La página de Carmena rompe los hilos de la confianza entre lectores y medios 


l otro día visité "Versión Original", el sitio web creado por el Ayuntamiento de Madrid para desmentir los "supuestos errores mediáticos". Me llamó la atención la desviación que existe, en ocasiones, entre la fuente matriz; es decir, la nota de prensa y su tratamiento periodístico, o dicho de otro modo, su transformación en noticia. Como saben, la página de Carmena ha recibido fuertes críticas, provenientes de frentes periodísticas. Ante lo expuesto, he considerado oportuno reflexionar sobre el asunto. Un asunto controvertido porque, por una parte, pone en duda el "derecho a una información veraz y objetiva", contemplado en la Constitución y, por otra, amenaza al futuro de la profesión. Lo amenaza, como digo, por la posible proliferación de webs de desmentidos por toda la geografía. La página, por su parte, cumple con la legalidad vigente; no atenta contra la competencia y, respeta la honorabilidad del periodista mediante el anonimato de su rúbrica. 

El problema de dicha web gira en torno al "secreto de las fuentes". Como saben, los periodistas tienen el derecho – amparado por la Carta Magna – de no revelar la identidad de las mismas, salvo requerimiento judicial. Es, precisamente, esta "prerrogativa" de la profesión, la que queda debilitada por la "idea de Carmena". Queda debilitada, como digo, porque se cuestiona "la presunción de verdad" de los contenidos mediáticos. Así las cosas, la página de Manuela rompe los hilos de la confianza entre lectores y diarios. Por ello, por esta razón, muchos colegios de periodistas han criticado la "Versión Original" porque arroja piedras contra su propio tejado. Las arroja, queridísimos lectores, porque de ahora en adelante, los redactores deberán respetar hasta "los puntos y comas" de las notas de prensa, si no quieren ser ruborizados por “los escribas de Carmena”.

Con estos mimbres, la profesión del periodista corre el riesgo de convertirse en una mera correa de transmisión entre las élites y el pueblo. 

A pesar del daño que provoca la página a la industria de la cultura, la medida es espléndida para los ojos de la crítica. Gracias a la iniciativa madrileña, la sociedad del conocimiento sale fortalecida. La idea sirve para debilitar el modelo periodístico occidental. Un modelo, como saben, al servicio de los partidos en detrimento de las audiencias. Ante ello, la página de Carmena rompe, de una vez por todas, la lanza contra la "ideologización de las noticias"; una necesidad requerida para sanear la democracia de los sesgos subjetivos. Por ello, no entiendo por qué algunos colegios de periodistas sacan sus uñas contra un instrumento adecuado para el cambio de modelo. Un nuevo modelo, basado en las directrices constitucionales, y desprovisto de todo intento de subjetivación de los hechos. Decía Lenin – y valga la cita –  que "solo los tontos discuten sobre hechos".

La página de Carmena rompe, de una vez por todas, una lanza contra la "ideologización de las noticias"

Desde la crítica revindicamos más páginas al estilo de Carmena. Las revindicamos porque este es el camino para construir un modelo de prensa diferente al que tenemos. Aunque algunos críticos han tachado la medida de "tufo venezolano"; aunque nada tiene que ver al respecto. La página de Manuela es una "revelación de secretos", de secretos periodísticos. Pone sobre la mesa la fuente del medio e invita a los ciudadanos a que reflexionen sobre los diarios que les informan. Algo formidable para despertar el espíritu crítico y sembrar la duda ante cualquier argumento de autoridad. El periodista siempre podrá opinar a través de columnas destinadas al efecto o tertulias de televisión. Una opinión basada, eso sí, en los hechos; constructiva y desprovista de injurias y demagogias. Solamente así, con páginas de desmentidos, conseguiremos salvar a la democracia de la partidocracia. 

