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Los números de María

Por mucho que se empeñe el diario ABC en seguirle el juego a Rajoy, lo cierto y verdad, es que este país está a años luz del final de la crisis. Está años luz, les decía, porque a pesar de haber menos parados en las listas del antiguo INEM, mejores previsiones del PIB y menos miedos al rescate; en la Hispania de Mariano hay millones de familias que no llegan a final de mes y  otras que no tienen ni para comer. Es, precisamente, este contraste de realidades entre las cifras macroeconómicas, arrojadas por los escribas de Rubido – director de ABC -, y las angustias civiles – las de ustedes y la mía -, las que invitan a la crítica a reflexionar sobre el asunto. En términos relativos, o mejor dicho, si comparamos los datos del presente con los últimos días de Zapatero, el escenario económico es diferente. Es diferente porque, como ustedes saben, después de tres años con Mariano en La Moncloa: los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Hay más desigualdad entre los de arriba – las élites, las del portal de la transparencia – y los de abajo – nosotros, los que no aparecemos en tales menesteres -. En días como hoy, la España que nos dibuja Rajoy no es otra que una construcción mediática, orquestada por la derecha, para ganar las próximas elecciones. Unas elecciones que de cumplirse los pronósticos demoscópicos se atisba en el horizonte un cambio de ciclo político; fruto del desgaste del Gobierno, la irrupción de Podemos y la corrupción galopante.

El otro día, sin ir más lejos, María – una vecina de mi barrio – me decía, que en términos económicos su familia estaba en una situación de quiebra financiera. Estar en quiebra financiera significa, en la jerga de María, tener más facturas que pagar que dinero para pagarlas. Decía esta vecina, de las tripas alicantinas, que ganaba mil cien euros al mes; de los cuales: tres cientos veinte se los llevaba la hipoteca; cien, las facturas de luz y el agua; cincuenta, Vodafone; tres cientos, el carro mensual de Mercadona, y cien, gasoil para la Berlingo. Cuarenta, el alquiler de la plaza de garaje; treinta y largos para gastos corrientes: tabaco, prensa, cafés, butano, entre otros; cincuenta, la comunidad del edificio y, unos cien – más o menos – para imprevistos: reparaciones del coche, seguros y averías del hogar. María tiene dos hijos. El mayor – Alejandro – estudia segundo de bachillerato, y el segundo – Paquito – acaba de empezar quinto de primaria. El menor viste con la ropa de su hermano, y el otro suele llevar la ropa de su primo Enrique. La hipoteca, la sacaron para treinta años, o sea, que la última letra la pagaran cuando estén jubilados. Los ahorros que tenían se los han comido desde que Paco – su marido – se fue al paro hace tres años. Ella trabaja como administrativa en una ferretería. Trabaja con un contrato a media jornada, pero hace una media de diez horas diarias. Su jefe la explota pero – como dice ella – "¿dónde voy con cuarenta y seis años; un marido en el paro y dos hijos estudiando?". Si en estos momentos la echaran del trabajo, cobraría el paro a razón de cuatro horas diarias; una ayuda que le daría oxígeno para malvivir durante una temporada y, sería candidata segura para los próximos desahucios.

Es, precisamente, la situación de María, la que ilustra la auténtica verdad de millones de familias españolas. Economías domésticas – como diría Montoro – que si les aplicásemos algún que otro ratio financiero, de esos que tanto gusta al Gobierno, los resultados serían de culebrón americano. Así las cosas, el portal de la transparencia es una ofensa para nosotros, la mayoría. Es una ofensa, les decía, porque, aunque Rajoy cobre menos que sus mandos intermedios (algunos secretarios generales), lo cierto y verdad, es que su sueldo – 70.000 euros al año, limpios de polvo y paja – está muy lejos de los números de María. Es, precisamente, este abismo entre "los de arriba" y "los de abajo" los que explican las boberías del Presidente cuando anuncia, a bombo y platillo, la salida de la crisis. Ojalá – en palabras del ahorcado -, don Mariano fuera a uno de esos programas televisivos sobre "cambios de familia". Ojalá acudiese a ese tipo de programas porque, de ese modo, sabría lo que supone para gente como María: vivir con la soga al cuello y rezar todas las noches para que no le falte trabajo. Con 70.000 euros de sueldo anual; coche oficial; dietas a la carta y supuestos sobres en "B", es normal que el "transparente" de La Moncloa – nuestro hidalgo caballero: don Mariano Rajoy Brey – vislumbre gigantes donde los otros, nosotros, solo vemos molinos. Es, precisamente, esta distorsión de realidades entre Sanchos y Quijotes, la que justifica los suspensos de "la casta" en los sondeos demoscópicos.

En términos cuantitativos, la España de Rajoy – según titula una portada reciente de ABC – "da por superado el abismo". Lo da porque "el crecimiento casi dobla de la media de la UE; el paro se reduce en 500.000 personas en un año; el déficit es del 5.5%, y la prima de riesgo roza los 100 puntos". Las claves del Gobierno para llegar a tales resultados han sido – siempre según los escribas de Rubido – la Reforma de Báñez; la reducción del déficit y, la reestructuración bancaria, entre otras. En términos cualitativos, sin embargo, estamos en el kilómetro cero del "decretazo" de Zapatero. Digo esto, estimados lectores y lectoras, porque gracias a la reforma de Báñez hay medio millón de personas que han salido del paro. La mayoría con trabajos temporales y parciales e inmersas en los pozos del precariado: mano de obra barata – de usar y tirar – incapaz de activar el consumo de viviendas y automóviles, turbinas necesarias para sacar a España del atolladero. La reducción del déficit ha permitido que España no cayera en los precipicios del rescate. Ahora bien, no olvidemos que esta reducción ha sido gracias al desmantelamiento del Estado del Bienestar. Somos – como diría aquél – más ricos de puertas para afuera – para los ojos de Merkel – pero más pobres de puertas para adentro. Recuperar la clase media costará décadas de pancartas y gritos al unísono. Solamente cuando los contratos sean estables en lugar pasajeros, cuando el copago sea una historia del pasado, cuando el Salario Mínimo Interprofesional salga de su paréntesis, cuando la educación sea una inversión en lugar de un coste, cuando la sanidad sea un asunto de Estado, cuando la corrupción no ocupe las portadas de la mañana y cuando los políticos se miren el ombligo: daremos por superado el abismo.

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2 COMENTARIOS

  1. Muy buen artículo.
    Recordemos que en noviembre de 2011 (debate electoral) Rajoy le decía a Rubalcaba: “Yo no soy como usted…Le subió el IVA a la gente y no lo llevaba en el programa…Yo, lo que no llevo en mi programa, NO LO HAGO”.
    Porque Walt Disney lo tenía claro: “la manera de empezar es dejar de hablar y empezar a hacer”… La pregunta clave es ¿Qué ha hecho? …
    El PIB español baja, la Deuda sube y el paro sigue por las nubes…Evidentemente con las cifras se manipula mejor que con las palabras, arte en el que De Guindos, un ex Lehman Brothers, es un genio para encontrar en ellas “claros” indicios de que está cambiando la dinámica de nuestra economía.
    Es obvio que pretende reconciliarse con su electorado para intentar salvar los muebles en las elecciones del año 2015.
    Ya saben: prometer hasta meter (la papeleta en la urna) y una vez metida OLVIDAR LO PROMETIDO….

    ¡Feliz Navidad!
    Mark de Zabaleta

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  2. Abel Ros

     /  20 diciembre, 2014

    Totalmente de acuerdo con el comentario.
    ¡Feliz Navidad Mark!
    Un abrazo, Abel Ros

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