Salir del agujero

Al leer el titular, de El País: "El PSOE gastará 1.300 millones en 217.000 empleos de transición", me ha venido a la mente la promesa electoral incumplida por Felipe González. Como saben, el expresidente del gobierno prometió 800.000 puestos de trabajo en la campaña de 1982. Un titular que le sirvió – entre otros – para vencer a UCD y conquistar La Moncloa. La crisis económica que azotaba a España desde mediados de los setenta frustró el sueño felipista de miles de españoles. Pues bien, hoy – treinta y tantos años después – el líder de los socialistas ha vuelto a cometer el mismo error que el patriarca de su partido. Lo ha vuelto a cometer, queridísimos lectores, porque la Comisión Europea nos ha exigido que recortemos 8.000 millones de euros ante los incumplimientos del déficit por parte de Rajoy. Una cantidad, y conviene recordarlo, similar a la que recortó Zapatero en el 2010 y que le costó su reinado. La "sanchonada" de Pedro recuerda a las utopías de Podemos. Recuerda, como digo, a una promesa populista similar a la renta básica universal, la jubilación a los sesenta y otras promesas podemistas de corte populista.

La promesa de Sánchez no sería tan grave, si no hubiese criticado a Rajoy por la carta que envío a Juncker. Como saben, el presidente en funciones escribió al jefe de la Comisión Europea un comunicado – publicado por El País – con el compromiso de nuevos recortes para el segundo semestre del año. Recortes para evitar la multa de Europa a España por el incumplimiento del déficit. Así las cosas, el líder socialista criticó que Rajoy dijera "una cosa en Bruselas y otra en España", o sea, que dijera en Europa – en forma de carta oficial – que va a realizar nuevos recortes para la segunda mitad del año, y por otro que prometería a los españoles una bajada de impuestos. La promesa electoral de Pedro Sánchez tira por la borda la crítica vertida contra el presidente en funciones. La tira, queridísimos lectores, porque bajar los impuestos y ofrecer 217.000 empleos – o sea gastar 1.300 millones de euros – va contra la lógica de una España endeudada hasta las cejas. Así las cosas, tanto Rajoy como Sánchez – tanto monta, monta tanto – venden mantas en agosto y biquinis en enero. Nos duela o no, lo cierto y verdad, es que estamos endeudados; que le debemos dinero a Europa y que tarde o temprano se lo tendremos que pagar. Mientras no lo hagamos, seguiremos en el agujero; en el mismo que se hallan Grecia Italia y Portugal, o sea la "nueva África" de Europa.

Partiendo de que la deuda hay que pagarla, sí o sí,  porque Europa no perdona. Llega el momento de repensar cómo afrontarla, o dicho de otra manera, dónde ponemos el martillo y el cincel para romper el mármol. Hay dos maneras de hincarle el diente al asunto. La primera, recortando el Estado del Bienestar; algo que lo llevamos haciendo desde los últimos seis meses del zapaterismo. Consiste en disminuir las partidas para educación y sanidad, congelación de salarios a funcionarios, disminución de la Oferta de Empleo Público, etcétera. Esta medida tiene el coste de la desigualdad: servicios públicos de menor calidad implica un deterioro en la igualdad de oportunidades y empobrecimiento de la clase media. Al fin y al cabo, la herencia que nos dejará Rajoy. La otra medida: subir impuestos. Un aumento de la presión fiscal implicaría menos riesgo para el deterioro del Bienestar y la brecha de la desigualdad. Pagaríamos, eso sí, el precio de una disminución del poder adquisitivo y la disminución, por tanto, del consumo.

La tercera vía, propuesta por el PSOE, sería alargar la deuda, o dicho de otro modo, trasladar el problema para mañana. Esta medida permitiría zanjar los recortes – al menos temporalmente – y no tocar los impuestos. Una vía que contentaría a las clases medias – al mantener en pie la calidad de los servicios públicos – y a los nobles y plebeyos; al mantener intacto su poder adquisitivo. Gracias a este enfoque, el líder socialista podría sostener su promesa electoral – los doscientos mil y pico puestos aludidos – pero, queridísimos lectores, sería – eso sí – comida para hoy y hambre para mañana. Dentro de dos años – final del aplazamiento – otra vez tendríamos "el marrón" en nuestra casa. La deuda seguiría ahí, agrandada por los recargos e intereses de demora. Luego, estaríamos más endeudados y con menos poder económico en los mentideros europeos. Por ello, lo más sensato sería que se subieran los impuestos, eso sí: más a nobles que a plebeyos. Con ello se conseguiría cortar la hemorragia de los recortes y salir cuanto antes del agujero. Lo que todos deseamos.