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Había pasado un año entre rejas y, como dicen las hijas de Andrés: "los años no pasan en balde"


l patio de la cárcel, en palabras de Alejandro, es como el "estado de naturaleza" de Hobbes. Un lugar donde la fortaleza emocional es imprescindible para sobrevivir sin libertad. Durante diez años, estuvo preso en Foncalent. Todo ocurrió cuando hacía "la mili" en "los regulares" de Melilla. Allí, dicen las malas lenguas, se rodeó de malas compañías. Tanto es así, que jugó con fuego y se quemó; lo pillaron con no sé cuantos kilos de hachís, cuando desembarcaba en el puerto de Almería. Alejandro es un hombre de pueblo. Su padre – que en paz descanse – regentaba una charcutería en la calle de "los Patatas".  Durante la infancia, jugaba a las canicas en el callejón de "los Albertos" y al fútbol con pelotas de plástico. Cuando era adolescente frecuentaba "la Trébol", una discoteca del pueblo, donde las chicas se soltaban la melena en los rincones oscuros del fondo. 

Su paso por la cárcel supuso un antes y un después en la huella de su vida. Muchas clientas de su padre dejaron de comprar en la charcutería y, el cura – don Salvador – dejó de saludar a su madre. Tanto daño causó a los suyos su estancia en Foncalent, que su hermana tuvo que buscarse la vida en la capital, ante la imposibilidad de trabajar en los intramuros de su pueblo. Y todo – queridísimos lectores – por el estigma social de su hermano. Aunque Alejandro era un tío inteligente cometió la mayor tontería de su vida: correr un riesgo innecesario. En prisión, se matriculó en la UNED en los estudios de Derecho. Con muchísima constancia y fuerza de voluntad obtuvo la licenciatura con premio final de carrera. Todo un logro – y de ello les doy fe – para una persona que "no sabía ni abrir un libro", y para más inri “había infringido la Ley". 

Cuando le faltaba un año para cumplir su condena, falleció su padre. En el entierro notó la repulsa de los suyos. Se dio cuenta de que las miradas del ayer, no eran las de hoy. Se dio cuenta – y perdonen por la redundancia – de que los otros veían en él, a un "desviado social". Había pasado casi una década entre rejas, y como dicen las hijas de Andrés: "los años no pasan en balde".  Alberto – su amigo de las canicas – ya no era el "guaperas" de la Trébol. Ahora era un cincuentón; calvo y con barriga. Aurora – la hija del tabernero – se había convertido en una mujer elegante; conducía un coche caro y olía a Chanel. La cerrajería de su tío, ahora era la oficina del Banco Sabadell. Y, para postre, Adela – su novia durante cinco años – era la esposa de Javier, el alumno preferido de doña Inés. "La vida es un pedacito de tiempo; unos lo aprovechan y otros lo malgastan", dijo Francisco, el cuñado de su padre.

Cuando cumplió la condena, Alejandro huyó hacia Madrid. Sabía que en su pueblo no tenía nada que hacer. En la capital encontró trabajo como asesor jurídico. Allí, decía: “aprendí a conducir". Puso en práctica el grado de la UNED y consiguió disolver la mancha del ayer. Un día, mientras paseaba por la Castellana, se encontró con Gregorio – un viejo conocido del pueblo -. Después de un fuerte abrazo, Gregorio le dijo que sabía lo de la cárcel. Alejandro se dio cuenta que su pasado formaba parte de él. Lo podía esconder y disimular para que "los nuevos personajes de su vida" no tuvieran constancia de sus tiempos de Foncalent. Ahora bien, en cualquier momento podía aflorar; era como un cáncer latente que viajaba con él. Cuando llegó a casa, puso la Sexta Noche; estaban discutiendo Inda y Errejón. La política – pensó - es un tira y afloja perenne entre presente y pasado. Por mucho que quieran – los políticos – esconder las vergüenzas del ayer, siempre habrá un Gregorio o un José que las sacará a relucir. ¡Cuánta razón tenía Machado!

