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Los restos de Franco

La exhumación de los restos de Franco alivia pero no cura la herida de su legado. Y no la cura, queridísimos camaradas, porque todavía existe un espíritu franquista en la Hispania del ahora. Todavía hay quienes dicen aquello de: "con Franco se vivía mejor" y, todavía hay nostálgicos de su simbología. Nostálgicos del "cara al sol", del águila y los Nodos que aplauden, sin decoro, el estribillo de su época. Más allá de los exiliados, de los rojos republicanos, hay quienes durante cuarenta años vivieron como marqueses bajo la sombra de Francisco. Tuvieron buenos trabajos y sus hijos fueron a colegios de pago. Tales afines al caudillo comulgaron con los principios del régimen. Fueron a misa los domingos, respetaron la integridad del matrimonio y no cometieron actos impuros.

La llegada de la democracia no acabó con el duelo del franquismo. Y no acabó, como les digo, porque sus principios ideológicos  fueron representados por la fragancia del fraguismo. Un partido democrático, de puertas hacia afuera, y con marcado conservadurismo retrógrado de puertas hacia adentro. Fue precisamente José María Aznar quien neutralizó el espíritu franquista. Él fue quien fusionó lo antiguo – la derecha fraguista – con lo nuevo – las cenizas del suarismo -. Gracias a su estrategia, la derecha consiguió enterrar el fantasma de la dictadura y reconquistar el poder en la era democrática. Así las cosas, durante cuarenta años, convivieron en un mismo saco extremistas y moderados del mismo espectro ideológico. La llegada de Ciudadanos y Vox ha supuesto la ruptura del hechizo. Ha supuesto la transformación de su encanto en la demacrada Cenicienta. Esta escisión de la derecha, en pleno siglo XXI,  ha traído consigo la afluencia de ciertos residuos franquistas.

Tales residuos franquistas debemos denunciarlos desde las trincheras de la crítica. Residuos en forma de ciertas actitudes xenófobas,  de defensa de los toros y los cotos de caza. Residuos en forma de privilegios a las sotanas, elogio a los colegios concertados y menosprecio a la clase trabajadora. Tales brisas franquistas, por desgracia, soplan en los prados de nuestra democracia. Y soplan, queridísimos lectores, porque todavía existe una nostalgia social por aquellos cuarenta años de rombos, Nodos y tricornios. Años de pseudointelectulidad, doble moral y empobrecimiento económico y geopolítico. La ruptura de la derecha aznariana ha dejado al descubierto ese pensamiento retrógrado que contamina al Estado Social, Democrático y de Derecho. Es necesario que los demócratas tomen conciencia de esta realidad sociológica. Una realidad que afecta a la convivencia y reaviva, de alguna manera, los miedos y temores del pasado. Así las cosas, Casado está preocupado. Preocupado porque quiere, a toda, costa refundir la derecha aznariana. Quiere, como les digo, esconder debajo de la alfombra los restos de Franco.

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1 COMENTARIO

  1. Pilar Martinez

     /  11 octubre, 2019

    Creo que Pablo casado no tiene intencion de esconder ningun vestgio franquista, es mas, el es muy buen alumno

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