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Salvar nuestra lengua

A pesar de que tengo perfil en las redes sociales; no soy un gran apasionado de las mismas. Las utilizo por cuestiones de visibilidad. Gracias a ellas; consigo que mi público objetivo descubra el blog y consuma una opinión libre, plural e independiente; alejada de los sesgos editoriales e intereses económicos. Más allá de este propósito; no suelo "tuitear" y menos aún publicar mi vida en Facebook. Aunque las redes sociales sirvan para mantener amistades; reconstruir amores y juntar a excompañeros de colegio; prefiero el goce de la intimidad a los exhibicionismos virtuales. Tampoco me gustan, y la verdad sea dicha, los diálogos de wasap. No me gustan, como les digo, porque tanta abreviatura deteriora la capacidad de expresión; empobrece el intelecto y, reduce nuestra lengua a un conjunto de monosílabos y "emoticonos".

Es cierto, que cada uno es libre de hablar como le plazca; que a nadie se le multa por escribir hermano sin hache o los propios en minúscula. Es cierto, que las nuevas tecnologías de la comunicación han hecho que se pierda la vergüenza ortográfica ante la pantalla del artefacto. Tanto es así, que un wasap escrito con puntos y comas; tildes en su sitio y verbos bien conjugados, sería una exclusiva en los tiempos que vivimos. Da igual que quien lo escriba sea maestro, albañil o magistrado del Supremo; la evidencia demuestra que el maltrato a la lengua; no entiende ni de sexos, ni de edades, ni de posiciones sociales. Es, precisamente, este "mirar hacia otro lado" cuando se ven palabras mal escritas; el que sirve de efecto viral para que la RAE se convierta en una pieza de museo. Estas desviaciones de las reglas ortográficas y gramaticales; hacen que los malos hábitos adquiridos en las pantallas táctiles; se extrapolen a las aulas y al diálogo callejero. Algo, sin duda alguna, preocupante para la construcción de la sociedad del conocimiento el andamiaje de la cultura.

La lengua; en lugar de enriquecerse por el aumento de la escritura en las redes sociales, se ha deteriorado por sus usos incorrectos. Resulta formidable, que la sociedad haya perdido el miedo al pergamino y que escriba más que nunca en sus móviles y tabletas. Aprovechemos, por tanto, esta oportunidad que nos brindan las nuevas tecnologías para salvar nuestra lengua en lugar de castigarla. Para ello; seria necesario que los creadores de tales inventos – Facebook y Twitter – instalaran en sus plataformas; correctores ortográficos y gramaticales con enmienda de censura. Enmienda de censura, como les digo, consistente en impedir que las palabras mal escritas y otras incorrecciones gramaticales salgan a la superficie. Gracias a esta simple medida, conseguiríamos que los escritores virtuales adquirieran conciencia de sus errores lingüísticos y, de ese modo, perfeccionaran su lengua en los diálogos reales. Algo, que favorecería, sin duda alguna, a la comunidad de hablantes en todos los contextos sociales.

Otra medida para salvar nuestra lengua; sería establecer un mínimo de texto necesario en la redes sociales. En lugar de un máximo de caracteres, como establece Twitter; o un "sin límite" como hace Facebook; lo ideal sería un mínimo de cien palabras para que un post fuera publicado. Con este mínimo de texto necesario; conseguiríamos que la gente adquiriera más capacidad comunicativa y, saliera – de una vez por todas – del círculo vicioso de los monosílabos y las abreviaturas. Con estas medidas – la extensión de los textos y el corrector ortográfico y gramatical – conseguiríamos un doble objetivo. Por un lado; perfeccionaríamos nuestra expresión verbal y, por otro, aumentarían nuestras dotes oratorias. Cada día, los profesores corregimos más barbaridades lingüísticas en cursos avanzados. En los últimos años, las faltas ortográficas han aumentado considerablemente. Y, la capacidad verbal se ha empobrecido hasta límites preocupantes; a pesar de contar con la generación que más escribe de la historia. Si no hacemos nada por salvar nuestra lengua; el día de mañana las TIC serán la "bomba atómica" que destruirán nuestra lengua. No dejemos que suceda.