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La estrategia de Merkel reside en tensar la cuerda, hasta que la izquierda caiga y se convoquen elecciones


arlos es un viejo amigo de la universidad. Lo conocí en el club social, la cafetería de la Universidad de Alicante. Coincidíamos todos los días a la hora del café. Recuerdo que se solía pedir un vaso con leche, bien cargado de Cola Cao. Se lo pedía para aguantar a Manuel, el profesor de estadística. Nos encantaba intercambiar opiniones sobre las políticas de Aznar y los casos de corrupción que azotaban al país. Durante el último año de carrera, a través del programa Erasmus, Carlos hizo un intercambio universitario con Bárbara – una joven que cursaba economía en la Nacional de Atenas. Tanto le gustó Grecia que volvió para quedarse. Se casó con Amelia y encontró trabajo como economista en un banco de Salónica. Desde entonces, nunca he perdido el contacto con él. Nos escribimos por correo electrónico y recientemente por wasap.

El domingo, sin ir más lejos – mientras veía el programa de Ana Pastor – recibí un mensaje de él, que decía: "estoy en la plaza Sintagma y tengo la piel de gallina; siento la democracia". Durante estos años – desde que Grecia entró en el pozo de las desgracias – Carlos me decía; que "la situación helena es más grave de lo que parece". Tanto es así que muchos mendigos – ex funcionarios y ex empleados administrativos – acuden a los conventos a cenar la "sopa boba"; un caldo con fideos y un mendrugo de pan; parecido al que servían a los condenados en los campos de exterminio. A las diez de la noche, las serpientes acuden a los contenedores de basura. Las serpientes son los brazos de los nuevos pobres. Nuevos pobres; que buscan entre las sobras de los pudientes algún yogurt caducado para llevárselo a la boca. Por las calles de Atenas – me cuenta – se entremezclan las barrigas de "los de arriba" con los cuerpos desnutridos de "los de abajo". Somos – me decía – la necrópolis de Europa. Un país que nunca levantará cabeza, mientras siga con sus púas.

Ayer, le escribí a Carlos. Quería saber cómo estaba la situación en Grecia tras el referéndum. Me dijo que a la troika le había sentado como "una patada en el culo" el "acto chulesco de Tsipras". Al parecer, el problema es Syriza (el Podemos Italiano). La estrategia de Merkel reside en tensar la cuerda, hasta que la izquierda caiga y se convoquen elecciones. Algo improbable – dice Carlos – porque la soberanía popular ha dicho "no" a las políticas de austeridad. Desde que se declaró el corralito, han aumentado los hurtos callejeros; los destrozos en cajeros y los atracos a los bancos. La gente quiere huir del país. Grecia desprende el olor a cadáver de los enfermos moribundos. El referéndum ha enfurecido al león. Un león acostumbrado – me cuenta – a que los otros no digan ni "mu" por el miedo a morir.  Los medios de comunicación están enfrentados. Mientras los afines a Syriza muestran un escenario esperanzador, los que barren para Merkel temen lo peor; la salida de Grecia del euro.

También es cierto – me cuenta Carlos – que aquí (en Grecia) se han hecho las cosas mal. Este país siempre ha sido reacio a pagar impuestos; el gasto público no está equilibrado; la iglesia y el ejército se llevan la mayor parte. No fueron "trigo limpio" con la transparencia de sus cuentas y ahora, pasa lo que pasa. Por mucho referéndum que se convoque, Grecia tendrá que pagar sus púas. Las pagará porque si no lo hiciera; estaríamos ante los preámbulos de un conflicto intraeuropeo. Un conflicto fundamentado en el agravio comparativo. Por ello, la situación es muy complicada. Si Tsipras cede a los dictámenes de Merkel, Syriza será un cadáver político que se llevará por delante a los "populismos europeos". Si resiste, si se mantiene en sus trece; las tensiones sociales aumentarán y la crispación económica pasará factura a las bolsas europeas. Por ello – dice Carlos – que lo más justo sería un acuerdo que estableciera un nuevo marco de convergencia para toda la Eurozona. O dicho de otro modo, que los privilegios concedidos a Grecia fuesen compensados – de alguna manera – a los otros de la parrilla. Con ello salvaríamos el "agravio comparativo" y los efectos colaterales de una Europa sin helenos. 

