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Errejón, Cataluña y otras cuestiones clave

La irrupción de Más País, la exhumación de Franco, la posible crisis económica y la cuestión catalana serán determinantes en las próximas elecciones. La llegada de Errejón supondrá una movilización del voto dentro de la izquierda. Una movilización que se traducirá en un éxodo de una parte de votantes, de Unidas Podemos, hacia las filas de Íñigo. Dicho éxodo no será otro que la puesta en escena del pasado Vistalegre II. La figura de Íñigo afectará, de manera indirecta, a las siglas socialistas. El voto útil ya no será para las filas de Pedro. Los cabreados con Iglesias tendrán dos opciones claramente definidas: una, quedarse en casa – en su mayoría pablistas -. Dos, acudir a las urnas y votar a Más País. A la derechas, la presencia de Íñigo; ni fu, ni fa. La exhumación de Franco beneficia a Pedro Sánchez. Beneficia al socialista, como les digo, porque resucita el fantasma del fraguismo. Hablar del caudillo, en pleno siglo XXI, resulta formidable para arrinconar al Pepé y Vox hacia la España del hambre y las sotanas. Aún así, no es plata todo lo que reluce, esta exhumación supondrá una movilización del ala más conservadora de las derechas. El orgullo herido – de cruenta años de Nodos, curas y tricornios – pondrá en jaque a las filas de Casado ante el miedo a un posible sorpasso de Vox.

La posible crisis económica, que anuncian algunos expertos, sirve a la organización morada para resurgir los fantasmas del zapaterismo. La amenaza de una hipotética hecatombe global, similar a la pasada, viene como anillo al dedo al líder del morado. Y ello es así, queridísimos lectores, porque actualiza las torpezas de ZP y las personaliza en la figura de Sánchez. Un político – Sánchez – que como su antecesor aún no se ha percatado – según las malas lenguas – de que vienen nubarrones. La estrategia de Podemos pasa, como les digo, por revivir el castigo de millones de votantes a los errores de ZP. Así las cosas, el relato de un escenario similar al de hace ocho años arroja luz al túnel. Un túnel, el de Podemos, negro – muy negro – ante la irrupción de Íñigo en el campo morado. No olvidemos que Errejón es muy probable que sea el nuevo socio preferente. Socio preferente de Sánchez, siempre y cuando las derechas no sumen y no tengamos un gobierno a la andaluza. Si observamos la jugada, el principal enemigo de Sánchez no es otro que Pablo Iglesias. Un enemigo forjado en el rencor que supone su rechazo a ser compañero en la mesa de ministros.

La cuestión catalana, por su parte, servirá – junto a la exhumación de Franco – para avivar el voto patriótico. Un voto, el procedente de la España centralista,  que desembocará en el saco de  las derechas. Este voto, basado en el temor a la ruptura del país por parte de los independentistas, se convierte en el principal catalizador para la movilización de la derecha. Y es precisamente, la sentencia "del procés" la amenaza "number one" de Sánchez. Y lo es, queridísimos lectores, porque esta sentencia tira por la borda, en el momento más inoportuno, el relato socialista. Un relato basado en ley y negociación como elementos necesarios para solucionar el problema catalán. Aunque la sentencia provenga de las togas. Aunque exista aquello que algunos llaman separación de poderes, la mezcla de churras con merinas ha hecho que Sánchez se convierta en "el malo de la película" o en "cabeza de turco" de cara a la galería. Llegados a este punto, estamos ante una derecha movilizada en detrimento de una izquierda cansada y fragmentada. El día 11 de noviembre. El día después de las elecciones es posible que estemos ante las puertas de unas nuevas elecciones.

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