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El placer de la calada

Este mes es especial para mí. Lo es, como digo, porque hace cinco años – en enero del 2011 – comencé mi andadura por las callejuelas del Rincón. Desde entonces, una semana sí y otra también, no he parado de escribir. A día de hoy, si quieren que les diga la verdad, no sé las visitas que recibe el blog. No las sé, ni me interesan, porque no escribo con ánimo de lucro, ni afán de notoriedad. Escribo, como he manifestado en más de una ocasión, por necesidad. Gracias al blog, comprendo mejor cómo funciona la industria de la cultura. Comprendo lo difícil que resulta para los escritores noveles, labrarse un futuro en los huertos de la literatura. Y comprendo cómo se mueven los hilos en los estercoleros del presente. Aún así, a pesar de tanta adversidad, sigo aquí; escribiendo para aprender a pensar en un mundo alienado por los hilos del capital. 

El otro día quedé con un viejo conocido en "El África". Necesitaba hablar con alguien sobre la incomprensión social que padecemos los escritores. Le conté que cuando publiqué El Pensamiento Atrapado, me sentí desnudo en un mundo de navajas y cuchillos; viví los efectos perniciosos de la envidia y descubrí a las falsas amistades. Como saben, nunca presenté la obra. No la presenté – a pesar del enfado de mi editor – porque nunca he creído en las presentaciones de libros. Siempre las he visto como un chiringuito de mercadillo; donde el autor vende su producto a familiares y conocidos, como si se tratara de un kilo de limones. En días como hoy, para muchos seré un escritor fracasado. Lo seré, queridísimos lectores, porque en las tripas del sistema: "tanto vendes, tanto vales". Luego, por muy buena que sea la obra, si la editorial no cumple con las expectativas, el escritor tiene los días contados en la jungla de las librerías. 

Hace unas semanas rompí la regularidad de los escritos; necesitaba reflexionar sobre si merecía la pena continuar con el blog o abandonarlo para siempre. He intentado – y valga la metáfora – "dejar de fumar" pero he fallado en el intento. Entre el silencio de los renglones, he frecuentado La Academia; El Liceo y los jardines de Epicuro. A través de ellos, he aprendido que cada persona debe esculpir su destino con las piedras del camino. No apartarse de la senda, es la condición necesaria para lograr ser felices en los infiernos del ahora. Por ello, queridísimos lectores, a pesar del daño que me produce la esclavitud de mis palabras; a pesar de que la crítica incomode a las tripas del sistema; "el placer de la calada" ha sido superior al cáncer que padecen los siervos del cigarrillo. Después de cinco años de críticas y reflexiones, miro para atrás y observo como los artículos del ayer se han convertido en pedagogía del presente. Una colección de pensamientos encadenados; necesarios para asomarse al pasado y vehicular las soluciones del futuro.

Como saben, el blog cuenta con más de mil suscritos; con los que mantengo diálogos semanales a través del correo electrónico y las redes sociales. Lectores, en su mayoría sociólogos, filósofos, politólogos, escritores y periodistas, amantes de la lectura y críticos con la actualidad. A través de sus comentarios en el blog – los leo todos de forma detenida – he aprendido que el respeto hacia las ideas del otro, es el principal cimiento de toda democracia. Muchos lectores, me dicen que no comparten mis reflexiones. No las comparten y me lo dicen abiertamente pero, no por ello, dejan de leer textos díscolos con sus ideas e ideologías. Es, precisamente, esa grandeza de tolerar el pensamiento del otro; el que mantiene vivas las líneas del Rincón. Ojalá, este humilde proyecto; que solo se alimenta del boca – oído de sus lectores; se convierta en los próximos años en un lugar de encuentro para la crítica. Una crítica libre, plural e independiente; necesaria para los tiempos que vivimos. 

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1 COMENTARIO

  1. Antonio San Román Sevillano

     /  18 enero, 2016

    Espero que no dejes tu blog. Aunque no siempre estoy de acuerdo, siempre aprendo algo nuevo y, sobre todo, me ayudas a dudar de mis propias y solitarias reflexiones.
    Gracias por tu blog.
    Antonio

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