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Si Tsipras consiguiera que la troika y el FMI se bajaran del carro; el partido de Pablo Iglesias sacaría rédito del asunto


pocos meses para las elecciones generales, el caso griego ha caído como un jarro de agua fría en las filas del "morado". Ha caído mal, como digo, porque Alex Tsipras está "sudando la camisa" para que Merkel y Lagarde pasen por el aro. Tanto es así, que el "Podemos italiano" está entre la espada y la pared en esta encrucijada. Por un lado, lucha para seguir en Europa y, por otro; pelea para mantener sus promesas electorales. Seguir en Europa, supondría aceptar los sacrificios impuestos por el FMI y afrontar una crisis de Gobierno. Mantener las promesas electorales, o dicho de otro modo, continuar por la línea populista; implicaría el castigo de Merkel; la evasión de capitales y, la posible expulsión del chiringuito. Medida que convertiría a Grecia en la nueva Cuba de Europa. 

Así las cosas, muchos votantes de Podemos visionan con recelo la película helena. La visionan, porque temen a que un hipotético gobierno de Pablo Iglesias; suponga para España, un conflicto similar al que sufren sus vecinos. Aunque las circunstancias no sean las mismas; lo cierto y verdad, es que a la Troika, el FMI y toda la parafernalia junta; les importa un bledo, la microeconomía. Lo único que les preocupa; son las cuentas agregadas: el gasto público, el déficit, la inflación, la prima de riesgo y la deuda pública, entre otras. Por ello, por mucho que la izquierda "le saque los dientes" a Bruselas; "los ratones" tienen la batalla perdida en la jaula de los leones. La tienen perdida – queridísimos lectores – porque, "el conservadurismo alemán" tiene cogida la "sartén por el mango". Lo que es bueno para los débiles – Grecia, Portugal y España – es malo para Merkel y, viceversa. Luego, mientras el neoliberalismo sea el modelo ideológico que gobierne Europa, los populismos y "los partidos contracorriente" serán "criminalizados" por los dictámenes de siempre.

Por mucho que algunos griegos quieran salirse del euro, no sabemos si es peor; el remedio o la enfermedad. No lo sabemos, porque Grecia es "un enfermo terminal", conectado a una máquina de respiración artificial. Fuera de la Eurozona, sería – como dije en el párrafo primero – la nueva Cuba de Europa. Un país con una moneda insignificante en el mercado de divisas; sin atracción inversora y con una deuda galopante, que los sepultaría en los túneles de África. No obstante a las “instituciones acreedoras” tampoco le interesa que caiga Grecia. No le interesa, porque ello supondría un desplome de los mercados bursátiles; así como un éxodo de capitales ante la desintegración económica. Por ello, aunque no haya habido – hasta el momento – un acuerdo de mínimos entre Syriza y “Europa”, lo habrá – tarde o temprano – porque ambas partes, son necesarias para la solución del problema. 

Si Tsipras consiguiera que la Troika y el FMI se bajaran del carro – o dicho en términos más formales -, si consiguiera renegociar la deuda; aminorar los sacrificios y continuar en el euro. Entonces, y solo entonces, el partido de Pablo Iglesias sacaría rédito del asunto. Lo sacaría, porque lo que no consiguió Hollande, ni Zapatero; lo habría conseguido "el populismo". Algo formidable para Podemos y nefasto para los socialistas. Nefasto, y digo bien, porque el éxito de Tsipras demostraría que ZP no luchó lo suficiente ante los dictámenes de Merkel. Y demostraría que si lo hubiera hecho; quizás hoy, el sino de la historia sería diferente. Si ganara Tsipras; ello traería – sin duda alguna - efectos colaterales para Rajoy y los suyos. Los traería porque se pondría en evidencia que "quien no llora, no mama". Y Rajoy ha llorado bien poco ante los abusos de Bruselas. Si no ganara Tsipras y Europa se saliese con la suya; si continuara la política sin escrúpulos y el desmantelamiento del Estado del Bienestar; Podemos sería "carne de cañón" en las próximas generales. Lo sería, porque; el efecto griego demostraría que quien manda en Europa son los mercados; por mucho que algunos digan lo contrario. Atentos.