Sobre Internet y Zapatero

Con motivo del Día Internacional de Internet, me acordé de Zapatero. Me acorde de él porque – aparte de que reconociera tarde la crisis y cometiera errores en la gestión de la misma – logró, durante su segunda legislatura, que España ocupara la posición novena en el orden mundial, en cuanto a desarrollo de gobierno electrónico, según un informe de la ONU; un ascenso de once puntos con respecto al 2008. Para ello, el expresidente triplicó el presupuesto en políticas tecnológicas; expandió la ciberpolítica; fomentó la cultura digital en el proceso educativo, e implantó el Plan Avanza y otros instrumentos. Mientras en el 2003 – con la derecha mediante – solo había 12 millones de usuarios de Internet en España; en el 2008; 20 millones de usuarios se conectaban a la red bajo el paraguas de ZP; convirtiéndose nuestro país en la cuarta comunidad internauta de Europa. Cincuenta mil PYMES accedieron a financiaciones para modernizar sus equipos informáticos y los centros educativos, conectados a la red, crecieron un 92% en contraste con el 67% de la media europea.

En días como hoy, los avances en las TIC, auspiciados por ZP, han caído en el saco roto del olvido. Según un informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la brecha digital ha aumentado en la Hispania de Rajoy como consecuencia – y valga la interpretación – del desmantelamiento del Estado del Bienestar y el auge, por tanto, de la desigualdad social. Según CNMC, se calcula que más de un millón de españoles nunca tendrán acceso a la conexión de banda ancha. Españoles condenados, por tanto, a una conexión lenta e inestable; un agravio comparativo en la jungla del mercado laboral. Algo vergonzoso para un país que aspira a codearse con los grandes y sacar pecho en las cloacas de Europa. Según el coeficiente de Gini – un indicador que mide la desigualdad en el mundo – España ha pasado del 0.33 en el año 2007 al 0.37 con Rajoy en La Moncloa; un dato que corrobora la hipótesis: recortes igual a brecha.

Ayer, con motivo de la intermediación de Zapatero entre la oposición y el gobierno de Venezuela – me vino a la mente su gestión en materia de política internacional. Como saben, ZP fue quien puso el punto y final a la foto de las Azores; retiró nuestras tropas de Irak, tras su llegada a La Moncloa; estimuló la Alianza de las Civilizaciones y España ostentó, durante su mandato, la presidencia de la UE. Seis meses de presidencia que sirvieron para consolidar el Tratado de Lisboa; concretar la estrategia Europa 2020 para la salida de la crisis; desarrollar la Iniciativa Ciudadana; luchar contra la violencia de género mediante la creación del Instituto para la Igualdad de Género en Vilnius (Lituania), y conseguir que Europa se convirtiera en un actor global. A pesar de tales hechos, la política internacional de Zapatero nunca gozó, la verdad sea dicha, del reconocimiento merecido. La retirada de las tropas de Irak le costó la enemistad con George W. Bush en un momento en que Estados Unidos ostentaba la supremacía internacional en materia económica, social y política. España, como saben, perdió visibilidad en el mundo; hasta tal punto que asistió a la Cumbre del G-20, celebrada en Washington en el año 2008, gracias al asiento cedido por Sarkozy.

Aparte de Internet, y del maltrato internacional que sufrió ZP por parte de Estados Unidos; el expresidente puso en práctica el discurso de Llamazares. Fortaleció los derechos sociales y luchó para que la igualdad fuera algo más que una utopía. La ley de Igualdad, las parejas de hecho, la prestación por paternidad, la Ley de Memoria Histórica y, sobre todo, el fin de ETA son, entre otros, hechos que debemos considerar para ubicar a Zapatero en el lugar que se merece. Tras cuatro años con Rajoy en La Moncloa, la clase media ha ido perdiendo fuelle en la estructura social. La brecha entre pudientes y pobres ha aumentado hasta tal punto, que cada día nos parecemos más a países sudamericanos. Países, como Brasil – por ejemplo -, donde hay poco espacio para que el ascensor social haga realidad el sueño de los pobres. Una situación lamentable, que pone en evidencia la mala gestión de quien dijo, por activa y por pasiva, que "la culpa fue de Zapatero".

Las torpezas de Sánchez

Probablemente, el plantón de Pedro Sánchez a la coalición preelectoral entre podemistas y "comunistas" – término empleado por Rivera -, le salga caro al socialista. En este momento, el PSOE atraviesa por el peor momento de su historia; incluso peor que la derrota de Rubalcaba en el año 2011. No olvidemos que Pedro obtuvo noventa diputados el pasado 20-D, un resultado desastroso, aunque – valga la alegría – no perdió la medalla de plata en el pódium de la izquierda. El pacto con Ciudadanos hubiese tenido sentido si hoy, cinco meses más tarde, la coalición de centro-izquierda siguiera vigente de cara al 26-J. A día de hoy, el partido socialista se encuentra arrinconado por el fracaso en el intento de investidura, la crisis de liderazgo, y la vanidad de quien dice: "no, gracias", a un salvavidas en medio de la tempestad que se avecina. Así las cosas, el partido de Felipe, aquel que ganó tres mayorías absolutas consecutivas en la Hispania de los ochenta; se convierte en un herido con pronóstico reservado.

