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El PP, a la deriva

Ayer, tras ver la imagen de Eduardo Zaplana en el coche de la Guardia Civil, me vino a la mente la Hispania de Roldán, Vera y Barrionuevo. Una España gris donde el felipismo se hundía en medio de un océano de casos de corrupción y desprestigio internacional. Hoy, un cuarto de siglo después de aquel desaguisado, el péndulo histórico se ha inclinado hacia los barros del Pepé. Barros procedentes de la "España va bien" de los noventa. Una España rosa, que vivía por encima de sus posibilidades; a costa de préstamos fáciles, intereses irrisorios y un modelo desequilibrado por el peso de los ladrillos. Hoy, los barros aznaristas son los lodos de Rajoy. La herencia de los felices años aznarianos ruboriza a su discípulo en los aposentos de La Moncloa. Los estribillos del ayer, el "váyase señor González" vuelven a sonar con fuerza en la orquesta del ahora. Una orquesta envejecida, que recuerda con enojo cuando la derecha ponía a parir al PSOE, por las vergüenzas de su partido.

A pesar de aquel desfile de casos de corrupción, Felipe González superó la cuestión de confianza. Una cuestión difícil ante la presión mediática y los dardos envenenados de la derecha. Hoy, la pelota está en el tejado de Rajoy. Zaplana, Barcenas y Correas, aunque sean viejas del pasado, forman parte del folclore pepero. Por ello, por ética histórica, Mariano no debería pasar de puntillas por los fregados de su partido. Hoy, el Pepé ha sido condenado por saltarse el semáforo en rojo; el mismo que otros respetaron en la pugna por el cetro. Ante este panorama, – de coches de la Benemérita, con políticos cabizbajos, de camino hacia la cárcel -, es de recibo entonar el estribillo del pasado. Es preciso, como les digo, tatarear el "váyase señor Rajoy". Un váyase en concordancia con los argumentos, que Aznar esgrimió para justificar el "váyase señor González".  Ante la resistencia de Mariano, atrincherado en La Moncloa por el síndrome del poder, el Estado de Derecho no cuenta con instrumentos eficaces, más allá de la moción de censura.

La moción, planteada por Sánchez, no está tan clara como algunos pronostican. No olvidemos que hace un par de días, don Mariano gozó del beneplácito de los nacionalistas, para sacar adelante los presupuestos generales. Unos votos que ahora podrían ser decisivos para arrebatar de un plumazo el brillo de su corona. Ante esta tesitura, los votos de Ciudadanos se convierten en decisivos para conseguir el cometido. Unos votos que convertirían a Pedro en el nuevo presidente de España, tras seis años de marianismo y olvido de Zapatero. Y unos votos que supondrían, valga la retórica, el suicidio político de las filas de Rivera. Un suicidio, claro que sí, porque el preferido de las encuestas dejaría pasar el tren de la victoria. Por ello, por intereses de partido, a la formación naranja le interesa una moción instrumental, que sirva de puente entre la caída de la "vieja derecha" y la entrada de "la nueva". Lo más sensato sería, por cordura democrática, que Rajoy se sometiera a una cuestión de confianza. Una cuestión que serviría para que las distintas fuerzas se pronunciaran sobre la conveniencia, o no, de sostener a alguien; cuyo partido está cuestionado por la justicia.

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1 COMENTARIO

  1. Imagino, como ciudadano y peón de brega con voto anónimo, que a Ciudadanos no le conviene que prospere una moción de censura, con el PSOE alzándose con el santo y la limosna.
    Le resultaría mucho más útil que don Mariano siga gobernando y ayudando a hundir al PP hasta anticipar elecciones tras el desprestigio total . Así, C’s sería el recambio de paz y orden que la derecha de casta de este país necesita para seguir mangoneando la finca que llamamos España.
    A ver si acierto. En casa gané la apuesta de lo del PNV y la aprobación de los presupuestos generales. Esta vez apuesto por que el joven prócer (huele a S XIX) Rivera se desmarcará de la moción de censura y arrebañará los votos desilusionados de la gente de orden y tal.

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