 

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Si yo fuera Carmena – me contaba Juan – hubiese cesado de inmediato a Guillermo Zapata


yer, mientras tomaba café en "El África", hablé con Juan sobre los tuits del concejal de Carmena. Qué necesidad tenía de meterse con los judíos, las víctimas de ETA y Marta del Castillo. Aunque se tratara de humor negro – me decía Juan -, la libertad de expresión tiene sus límites. Si no fuera así, los derechos fundamentales serían papel mojado; cualquiera podría insultar al prójimo y "santas pascuas y alegría". No olvidemos, que la democracia es el marco institucional para la gestión de libertades. Libertades entendidas como "márgenes de acción", dentro de los frenos del Estado de Derecho.

Los elegidos representan nuestros intereses, motivaciones y valores. Luego, el comportamiento de las élites es determinante para construir el andamiaje de la ética. Una ética basada en la tolerancia, como principio fundamental de la sociedad plural en que vivimos. La dimisión de Zapata, como "concejal de cultura", es condición necesaria, pero no suficiente para la higiene política. En días como hoy, en los que tanto se habla de "regeneración democrática", no es admisible que los elegidos hagan humor negro con las desgracias ajenas. No lo es, porque el oficio de la política; es algo más que gestionar presupuestos y asistir a plenos. El político – en palabras del filósofo – debería ser, ante todo, un educador en valores.

En días como hoy, algunos políticos no hacen un buen uso de las redes sociales. No lo hacen, porque emiten mensajes al diálogo global; sin percatarse de la diversidad receptora. Por ello, antes de lanzarse al ruedo – como diría Matías Prats si nos oyera - deberían inspeccionar el terreno, para conocer de cerca al toro que les mira. Si no lo hacen, si escriben como si hablaran con los suyos en una tarde de domingo; tendrán los días contados en la plaza que torean. Los tendrán, porque cualquiera podrá escarbar en sus tierras y descubrir el secreto que disimulan. Por ello – me decía Juan – lo mejor es que no escriban en twiiter; o  que lo hagan con mesura, y siendo responsables de los efectos provocados.

No es admisible que los elegidos hagan humor negro con las desgracias ajenas

Si yo fuera Carmena - me contaba Juan – hubiese cesado de inmediato a Guillermo Zapata. Lo hubiese cesado porque sus tuits son una falta de respeto a las víctimas. Con el tuit: "¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero"; el autor se mofa de los campos de concentración nazi; del sufrimiento de miles de judíos que fueron asesinados por los caprichos de Hitler y, de los familiares de tales difuntos. Otros tuits del exconcejal de cultura, como: "#Rescateficción Rajoy promete resucitar la economía y a Marta del Castillo" o “ser comunista nunca había sido tan sencillo. Es solo un poco más sencillo que ser de ETA"; ponen en evidencia la gravedad del asunto.

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Hace un año y medio, le diagnosticaron un cáncer de colon, el mismo mes que a Zerolo


l otro día, le pregunté a Jacinto por Aurora; una vieja conocida de la universidad, que milita en el partido socialista. Es – como diría mi abuelo, si me oyera – una activista de pura cepa. Está metida en todos los embrollos. Es vocal del AMPA del colegio de Irene, su hija. Vicepresidenta de la asociación de amas de casa. Presidenta de la comunidad de propietarios por sexto año consecutivo. Secretaria de la comisión de fiestas de su pueblo. Y, por si fuera poco, la acaban de nombrar presidenta de honor de una asociación dedicada a la digitalización de periódicos republicanos. Le pregunté a Jacinto por ella -como digo - porque a sus 39 años – hace un año y medio – le diagnosticaron un cáncer de colon. Se lo diagnosticaron – casualidades de la vida – el mismo mes que a Zerolo