La razón esgrimida por Sánchez para no adherirse a "Unidos Podemos" ha sido, como saben, la cuestión nacionalista. El referéndum para decidir sobre el futuro de Cataluña sigue vivo en la coalición preelectoral entre podemistas e Izquierda Unida; una línea roja que no ha querido pisar el partido socialista, a pesar de los posibles efectos nefastos de la medida. Digo efectos nefastos, queridísimos lectores, porque el frente popular; abierto a la izquierda del PSOE, servirá de refugio para el voto útil de catalanes, vascos y otros ismos de la Hispania de las Autonomías. Así las cosas, se da la paradoja que muchos independentistas – enfadados y rebotados con las políticas de Mas – voten – en clave nacional – al frente popular. Un frente que defiende sus intereses autonómicos y, al mismo tiempo, sirve de voz para manejar los hilos a los títeres de la tribuna. La misma voz que llevaron durante la última legislatura de Felipe; la primera de Aznar y las dos de Zapatero. Dos legislaturas donde, gracias a la iniciativa de Maragall, los catalanes consiguieron un Estatut por "encima de lo razonable". Así las cosas, la primera torpeza de Sánchez ha sido atrincherarse en la España invertebrada de Gasset sin medir las consecuencias.

La segunda torpeza de Sánchez ha sido la ruptura de su matrimonio con Rivera. Lo ha sido, queridísimos lectores, porque ahora el PSOE ha perdido el único bastón que tenía. Ahora, los socialistas están en tierra de nadie; entre el frente popular; la derecha y Ciudadanos; que pesca a diestro y siniestro en un mar embravecido. Sin Cidudanos mediante, Pedro pierde la brújula de su discurso de cara al 26-J. Por un lado no tiene la autoridad moral para arrojarle piedras a quienes fueron sus compañeros de viaje durante la minilegislatura. Por otro, necesita vender a toda costa que "se equivocó" al bailar con la fea; con la misma que tanto criticó con sus colegas a las puertas del guateque. De aquel baile sale beneficiada "la fea"; sale ganando, como digo, porque gracias a la visibilidad con el guapo, sus pequeños encantos lucen magnificados.

La siguiente torpeza del socialista – y van tres – ha sido su decisión a presentarse a las próximas elecciones. Aparte de dejar pasar el tren del Senado, de bailar con la fea y fracasar en su investidura; el socialista sigue erre con erre con su ambición personal de pasar, algún día, a los pergaminos de la historia. Pedro ya no es el joven desconocido que ganó a Madina ante el final del Rubalcabismo. A día de hoy, Sánchez se ha convertido en un problema para los suyos. Un problema, como les digo, por alejarse de la izquierda y flirtear con la "nueva derecha" a cambio de la nada. Por haber obtenido noventa diputados – el peor resultado de la vida socialista – y, por el "sorpasso" de Unidos Podemos, según el sondeo reciente de JM&A para Público. Por ello, por tantas torpezas encima de la mesa, la debacle socialista se proclama como un secreto a voces en los mentidores de la calle.

Educación para la crítica (II)

Hace unas semanas publiqué un post, que analizaba nuestro modelo educativo y proponía una serie de mejoras. Mejoras encaminadas a crear ciudadanos libres, plurales e independientes; a través de una pedagogía basada en el desarrollo del espíritu crítico y la competencia investigadora. Tras su publicación, recibí varios correos de lectores; todos ellos maestros y profesores de enseñanza secundaria. Me sugería María, desde la Coruña, que escribiera una segunda parte de aquel artículo. Andrés, desde Madrid, me pidió que profundizara en la educación comparada y, por último – por no extenderme demasiado, Clara – una maestra jubilada – me sugirió que escribiera acerca de la educación en la República. Cumpliendo con la voluntad lectora, os dejo la segunda parte de "educación para la crítica".

