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Hablemos de paz

Durante tres semanas, como saben, he estado desconectado del mundanal ruido. Necesitaba, la verdad sea dicha, un "ayuno intelectual" que limpiara mi mente de las toxinas mediáticas y pusiera un poquito de orden en la inquietud de mi espíritu. Tanto es así, que no he visto informativos; ni he leído periódicos, ni tan siquiera he escuchado Las Mañanas de Menéndez durante la soledad del volante. Tan solo, he ojeado revistas de filosofía y algún que otro blog sobre recomendaciones literarias. Veinte minutos diarios de meditación y las zapatillas de deporte han sido suficientes para oxigenar las ideas y reemprender el camino. Durante este tiempo, he probado los frutos de mis semillas. Frutos, por cierto, amargos y envenenados como si fueran manzanas podridas en un huerto abandonado. Aún así, a pesar de las poquísimas satisfacciones que obtengo con la escritura, la considero un ejercicio necesario para amueblar la mente; mejorar el discurso y dialogar con los otros.

Aunque, la verdad sea dicha, he desconectado de las “telarañas mediáticas”, no he podido librarme de sus ecos callejeros. No he podido, como les digo, porque en los mentideros de la esquina; llueven comentarios sobre la realidad del ahora. Comentarios, inevitables, sobre las elecciones generales; la subida del paro; las afirmaciones de Marina; la desconexión catalana; la violencia de género; los refugiados de Siria y, un sinfín de quebraderos de cabeza; que surgen a diario en las portadas tradicionales. El pasado viernes por la noche, decidí acostarme temprano. Necesitaba dormir ocho horas; levantarme temprano; corregir exámenes; estudiar filosofía y, salir a correr a eso de las doce. A las nueve de la mañana, tras tres horas de trabajo, fui a la panadería. Mientras esperaba en la cola, supe lo de París. Tras los comentarios de la espera, decidí romper mi promesa de "desintoxicación y mediática" y, ni corto ni perezoso, corrí como un galgo al quiosco de costumbre; compré el periódico y leí de forma detenida la tragedia de Bataclan.

Mientras leía la noticia, me vinieron a la memoria las torres gemelas, las mochilas de Atocha, las víctimas de ETA, la violencia de género y un cúmulo de desgracias que siempre terminan pagando la gente inocente. Gente que, “sin quererlo ni beberlo”, sufre los efectos colaterales de los conflictos políticos. Ante tanta impotencia, decidí volver al blog; sentarme delante del teclado y escribir para la paz. Desde antes de Cristo, la violencia ha convivido con los hombres. Si miramos por el retrovisor de los tiempos, nos damos cuenta que la tranquilidad entre los pueblos – y siglos más tarde, entre Estados – solamente ha sido la excepción a la regla. Desde las Guerras clásicas hasta los conflictos recientes; siempre ha existido – y existirá – una violencia estructural determinada por factores económicos y/o culturales.

La "Ley de Talión" empleada por Hollande no resuelve los brotes terroristas del conflicto internacional. Es, necesario, repensar el concepto de paz para combatir la violencia estructural. La ecuación de la paz: "paz igual a seguridad", es – en estos momentos – la solución más inteligente para devolver la calma a tanta tempestad. Para ello, para construir el andamiaje de la "seguridad", los Estados deberían realizar una política basada en la prevención del riesgo terrorista; con objeto de eliminarlo y/o minimizar sus consecuencias. Las "zonas inseguras" son el tendón de Aquiles, que sirve al terrorismo internacional para hacer visibles las debilidades del otro en el escaparate mundial. Por ello, queridísimos lectores, investigar para la paz implica: revisar las bases de datos policiales; aumentar los protocolos de seguridad en estaciones, puertos y aeropuertos; incrementar la vigilancia policial en las aglomeraciones; coordinar la actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en el espectro internacional; solicitar "certificados de penales" para la formalización de contratos – de alquiler y venta de vehículos y viviendas -; endurecer los requisitos para la venta de armas; aumentar las penas por actos terroristas; incrementar las funciones de los servicios de Inteligencia y, fomentar la Alianza entre Civilizaciones. Solamente así, reforzando la seguridad, conseguiremos combatir la inevitable violencia estructural y podremos, por fin, hablar de paz.

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1 COMENTARIO

  1. Un artículo que sabe centrar la clave de este problema…

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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