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De surrealismo y elecciones

El otro día escribí "la incoherencia separatista", un post que versaba sobre la doble moral de las élites independentistas. Tras su escrito recibí todo tipo de críticas por parte de mis lectores, e incluso algunos dejaron de seguirme. Como saben este blog no recibe subvenciones de partidos ni está financiado por intereses capitalistas. Así las cosas, en ocasiones la crítica incomoda y rompe con las expectativas de la comunidad lectora. Escribir de Catalunya es una tarea ardua para un medio independiente como el mío. Aún así, algunos periódicos han sacado tajada de la brecha catalana mediante la polarización del relato. Dicho esto, hoy – por compromiso social y por la gravedad de los hechos -, no me queda otra que dedicar otro post – espero que sea el último – a la cuestión catalana.

Esta mañana, mientras ojeaba las noticias en las páginas del vertedero, he llegado a la conclusión de que no es inteligente buscar explicaciones lógicas a fenómenos ilógicos. Desde que Puigdemont y su séquito asfaltaron la senda de su ficción, los medios han analizado el fenómeno desde el prisma del derecho. Desde las pasadas elecciones catalanas, hemos sido espectadores del pulso diario entre razón – la apelación al artículo 155 – y la sinrazón – la defensa de un referéndum ilegal como vía para alcanzar una República Imaginaria de Catalnuya -. Este conflicto ha finalizado con un relato surrealista más típico de una película de Ozores que de un país serio como el nuestro. A día de hoy, tenemos a un Govern entre rejas y a un líder tomando café en un país forastero. Y para postre, este líder exiliado se proclama como candidato electoral a unas elecciones, que precisamente son convocadas para desarmar la estrategia separatista.

Las elecciones del 21-D se presentan muy calientes y mediáticas. Tanto es así que no son la solución más acertada para solucionar el problema catalán. No lo son, queridísimos lectores, porque las cabezas de cártel serán los que hoy son noticia por su estancia en Bélgica o en la cárcel. Aunque nosotros – los que creemos en el Estado de Derecho – veamos a estos candidatos como gente sin credibilidad, los separatistas no lo perciben de tal modo. Para ellos, sus candidatos son líderes indiscutibles de la batalla separatista. Líderes que han llegado muy lejos en la movilización del subconsciente colectivo. Y líderes que están entre rejas por defender sus ideales. El Estado de Derecho – o sea "Madrid", según ellos – se ha convertido en el principal obstáculo y amenaza para alcanzar su cometido. Y es precisamente este obstáculo a su utopía, el que movilizará más que nunca a la sociedad independentista de cara al 21-D.

La decisión de Carmen Lamela – prisión sin fianza para casi toda la cúpula del Govern – es comida para hoy y hambre para mañana. Lo es porque el fuego del separatismo no hay bombero que lo apague. A pesar de que un millón de personas se manifestaran contra la DUI, lo cierto y verdad es que las encuestas reflejan otra realidad. La convocatoria de elecciones solo sirve para amainar el temporal durante dos meses de sosiego. Dos meses de aire fresco en las cansinas noticias del referéndum. Ahora bien, ¿qué pasaría si las fuerzas independentistas reforzaran, tras las elecciones, su presencia en el Parlament? Si se diera este escenario, algo probable con Puigdemont como cabeza de cártel, el dilema catalán trascendería a las esferas internacionales y abriría el planteamiento de una reforma de la Constitución. Dicha reforma pasaría por la convocatoria de elecciones generales. Unas elecciones donde la principal victima sería Rajoy; el único – dirían sus verdugos – que tuvo la brillante ocurrencia de legitimar, todavía más, el impulso separatista.

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3 COMENTARIOS

  1. Juan José

     /  4 noviembre, 2017

    Bueno, algunos no huimos ante opiniones no compartidas.

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  2. Ramón

     /  21 diciembre, 2017

    Con el tema “catalán” no comparto absolutamente nada de lo que dices, pero creo que eres un tipo honrado que dice lo que piensa de una forma argumentada y sin exabruptos y eso me basta para continuar siguiendote.

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