Mientras el pluralismo marca la senda política del "tiempo nuevo" – anunciado por S.M. en el día de su investidura -, la España bipolar permanece inmóvil ante la nueva coyuntura. Este contraste entre bipolaridad y pluralismo es semejante a la discusión eclesiástica entre lo antiguo y lo moderno; entre la ciencia y lo religioso. Un debate, como digo, que converge en las aulas de Rajoy, a pesar de la aconfesionalidad del Estado y la multiculturalidad del ahora. La transnacionalidad – integración económica, comercio mundial y globalización digital – contrasta con los brotes nacionalistas catalanes y la educación local. Educación local entendida como un cúmulo de asignaturas independientes e inconexas con la perspectiva comparada. El credo americano – los valores individualistas del "tanto tienes, tanto vales" – contrastan con la batalla por un aprendizaje cooperativo desde los años de la LOGSE. Son precisamente, este cúmulo de contradicciones entre "lo de fuera" – el mundo que hay más allá de las aulas – y "lo de dentro" – las pizarras y tizas -, las que invitan al sociólogo a reflexionar sobre el asunto.

La esuela no debería convertirse en la nueva Iglesia del XXI. Una escuela que mira hacia otro lado, corre el riesgo de convertirse en una fábrica de productos medievales; productos inservibles para un mercado globalizado, digitalizado y cosmopolita como el nuestro. Para ello, para crear un modelo educativo acorde con los tiempos que corren, es necesario abrir el abanico e introducir algunos cambios en los mimbres actuales. Ante la presencia de aulas multiculturales – con alumnos de diferentes etnias y colores – es necesario introducir el conocimiento antropológico. La antropología es el instrumento adecuado para construir sociedades tolerantes con las diferencias culturales; sociedades permeables al mestizaje y al intercambio de maneras. Es importante que los jóvenes conozcan las formas de vida de sus compañeros de pupitre. Solamente así, con el conocimiento intercultural conseguiremos eliminar del ideario colectivo los prejuicios y otros sesgos perceptivos. La localidad de los aprendizajes – historia y literatura de España, por ejemplo – pierden su sentido en el Estado transnacional. Es urgente la perspectiva comparada en la enseñanza de las humanidades. La comparación entre coetáneos del pensamiento, acontecimientos históricos y noticias internacionales favorece la ruptura del aprendizaje local en favor de lo global.

El credo americano, o para que nos entendamos, el "tanto tienes, tanto vales" es muy complicado erradicarlo de las aulas occidentales. Lo es, queridísimos lectores, porque vivimos en una sociedad de consumo y aspiraciones materiales. Una sociedad de desigualdades, dividida por la brecha del dinero, y dirigida por políticas neoliberales. Así las cosas, resulta difícil enseñar en valores comunitarios cuando la mayoría de los mortales son escépticos al socialismo y otros sistemas similares. Para salvar este escollo, seria conveniente que los alumnos aprendieran los conceptos básicos del consumo responsable, la economía sostenible, las causas de la corrupción y los riesgos de vivir por encima de las posibilidades. Una educación, en definitiva, basada en la tolerancia a lo diverso, la transnacionalidad y la economía sostenible; serviría para amortiguar los efectos negativos del capitalismo y vencer al egoísmo.

Tiempos de Galván

Lo que está pasando en España, me recuerda muchísimo a los tiempos de Galván. Jacinto – antiguo alumno de Tierno – me contó que militó en el Partido Socialista Popular (PSP), una organización liderada por su maestro durante la transición democrática. Tras la muerte de Franco volvieron a su nido las viejas golondrinas. De las tierras parisinas regresaron los socialistas históricos; aquellos exiliados más cercanos a la Hispania republicana que a la Monarquía Parlamentaria. Los históricos confluyeron con los socialistas renovados; jóvenes que no habían vivido la guerra civil y que comulgaban con las brisas del socialismo europeo. Un socialismo – el renovado – alejado de las tesis marxistas leninistas y cercano a la socialdemocracia alemana. Así las cosas, me cuenta Jacinto, en aquella España postfranquista concurrieron tres corrientes socialistas: el PSOE (H), el PSOE(R) y el PSP. Junto a ellas, se hallaba el Partido Comunista de los Trabajadores (PCT); agrupación presidida por Dolores Ibárruri – la pasionaria – y brazo político de Comisiones Obreras.

Alianza Popular (AP), la derecha de aquellos tiempos, fue un partido edificado por los peces gordos del franquismo, exministros del régimen que abogaban por los valores del caudillo dentro de los muros democráticos. Eran, en palabras de Jacinto, los "fachas de siempre"; gente con ideas retrógradas para una España rejuvenecida tras el desarrollismo de los sesenta. Así las cosas, el temor a un conservadurismo exacerbado – bajo el simbolismo de una democracia en pañales – impedía a la derecha convencer a quienes salían escarmentados de cuarenta años de rombos, Nodos y sotanas. Tanto es así que solo consiguieron el 8.34% de los votos en las primeras elecciones. Una herida democrática que fue cicatrizando con el paso de los años; conforme la vieja guardia del fraguismo dio paso a las nuevas generaciones, y la memoria histórica fue perdiendo nitidez en el ideario colectivo.