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6 COMENTARIOS

  1. Mark de Zabaleta

     /  9 marzo, 2016

    Sufrimos una progresiva pérdida cultural con el progreso de las redes sociales…

    Saludos

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  2. Juan García

     /  12 abril, 2016

    Y hablando de defender el idioma, ¿para cuándo una defensa del castellano en Cataluña? Ya no solo está el problema de la educación pública en la que hay un claro plano de desigualdad entre el catalán y el castellano. Es que, además,los castellanoparlantes somos tratados por los organismos oficiales como ciudadanos de segunda categoría. A esto nos ha llevado el continuo chantaje del nacionalismo, amparado por una ley electoral totalmente injusta.

    ¿Por qué se nos discrimina de esta manera a los castellanohablantes en nuestro país? ¿Acaso no pagamos nosotros los impuestos como los catalanohablantes? ¿No había prometido, por ejemplo, la señora Colau una ciudad más amable para todos? En el metro de Barcelona todo está solamente en catalán. En los autobuses todo está solamente en catalán. En los museos todo está solamente en catalán. En la vía pública todo está solamente en catalán. En las webs de cada “centre cívic” del ayuntamiento todo está solamente en catalán. En las bibliotecas todos los carteles están solamente en catalán. Por cierto, los nombres de las bibliotecas (con la excepción de una llamada Juan Marsé) solamente tienen nombres de escritores que escriben en catalán (¡como si no hubiese grandes escritores catalanes en castellano!). Las conferencias en los centros cívicos son casi todas en catalán. Las televisiones locales transmiten casi todo el día en catalán (imposible informarte sobre lo que ocurre en tu comunidad en castellano: todos los telediarios de todas las cadenas se emiten solamente en catalán)… Pero los políticos miran para otro lado por interés, porque pueden necesitar del voto nacionalista. Nadie habla de esta discriminación sistemática que se da a nivel oficial. Para colmo, ahora aparece un movimiento (ahí están las firmas de esos 250 ‘intelectuales’) a favor de la eliminación del bilingüismo.

    Es necesario poner en marcha YA una política de igualdad real entre catalán y castellano en Cataluña.

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    • Pilar Martinez

       /  17 diciembre, 2019

      Quizas se deba por todo el tiempo que el franquismo prohibio el idioma catalan en Cataluña.

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    • r3765

       /  6 febrero, 2020

      ¿Como se discrimina un idioma que hablan 570 millones de personas aproximadamente?
      El día que dejemos de pelearnos por los idiomas que se hablan en España, tal vez, alcancemos eso que se llama convivencia democrática.

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  3. La vida va acelerándose, al tiempo que una practicidad comunicativa que colisiona con el empleo del lenguaje en toda su extensión. Las lenguas son elementos vivos y son los usuarios los que marcan cambios, a los que ayudan las herramientas que se utilizan para la comunicación.
    Las redes sociales tienen aspectos muy positivos y no van a ir a menos. Hay que tomar conciencia. Los símbolos ayudan a abreviar conversaciones y son nexo de unión entre idiomas en numerosos casos.
    Con todo no hay que renunciar a un vocabulario extenso y un respeto a las reglas ortográficas, atendiendo al entorno.
    Todo se vuelve más intuitivo, de rápida reacción.

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  4. r3765

     /  6 febrero, 2020

    Soy de la vieja escuela, y aunque sea en las redes, no me dejo ni una coma atrás. Pero, también entiendo que el mundo está cambiando, la tecnología, la modernidad, las políticas, todo nos lleva a avances que puede que nuestra mente no esté preparada para aceptar. Pero, no es mejor ni peor, simplemente son otros tiempos. Nunca desaparecerá el español, porque siempre tendremos que comunicarnos de una manera u otra ……… que no encajamos en loo que la RAE dice,………bueno, ella está para fomentar, cultivar y promocionar su buen uso, pero de ahí a que sea un juez que dictamine como se habla en la intimidad y la cotidianidad existe un gran paso.
    Creo que todos deberiamos relajarnos y disfrutar de esta maravilla que es el siglo XXI, sobre todo a los que pasamos de 50, que con la misma infartamos con tanta “novedad”.

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