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Choques y alianzas

El otro día, asistí a una tertulia sobre feminismo y multiculturalismo. Aparte del recorrido histórico por la igualdad de género, lo que más despertó mi interés, fue el debate entre choque y alianza de civilizaciones. Entre los defensores del "choque" destacan Samuel Huntington, Toynbee y Quigley, entre otros. La idea que defienden es el conflicto inevitable entre dos culturas antagónicas: Occidente y Oriente. Entre los defensores de la alianza, destaca el politólogo Sami Naïr. Según este pensador, la modernidad debería ser una oportunidad para el diálogo intercultural.

Los seguidores del choque – decía un contertulio – defienden la ley francesa que prohíbe el velo islámico en las aulas. Dicha prenda, según ellos, es un símbolo religioso que atenta contra el laicismo educativo francés. Cada país debería proteger sus valores culturales y preservar, por tanto, su identidad nacional. La colisión de culturas, concluyen tales pensadores, es un hecho irreversible. La globalización no ha supuesto avances significativos en el diálogo intercultural. "La expansión de muchas ciudades – en palabras de un invitado – ha sido la consecuencia del espíritu monocultural existente. Barrios que ayer estaban habitados por nativos, hoy se han convertido en guetos. Guetos formados por musulmanes, gitanos y otras minorías".

La globalización, en palabras de la corriente aliancista, condena al interculturalismo a entenderse. Para ellos, el entendimiento es posible, siempre y cuando haya una voluntad política. Una voluntad política, alejada de los populismos, que ponga las condiciones necesarias para el diálogo. Para tales pensadores, la prohibición del velo islámico, por parte de las leyes francesas, atenta contra la libertad individual. Son ellas, las usuarias del velo, quienes deberían decidir, de forma libre y autónoma, si se lo quitan o se lo ponen. El Estado no debería intervenir en los asuntos privados. Una cosa es un sistema educativo laico – sin enseñazas religiosas – y otra, bien distinta, es portar elementos religiosos que simbolicen las creencias individuales.

Resulta muy difícil despojarse del "atuendo nacionalista" que todos llevamos dentro. Es muy complicado deshacerse del acento, las creencias y de todo el simbolismo que nos distingue como seres culturales. Aún así, la escasez y la distribución asimétrica de los recursos han condenado al hombre a caminar por el mundo en busca de alimento. En ese camino, se han producido violaciones de derechos e imposiciones culturales. Desde los tiempos de Roma hasta la colonización de África, los conquistadores han impuesto su cultura; han afrancesado África, romanizado Hispania y españolizado a América. En días como hoy seguimos con el mismo ritual de imposición y resistencia.

Aunque muchas musulmanas acudan sin velo a las aulas francesas. Lo cierto y verdad es que el velo sigue intacto en los intramuros de sus mentes. Sigue intacto porque la imposición solo tiene efectos estéticos de cara a la galería. Las creencias del ser humano son, y valga la metáfora, como el caparazón de la tortuga. Forman parte del todo – de la integridad del individuo – Ninguna ley debería amputar las manifestaciones culturales, sean sociales o religiosas. Por ello, queridísimos lectores, critico el choque de civilizaciones y me quedo con la alianza. Es necesario, por tanto, que los gobiernos establezcan las condiciones para la integración de lo diverso. Sobre los Estados recae el compromiso de construir sociedades fragmentadas – mediante muros y discursos xenófobos – o sociedades multiculturales, ricas en acentos, religiones y colores.

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1 COMENTARIO

  1. El Decano

     /  16 febrero, 2017

    ¿A quién corresponde iniciar, negociar o firmar una alianza de civilizaciones? ¿Qué autoridad civil o religiosa puede asumir la representación de una civilización? ¿Se puede identificar el paraguas de civilización bajo el cual se encuentra cada uno de los países del mundo? La civilización, algo tan tangible y etéreo al mismo tiempo, reside en todos y cada uno de los miembros de la sociedad civil. ¿Cómo se le puede imponer a ésta la capacidad de tolerancia y respeto intercultural?
    Evidentemente, la única posibilidad de lograr una alianza debería nacer desde la base de la sociedad, desde los ciudadanos, pero dado los tiempos que corren, donde nacionalismos y populismos cobran cada día mas adeptos, se me antoja una misión imposible.

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