Con una izquierda fragmentada y una derecha retrógrada, el partido de Adolfo Suárez – UCD – se posicionó como la opción menos mala para una España debilitada por sus miedos y temores. Así las cosas, el centro se hizo con el cetro en dos elecciones consecutivas (1977 y 1979). En el año 1982, como saben, UCD pasó de 166 a 11 escaños. La desaparición del PSP – el partido de Galván – y la reconciliación entre socialistas históricos y renovadores hicieron que Felipe González – el joven de las patillas – ganase por aplastante mayoría. Desde aquel momento, me cuenta Jacinto, el PSOE gobernó España hasta que el Guerrismo; los casos de corrupción y la crisis de los noventa le pasaran factura tras cuatro legislaturas de gobierno, tres de ellas con mayorías absolutas. El centro, como pueden observar, dominó el escenario español en un periodo histórico donde los extremos eran sinónimo de miedo. Así las cosas, Alianza Popular representaba el temor al continuismo dictatorial, y el Partido de Santiago Carrillo recordaba las heridas republicanas. UCD – el centro – era el bálsamo adecuado para curar las heridas a un país inhibido.

Con los miedos superados, el pluralismo presente guarda – aún así – paralelismos con los tiempos de Galván. Si antes fue el miedo a la dictadura y la guerra civil, el que frenó el voto hacia fuerzas radicales. Ahora es el temor al retroceso económico y el éxodo de inversores, el que frena a los votantes hacia fuerzas populistas. Si antes hubo una izquierda dividida entre socialistas populares, históricos, renovados y comunistas de Carrillo. Ahora hay una izquierda fragmentada por socialistas, podemistas y seguidores de Garzón. Si antes la derecha se asoció con lo viejo; con lo retrógrado y el conservadurismo de los tiempos caudillistas. Ahora el cleavage electoral vuelve a replantearse en términos de "lo viejo" – la casta y sus corbatas – y "lo joven" – las rastas del hemiciclo -. Si antes fue UCD, la fuerza que buscó el consenso para una España polarizada por "los de dentro" – los seguidores del régimen – y "los de fuera" – los clandestinos y exiliados -. Ahora es Ciudadanos, el partido que pesca en las aguas residuales que habitan entre "los de arriba" y "los de abajo". Hoy – con los datos del CIS sobre la mesa – mientras Podemos pierde fuelle de cara a las próximas generales; PSOE y Ciudadanos escalan puestos en las intenciones colectivas; algo similar a lo que sucedió en los tiempos de Galván.

Sobre fracasos y sorpassos

Tras las elecciones generales del pasado 20-D, escribí una tribuna para el diario Información, titulada: "Volver a votar". En ella analizaba la complejidad de la aritmética electoral para alcanzar un acuerdo de gobierno. Cuatro meses después de aquellas reflexiones, la hipótesis se corrobora. El 26-J, como saben, volveremos a votar ante el fracaso del "tiempo nuevo", anunciado por S.M. el día de su investidura. Durante esta legislatura, la más corta de la democracia, hemos comprobado como el interés de los partidos ha prevalecido sobre el estatal. El debate entre "la gran coalición a la alemana" – propuesta por Rajoy – y el "pacto a la valenciana" – auspiciado por Podemos -, han sido el placebo para una enfermedad con pronóstico incurable. Así las cosas, no nos queda otra que asistir a una probable campaña electoral de acusaciones y reproches entre los protagonistas del fracaso.

El contraste entre rastas y corbatas ha servido para descubrir lo que se esconde detrás de las fuerzas emergentes. Gracias a esta minilegislatura, los españoles han aprendido – hemos aprendido – que Pablo Iglesias baila al son de los intereses nacionalistas, que la gran coalición no ha sido posible por el tira y afloja entre Sánchez y Rajoy, y que Podemos y Ciudadanos son como el tocino y la gasolina. Por todo ello, por la baja altura de miras de quienes aspiran a gobernarnos, España está siendo ingobernable. Lo está siendo en medio de una crisis económica, con una tasa de paro superior al veinte por ciento desde hace más de cuatro años, y una corrupción galopante de ángulos internacionales. A todo ello, hay que sumarle la violencia de género, el acoso escolar, la siniestralidad laboral, la cuestión catalana y la crisis de los refugiados. Refugiados hacinados en las puertas de Grecia en espera de que Europa decida sus destinos.

