleses, me decía, "vestimos ropa usada, bebemos café a deshoras, conducimos por la izquierda y hablamos abonico". Los ingleses, en el siglo XVII, cuestionaron la praxis de las sotanas. Y los ingleses, a nivel de filosofía, defendieron el empirismo. Un empirismo – o exaltación de la observación y los sentidos – en contraste con la filosofía "momia" – que diría Nietzshe – de las tripas alemanas.

En el perfil de su wasap, Jerry tiene una foto de Lady, una gata que vive con él desde que falleció su señora. Un tumor en el pulmón terminó con Lola, la misma que se bañaba en la playa de locos en las frías mañanas de enero. Recuerdo que fui a su entierro. Tras volver del cementerio, Jerry cumplió con el deseo de su esposa. Y su deseo no era otro que celebrar con alegría el fin de su existencia. Así, como el que no quiere la cosa, bailamos y brindamos por ella. Y lo hicimos, como le gustaba a Lola, con jamón, queso y vino tinto. Entre los allí presentes estaba Manolo, un vecino de Almería. No se lo pensó dos veces, y nos deleitó con su guitarra. Fue una noche mágica dedicada a quien más se lo merecía. Una noche alejada de las lágrimas y alumbrada de farolas positivas. Tras abrir el wasap de Jerry, veo una imagen. Es una foto del reverso de un billete de cincuenta euros. En la foto aparece la silueta de Europa. Pero, observo una Europa diferente. Es una Europa amputada por arriba. Una Europa sin cabeza, sin el Reino Unido en la cúspide de Francia.

Tras cenar, le puse el collar a Diana y nos fuimos a pasear por las calles del vertedero. Allí encontré a Manoli, una octogenaria que todos los días, a eso de las diez, baja la basura. Maestra en los tiempos cadavéricos, sabe de qué habla cuando habla de política. Me preguntó por el Brexit. Me decía que este desplante supone un golpe bajo para Europa. Los ingleses siempre han sido listos en los asuntos internacionales. Hoy, con su "independencia", es muy probable que Inglaterra se convierta en la enemiga de Europa. Y lo es, queridísimos lectores, porque los ingleses conocen nuestros puntos fuertes y débiles. Conocen los planes que se cuecen en los despachos de Bruselas. Y Conocen sus fines y objetivos. El Reino Unido se convierte en el exsocio despechado de una empresa floreciente en un mercado maniatado. Tanto que su libertad en las políticas fiscales y monetarias podría convertirse, en el corto plazo, en su ventaja competitiva. Una ventaja, en forma de "paraíso fiscal", que podría tambalear los cimientos europeos. Atentos.

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