Hace tres meses fui a verla. Su casa parece – y no exagero en absoluto – un museo del partido socialista. En la vitrina del salón, tiene fotos con Felipe González, Alfonso Guerra, Trinidad Jiménez, Joaquín Almunia y Zapatero, entre otras. La más reciente, es una con Pedro Sánchez. Se la hizo el año pasado, cuando el líder socialista acudió a su pueblo durante las primarias del partido. El cenicero, que hay en la mesa de la cocina es una reliquia de los tiempos “felipistas".Felipe aparece con veinte años menos, pelo negro y una chaqueta de pana marrón. Bueno lo de pelo negro, no es del todo cierto; en el cenicero lo tiene gris – dice Aurora – de tanta ceniza que le ha caído encima a lo largo de estos años. En su dormitorio, cuelga una foto de Zerolo; lleva un jersey verde y una bufanda a rayas. Luce sus rizos azabaches, – los mismos que le arrebató el cáncer – y una sonrisa sincera y llena de energía, que nunca consiguió borrarle el "bicho". 

Aurora es presumida, coqueta y adicta al maquillaje. En la universidad no pasaba desapercibida. Solía vestir con vaqueros desgastados, camisetas de Benetton y pañuelos de mercadillo. Ropa barata pero muy bien conjuntada para un cuerpo lleno de vida. En aquellos tiempos ya ocupaba cargos en colectivos estudiantiles. Luchaba, para que los hijos del barrendero tuvieran las mismas oportunidades que las hijas de Alejandro, el banquero de su pueblo. Le indignaba que los gays y lesbianas no pudieran casarse en plena democracia. No soportaba a los curas. Tanto es así, que estaba en contra del bautismo y todos los sacramentos juntos. No se casó por la Iglesia, ni acudió al funeral de su suegra. Fiel seguidora de Nietzsche, no entendía por qué Dios seguía vivo en las sociedades avanzadas. Por muchos Padrenuestros que rece – decía – si no fuera por la ciencia, ya estaría enterrada en el panteón de mi abuela.

El cáncer ha secuestrado su cabello dorado y el rosado de sus mejillas. Hablé con ella de Podemos, del caso Errejón, y de libros. Me dijo que estaba leyendo "Garzón: el hombre que veía amanecer", un libro viejo; escrito por Pilar Urbano, que le había comprado su cuñada en la feria de Madrid. Después de un rato, acabamos hablando de salud. Le pregunté cómo llevaba el tratamiento. "He aprendido a morir", me dijo. "Gracias a la enfermedad, ahora estoy más viva que ayer. Hago deporte, voy al cine y como pizzas los sábados por la noche". Mientras hablaba, la miré atentamente a los ojos; estaban sanos; brillaban como las estrellas en una noche de San Juan. Me dijo que no servía de nada rezar, ni llorar, ni lamentarse por la enfermedad. Me llamó la atención una “Z” que lucía en su mano izquierda. La miraba y no le encontraba sentido. El nombre de su marido empieza por jota; su padres son Antonio y María, y su hija se llama Irene. No lo pude remediar, y le pregunté: Aurora: ¿Y esa zeta? "Es la zeta de Zerolo", me contestó.