Con el "sorpasso" a la vuelta de la esquina; la campaña que se avecina será distinta a las anteriores. Lo será, queridísimos lectores, porque las circunstancias han cambiado con respecto al 20-D. Las fuerzas emergentes – Ciudadanos y Podemos – ya no son discursos teóricos, huérfanos de praxis. Ahora atesoran cuatro meses de experiencia en las bancadas del hemiciclo. El partido de Pablo Iglesias, por ejemplo, ha demostrado ser uno más de la casta. Ya no es el Robinson Crusoe de las pasadas europeas, sino un flautista de Hamelín como la mayoría de agrupaciones. Desde el comienzo del la legislatura han tejido su estrategia para las próximas elecciones. Bajo el escudo del "referéndum para Cataluña" han permanecido en la trinchera como lo hicieron las tropas de Napoleón en la lucha por Europa. Ahora, con las elecciones de camino, aprovecharán el intento fallido de Sánchez para comerle la merienda. Así las cosas, Podemos se presenta a las nuevos comicios como el abanderado de la izquierda; como el partido que propuso el "pacto a la valenciana" y, por culpa de Sánchez se fue todo al garete.

La derecha, por su parte, tampoco queda bien parada de este desaguisado. Aunque Rajoy diga que la opción menos mala es la convocatoria de elecciones; lo cierto y verdad, es que su discurso queda en bancarrota. No estuvo a la altura en la campaña electoral anterior – no asistió al debate con sus rivales – y tampoco lo estará en la venidera. No lo estará, porque renunció al debate de su investidura; tiró la toalla a la primera de cambio, y ello – en palabras del vecino – le pasará factura el día de las urnas. Mientras Pedro Sánchez llegó a un acuerdo de mínimos con las filas de Rivera; el presidente en funciones ha permanecido pasivo, esperando que su rival fracasara para hacer leña del árbol caído. Abstención mediante, el único que saldrá reforzado en los próximos comicios será Ciudadanos. Lo será porque ha jugado un papel similar al que jugó Adolfo Suárez durante el pluralismo limitado, que caracterizó las primeras elecciones postfranquistas. Un rol necesario para bajar el efecto efervescente de los intereses de partido.

El periodismo herido

Con el titular ”Iglesias ataca a la prensa", el editorialista de Caño arremete contra el líder de Podemos. Arremete contra él por sus polémicas palabras durante la presentación del libro "En defensa del populismo", del filósofo Fernández Liria, en el paraninfo madrileño. En la charla, el líder del morado dijo que "buena parte de los periodistas que le siguen están obligados a hablar mal de Podemos porque así son las reglas del juego". Insinuó que los medios de comunicación no dicen la verdad acerca de su partido, sino que lo desprestigian con tal de contentar a sus clientes, sus lectores. Pablo Iglesias aludió a Álvaro Carvajal, periodista de El Mundo, como ejemplo de mala praxis periodística; cosa que ha enfurecido a los tigres de papel.

En España, el molde mediático que funciona es el modelo polarizado. Este modelo, a diferencia del anglosajón,  se caracteriza por el alto servilismo a los partidos; por un mercado periodístico "en pañales"  – tras cuarenta años de Nodos, fútbol y toros -; por el escaso desarrollo de la profesión – con miles de despidos e intrusismo profesional – y, por el intromisión estatal en los asuntos de la comunicación. No olvidemos que la agencia EFE fue patrimonio del Estado hasta el año 2001, y que las televisiones autonómicas han sido cuestionadas en múltiples ocasiones. Las consecuencias de estas "reglas de juego", aludidas por Iglesias, desembocan en una prensa parcial y predecible, que reproduce los sesgos ideológicos de las dos Españas de los tiempos de mi abuela.

Aunque los tigres defiendan la objetividad de sus noticias; lo cierto y verdad es que la subjetividad forma parte del oficio periodístico. Así las cosas, la confección de la agenda setting (la decisión de los temas del día), el diseño de las portadas, el orden jerárquico de las noticias, la secuenciación de los planos y la selección de los titulares son, entre otros, instrumentos que sirven a los medios para moldear los hechos y adaptarlos a los gustos y preferencias de sus lectores, sus clientes de quiosco. Los periódicos se encuentran sometidos a intereses económicos. No olvidemos que detrás de las cabeceras, existen campañas publicitarias que sirven de financiación a un sector en bancarrota. La unión de la derecha mediática contra el Gonzalismo a principios de los noventa; la destitución de Alfredo Urdaci por Televisión Española; la cesión de Cintora y el reciente despido de Bertín; ponen en evidencia cómo se mueven los hilos en la industria de la cultura.

Aparte de los problemas señalados arriba, la opinión que se vierte en las columnas de papel está monopolizada por los mismos de siempre. Césares Vidales, Herreras, Camachos y Carrascales, entre otros, acaparan los espacios de opinión, impidiendo que nuevas plumas les muevan sus pedestales. Tanto es así, que el que escribe ha sufrido la censura en decenas de tribunas; que si no fuera por los pergaminos de este blog, nunca hubiesen salido a la luz. Aparte de ese columnismo de tintes repetidos, las secciones de opinión están plagadas de "intocables" o "figurones", en la jerga de Sánchez Cuenca – autor de "La desfachatez intelectual" -, como Vargas Llosa, Cercas o Reverte; que desde una retórica novelesca opinan sobre temas políticos sin el rigor científico que deberían.

