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El velo de los rodillos

La llegada de don Felipe a la Zarzuela supuso un antes y un después en el panorama político de la Hispania marianista. Su investidura coincidió con la irrupción de Podemos en los aposentos europeos, y con la llegada de Ciudadanos a los márgenes de la derecha.  El discurso de "la casta" y los nuevos rostros de la gaviota pusieron fin al bipartidismo decadente. El "pacto a la valenciana" rompió los muros infranqueables de la "coalición a la alemana". Desde entonces, con Pedro Sánchez a la cabeza, las turbinas del pluralismo marcan la senda de los tiempos venideros. Tiempos donde el turnismo galdosiano se ha convertido en una reliquia del pasado. Hoy, pese al grito incómodo de millones de nostálgicos, los pactos y alianzas sustituyen al rodillo de las mayorías. Este "nuevo tiempo", anunciado por S.M. durante su mensaje de investidura resulta formidable para la madurez democrática.

El velo de los rodillos no puede permanecer ni un minuto más en los ojos de los líderes. No resulta responsable, por ética política, que ante las primeras piedras en el camino, las voces del hemiciclo clamen elecciones. Y no lo es, queridísimos amigos, porque cada cita con las urnas se traduce en términos de fracaso. Fracaso por la incapacidad de los grupos parlamentarios en llegar a acuerdos. Fracaso por no cumplir con el mandato del electorado. Y fracaso por buscar soluciones desde el prisma de lo fácil. Por ello, desde la crítica debemos clamar el "quédese, señor Sánchez". Quédese porque ello supone un esfuerzo por tejer la cultura del acuerdo. Y quédese porque ello implica encender las luces largas de los tiempos adolfinos. No olvidemos que nuevas elecciones no condicionarían la fragmentación del hemiciclo. Escaño arriba, escaño abajo, el nuevo Gobierno estaría condenado a negociar con los vecinos. Por ello no tiene sentido que se caiga en el error de legislaturas cortas y frustradas por las conquista de sillones.

En días como hoy hacen falta más hombres de Estado y menos de partido. Hace falta que se construya una cultura de pactos. Para ello, para que la diversidad del hemiciclo se convierta en productiva, es necesario que la tolerancia, el diálogo y el respeto vuelvan a emerger en el patio de los leones. Resulta bochornoso para los ecos internacionales que nuestros líderes se parezcan, cada vez más, a charlatanes de mercadillo. Esta pérdida de las formas es el camino contrario para conseguir el ideal parlamentario de los países escandinavos. No podemos consentir que nuestros elegidos se pierdan el respeto ante la falta de rodillos. La oratoria – en palabras del sofista – es necesaria que cumpla con una serie de requisitos. Hace falta que los políticos aprendan a guardar el turno de palabra, a callar mientras se escucha, a mirar a los ojos a quien habla y, lo más importante de todo, a la crítica constructiva. Muchos políticos, cegados por el velo de los rodillos, continúan erre que erre apeados en la demagogia, en las descalificaciones personales y en sus sueños de grandeza. Lamentable.

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1 COMENTARIO

  1. Un gran artículo …
    Saludos
    Mark de Zabaleta

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