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Maquiavelo veía con buenos ojos, la propuesta de Esperanza Aguirre de formar un frente antiPodemos


ras las elecciones autonómicas y locales, el cuñado de Rodríguez – Gregorio – reunió en su casa a los filósofos del pasado. Desde Grecia – a millones de años del siglo XXI – llegaron Platón y Aristóteles. El primero, portaba un libro bajo el brazo, titulado "La República". El segundo, "La política", un compendio sobre leyes, ciudades y revoluciones. También asistió Maquiavelo, un funcionario de las tripas italianas que se hizo famoso – después de muerto – por "El Príncipe", un tratado sobre el oficio de la monarquía. Mientras tomaban café y alguna que otra copa de whisky, llegó un señor de barba blanca y aspecto desaliñado. En sus manos llevaba "Das Kapital", una crítica ácida al juego sucio entre opresores y oprimidos. Adam Smith y Keynes fueron los últimos en llegar. Ambos, como saben, son la noche y el día en asuntos económicos.

Mientras Gregorio intercambiaba impresiones con Platón acerca de los resultados electorales, Aristóteles charlaba con Keynes sobre la necesidad de llegar a un acuerdo justo para la gobernanza del ahora. Maquiavelo, por su parte, veía con buenos ojos la propuesta de Esperaza Aguirre sobre "formar un frente antiPodemos", con tal de arrebatar la alcaldía a la jueza "populista". El autor del "Príncipe" no creía en las ideologías; ni tan siquiera en los programas, sino en la conquista del poder a cualquier precio. En el fondo del salón, Marx discutía acaloradamente con Smith. Discutían, como digo, porque Karl no compartía la idea de “la mano invisible del mercado", como la opción más adecuada para el bienestar de la gente. No la compartía, porque sin la intervención del Estado, el rico es cada vez más rico y el pobre, más pobre. Los indignados de Hessel – en palabras del camarada – son los proletarios de su obra. Es necesario que los "camorristas y pendencieros" de Aguirre, tomen conciencia de clase; destronen a la derecha a través de Podemos y, una vez en La Moncloa devuelvan el poder a la gente. Solo así – concluía Marx – estaremos más cerca de alcanzar el comunismo.

Platón y Maquiavelo hablaban de la mentira. Para el primero, los gobernantes están legitimados para mentir "con el fin de engañar al enemigo o a los ciudadanos en beneficio del Estado". Platón aplaudía, por tanto, las "mentiras" de Rajoy durante sus cuatro años de mandato. Las aplaudía, como digo, porque según él: "hay secretos de Estado que si salieran a la luz provocarían desastres económicos y abrirían heridas del pasado". Nicolás estaba de acuerdo con Platón. "El príncipe – en referencia al gobernante – debe mentir si hiciera falta con tal de mantener intacta la hojalata de su corona". Para Aristóteles, por su parte, el buen político es el honrado. Aquél – decía el padre de la metafísica – que por las noches duerme tranquilo sin la losa de la mentira. Los gobernantes y los ciudadanos navegan en el mismo barco; cualquier avería en la cabina de mandos; debe ser conocida por la tripulación. La mentira es sinónimo – concluía el filósofo – de felicidad ficticia. Felicidad falsa que se convierte en represalias y fuentes de conflicto, cuando es descubierta por la verdad, la realidad mundana.

La forma de Gobierno más justa – en palabras de Aristóteles - sería una democracia, donde predominaran las clases medias en detrimento de la tiranía y la oligarquía acostumbrada. Una democracia donde los ciudadanos fueran alternando las funciones de gobierno, para evitar la corrupción y el despilfarro. Gracias a esta fórmula, el reparto de la riqueza sería más homogéneo y se evitarían los principales conflictos sociales. Conflictos surgidos por una distribución desigual de los recursos. La igualdad en el reparto de la riqueza – replicó el viejo Mark – es una condición necesaria para la paz de los pueblos. Queréis decir – intervino Gregorio – que las políticas neoliberales traen consigo crispación y descontento social; que las políticas de austeridad son el caldo de cultivo para el enfrentamiento entre "los de arriba" y "los de abajo". Sí, rotundamente sí – le contestó un enérgico Aristóteles -. Un buen gobernante debe garantizar la felicidad de su pueblo. Algo difícil, queridísimo ateniense, – replicó Gregorio – si tenemos en cuenta que hay tantas felicidades como hombres en el mundo. 

 

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