Llegados a este punto, queridísimos lectores, es necesario que el modelo periodístico mediterráneo se contagie de las brisas anglosajonas. Para ello, para conseguir una prensa más libre, plural e independiente es necesario romper, de una vez por todas, las "dos Españas" que decíamos atrás. Es urgente que los periódicos se financien con las cuotas de sus lectores – como ya lo viene haciendo Infolibre, por ejemplo -. Es necesario que los "intocables" y "literatos" den paso a nuevos talentos. Talentos temporales y reciclables para crear una opinión flexible y diversa; alejada de los sesgos opinables actuales. Por todo ello le doy la razón a Pablo Iglesias, salvo en la crítica que le hizo a Álvaro Carvajal, periodista de El Mundo. No la comparto, como les digo, porque cuando la crítica es personal y descalificatoria se convierte en destructiva; algo nefasto para la democracia y las reglas del respeto.

Panamá, Conde y otros sinsabores

Por mucha cara de póker que pusiera José Manuel Soria, al enterarse que su nombre figuraba en los papeles de Panamá, lo cierto y verdad, es que lo han pillado con las manos en el ajo. En este país hay – como dicen por ahí – dos varas de medir: una para los robagallinas de toda la vida y otra para los pudientes, aquellos de cuello blanco que tienen contactos y saben moverse por los tentáculos del sistema. Uno de ellos, por poner un ejemplo, es Mario Conde. Desde que salió de la cárcel ha publicado libros; ha opinado en debates televisivos y, para más inri, ha dado clases de moralidad económica a través de su Facebook. Lo ha hecho, y no habría nada de malo en ello sino hubiese escondido – presuntamente – cadáveres en su armario.

A veces me pregunto: ¿se piensan "los de arriba" que "los de abajo" somos idiotas?, ¿se piensan que nos tragamos sus milongas con esas bobadas de los portales de la transparencia? Digo bobadas porque la visibilidad del patrimonio no es condición suficiente para salvar la honorabilidad de los elegidos. Aunque la corrupción sea irrisoria si la comparamos con el extenso número de alcaldes y diputados que hay en nuestros prados; lo cierto y verdad, es que un garbanzo negro amarga el mejor de los cocidos. En días como hoy, con la que está cayendo en muchos hogares españoles, resulta indignante que señores declarados insolventes – me refiero a Mario Conde – hagan de las suyas para lavar, supuestamente, trece millones de euros procedentes de Banesto.

Aunque al Gobierno se le llene la boca hablando de "tolerancia cero" a la corrupción; los hechos – que al fin y al cabo son los que cuentan – señalan para otro lado. Digo esto, queridísimos lectores, porque la Ley de Amnistía Fiscal fue – y es – un claro ejemplo de tolerancia y vista gorda al ladrón de guante blanco. La ley fue – y es – una herramienta para evacuar las aguas que inundan los paraísos fiscales. Un cincel maquiavélico – y valga la metáfora – para hacer caja en tiempos de vacas flacas; a costa del dinero obtenido mediante mecanismos fraudulentos. Dicen las lenguas oficiales que Hacienda somos todos; que la ley es igual para todos – en palabras de Juan Carlos – y que en este país: el que la hace, la paga. Sin embargo, la realidad corrobora lo contrario. Vemos como señores multimillonarios están de patitas en la calle; mientras otros – gente humilde e ignorante -, por errores insignificantes, están muertos de asco en cárceles españolas. Son precisamente las corrientes clientelares; las puertas giratorias y las tapaderas familiares; las que explican gran parte de tales tropelías.

Desde los papeles de Bárcenas; pasando por Iñaki Urdangarín, el caso Rato, los ERE de Andalucía y aterrizando en el ayuntamiento de Granada, la corrupción se ha convertido en un problema capital para la opinión pública española. Tanto es así, que algunos medios internacionales han comparado a nuestro país como "la Venezuela de Europa". Un país, de pillos y granujas – como diría Shakespeare si nos oyera -, donde la golfería cabalga a sus anchas por el césped de gobiernos cuestionados. Ministros, cantantes, actores y hasta la mujer de Felipe González aparecen en los papeles de Panamá. Papeles que gracias a su publicación ponen en evidencia el mal ejemplo de ”los de arriba" a "los de abajo". Así las cosas, los portales de la transparencia, e inventos por el estilo, valen más bien poco; si quienes allí aparecen ocultan parte de sus riquezas en lugares opacos.

