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Sobre impuestos e ideología

Mientras las filas conservadoras defienden un Estado minimalista, ajeno a los mercados, las filas progresistas, por su parte, claman por la fórmula "más Estado y menos mercado". Para la derecha, las teorías neoclásicas son, por antonomasia, su marco económico de referencia. Tales teorías, abanderadas por Adam Smith, defienden que los Estados no deben intervenir en las fuerzas de la oferta y la demanda. Desde los tiempos ilustrados, el liberalismo – en toda su extensión – ocupó buena parte del pensamiento occidental hasta que Karl Marx – sociólogo alemán -, escribiera su crítica contra los efectos nocivos del "Capital". Desde aquellos momentos, el marxismo se desarrollo como ideología alternativa al liberalismo y, defendió un sistema económico basado en la igualdad social, como antídoto para curar las heridas de la libertad. Un sistema basado en una economía planificada por el Estado, sin ninguna cabida a los mercados. Sistema, que como ustedes saben, se instauró en la vieja Unión Soviética y fracasó.

Tanto el liberalismo como el marxismo no han servido para solucionar la cuestión social del capitalismo occidental. El Estado del Bienestar surgió como punto de inflexión para equilibrar los polos opuestos de sendas ideologías, libertad versus igualdad. Con el nacimiento de la Seguridad Social, por imperativo constitucional, tanto neoliberales como socialdemócratas moderaron sus discursos para que el intervensionismo estatal tuviera cabida en sus credos ideológicos. Para que haya un Estado de Bienestar fuerte es necesario una presión fiscal elevada; no olvidemos que el sistema de protección social está financiado por las cotizaciones de empresarios y trabajadores – en su modalidad contributiva – y por los impuestos cotidianos – en su nivel asistencial-.  "Subir o bajar impuestos" se convierte en un instrumento necesario para dibujar un Estado con más o con menos "bienestar"; con más o con menos "protección social".

Durante mucho tiempo, los neoliberales y los socialdemócratas han sido fieles a sus principios ideológicos. Mientras las subidas de impuestos siempre ha sido el "hueso duro" de la izquierda para poner en prácticas sus políticas sociales, las bajadas de tributos, por su parte, se han llevado bien con los votantes de la derecha, las clases altas y adineradas que no necesitan de un Estado paternalista que les "resuelva la papeleta".   Fue, precisamente, José Luis Rodríguez Zapatero quien dijo que "bajar impuestos es de izquierdas", algo incomprensible para las siglas de su partido y los principios de la izquierda. Don Mariano Rajoy, por su parte, a su llegada al Gobierno, hizo una política tributaria con los mimbres socialistas y, por tanto, contraria a los renglones de su programa; subió impuestos y, donde dijo digo, luego dijo Diego. Es, precisamente, esta incoherencia ideológica entre los postulados clásicos de los partidos y sus praxis ejecutivas, la que hace que millones de votantes miren a los políticos como una "casta" que hace cualquier "cosa" para seguir el mayor tiempo posible al calor de su escaño.

El otro día, Rajoy anunció una bajada de impuestos; especialmente del IRPF para el 95% de los contribuyentes. Este anuncio sería creíble si tuviéramos un escenario de bonanza económica como el de los tiempos "aznarianos". Tiempos en los que teníamos un Estado del Bienestar sin problemas financieros y con una "admisible" calidad en los servicios públicos. Hoy, sin embargo, los tiempos son otros. Hay más paro que antes, luego menos cotizantes y contribuyentes, menos inmigrantes, para mantener el andamiaje de antaño. La bajada del IRPF, por parte de Rajoy, significa más poder adquisitivo para el presente pero menos protección social para el futuro. Bajar impuestos, queridos lectores, implica una "nula" intención, por parte del Gobierno, de apostar por el Estado del Bienestar que teníamos antes de comenzar la crisis. Ahora bien, no olvidemos – y aquí es donde está la trampa de don Mariano – que la bajada del IRPF ha sido cocinada con una subida de impuestos encubierta. Hoy, el gobierno ha hecho público que a partir del mes que viene, las indemnizaciones por despido dejarán de estar exentas a tributación. Dicho de otro modo, el Estado se quedará con una parte de la indemnización por despido, la misma que, hace dos años, recortó la señora Báñez con su reforma laboral. En conclusión; subida de impuestos encubierta para paliar la bajada del IRPF; hachazo a los intereses de la clase trabajadora y "caramelo" para la patronal.

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2 COMENTARIOS

  1. Buen artículo.
    Otro tongo más de la clase (me resisto a lo de casta) política.

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  2. Es una tomadura de pelo “contable” en este juego de trileros político….

    Saludos

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Responder a Carlos Urrestarazu Rodrigo Cancelar respuesta