Sobre Podemos y el 15-M

Dentro de un mes se cumplirá el quinto aniversario del Movimiento 15-M; de los indignados de Hessel – en palabras del filósofo – o de los "perroflautas y pendencieros" – en palabras de Esperanza Aguirre -. Como recordarán, aquellas movilizaciones surgieron en la recta final de la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero. España se encontraba, como recordarán, inmersa en la mayor crisis económica internacional desde la de 1929; el CIS reflejaba el malestar general con el sistema político y, para más inri, había una desafección a la democracia representativa. Paralelo al 15-M, se cocía la Primavera Árabe; un conjunto de revueltas populares contra los gobiernos de Túnez, Egipto y Libia. El rasgo común de la "indignación" como movimiento social fue el uso de Internet, las redes sociales y los teléfonos móviles. Aquellos años se conocen en los foros politológicos como la primera revolución digital en la era digital.

Como recordarán, el 15-M fue un movimiento heterogéneo – de jóvenes y no tan jóvenes – que criticaron, entre otras cosas: la corrupción institucional; la falta de sensibilidad de las élites con los problemas de la ciudadanía; la rendición de los políticos a los dictámenes de las Organizaciones Internacionales; el clientelismo político en las democracias avanzadas; la ausencia de iniciativas políticas y la falta de transparencia de las Administraciones Públicas. El movimiento 15-M se caracterizó por sus manifestaciones callejeras; su actitud no violenta; su nivel de espontaneidad; horizontalidad y, sobre todo, su independencia con respecto a cualquier partido político. Desconfiaban de todas las organizaciones políticas; aunque muchos partidos quisieron sacar tajada del fenómeno. La clave del éxito del 15-M, como de cualquier movimiento social, fue la conexión con la sociedad. La indignación fue, como saben, el pensamiento en voz alta de millones de cabezas pensando al unísono.

Tras las elecciones generales del año 2011, y con Mariano Rajoy al frente de La Moncloa, el silencio de las plazas contrastó con el grito amarillo de los meses anteriores. El fin del zapaterismo y, la ilusión de la gente por recuperar el "España va bien" de los tiempos aznarianos – la tierra prometida de Mariano -, explica parte del apagón del movimiento. La corrupción galopante del Partido Popular, el descenso tímido del paro, el emplasmamiento de Rajoy y el desmantelamiento del Estado del Bienestar; hicieron que Podemos supiera conectar con los nostálgicos del 15-M. Pablo Iglesias supo integrar en su discurso todas las dolencias que sirvieron de síntomas para que, años atrás, los indignados de Hessel salieran a la calle. El líder de Podemos despertó el pensamiento latente de la indignación. La "casta", "los de arriba y los de abajo", "el robo a los pobres parar dárselo a los ricos", "la renta básica universal", "los corruptos" y otros muchos términos; fueron acuñados por Podemos para crear la identidad política de su partido. Una identidad que representaba a millones de desencantados con las políticas de Zapatero y desengañados con las promesas incumplidas del Rajoy.

Tras el éxito de las elecciones europeas, Podemos ya no representa "el brazo político" del 15-M; al menos así lo reflejan cada día las encuestas. El partido de Pablo Iglesias ha roto con su utopía. Ahora es uno más de la parrilla; uno más de la "casta" en palabras de su jerga. Son uno más de la casta porque dialogan y tienden la mano a quienes, en campaña electoral, eran sus peores enemigos. Podemos, en palabras del borracho, es un partido como otro cualquiera; con sus problemas de liderazgo; organizativos y enfrentamientos internos. Tras el resultado de las elecciones andaluzas; el partido de Pablo ha ido perdiendo fuelle; se ha ido desinflando como un globo durante una fiesta de cumpleaños. Tras las elecciones del 20-D, Podemos ha barrido – y barre – para los nacionalistas – sus "socios" preelectorales; una línea roja que le ha impedido entenderse con el centro. Así las cosas, Podemos se ha convertido en el globo arrugado que yace en el suelo tras la frustración de millones de indignados.

Resucitando a Cervantes

Me contaba Carmelo – un viejo conocido del Maracaibo – que a su hija, de cinco años, le leía todas las noches fragmentos del Quijote en lugar de Blancanieves y cuentos por el estilo. La niña conocía a Sancho y Rocinante como si fueran de su familia. Tanto es así, que en su habitación colgaban dibujos de Dulcinea; espadas y herraduras. Carmelo es profesor de Lengua y Literatura en una universidad de las tripas parisinas. Siente tanta pasión por Cervantes, que su tesis doctoral versó sobre el habla popular de los tiempos del Quijote. El otro día, tras varios meses sin saber de él, me envió un correo. Me pedía que por favor escribiera algo acerca del cuarto centenario de la muerte de Saavedra. Algo parecido a "huesos sin nombre", un artículo que escribí, hace un año, para Levante EMV.

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