No hemos hecho lo suficiente para "plantarle cara" a quienes nos castigan con sus políticas antisociales


 veces me pregunto: ¿se piensa Rajoy que somos tontos? Me lo pregunto, les decía, porque cualquier tergiversación de la información es válida con tal de arañar un puñado de votos de cara a las próximas elecciones. El otro día, sin ir más lejos, se publicaron – como ustedes saben – los datos de la EPA. La "Encuesta de Población Activa" entiende por activo: cualquier persona, a partir de los 16 años, que durante la semana de referencia – la semana antes a la realización de la entrevista –  haya hecho alguna acción para buscar empleo, o haya trabajado, al menos, una hora. Luego quedan fuera del saco, todos aquellos que han tirado la toalla en su lucha por el curro. A ese grupo de ciudadanos que - hartos de enviar curriculums y de que no les suene el móvil para entrevistas de trabajo -, han decidido no buscar empleo; se les considera, a efectos demoscópicos: "inactivos". Es, precisamente, este razonamiento y, no otro, el que explica por qué los datos de la EPA han sido "mejores" con respecto a trimestres anteriores. Es, cierto, ciertísimo, que durante el verano se ha creado empleo por el influjo del turismo. Pero también es verdad que "medio millón de personas" ya no figuran en la categoría de los activos. Luego con menos población activa, o lo que es lo mismo, con menos sujetos buscando empleo es de sentido común que la tasa de paro haya disminuido; faltaría más.

A pesar de la tergiversación. A pesar de lanzar las campanas al vuelo con datos vestidos de mentiras y retórica barata; a la ministra de empleo – la señora Fátima Báñez - se le llena la boca cuando dice que su país está creando empleo desde los tiempos de Zapatero. Hoy, en la España de Rajoy, volvemos a ser noticia por la dualidad de nuestro mercado laboral. El "precariado" de los años felipistas vuelve a monopolizar los contratos que se registran en las oficinas del paro. La temporalidad y la parcialidad, o dicho en términos más claros, los "contratos basura" son los que enorgullecen a las élites de Génova. Contratos, les decía, con fecha de vencimiento, que lo único que crean es "comida para hoy y hambre para mañana"; todo lo contrario a lo que necesita la economía para activar las compras de coches y viviendas. Así las cosas, los contratos de trabajo se convierten en papel mojado para los señores de los bancos. Señores que no sueltan ni un duro sino leen en tales documentos: la palabra "indefinido". Es, por ello, que la creación de empleo es condición necesaria pero no suficiente para arrancar las turbinas del consumo. Sin fomentar la estabilidad en el mercado de trabajo, lo único que consiguen los señores del Gobierno es que los ricos – sus votantes de toda la vida – hagan su agosto, a costa de una reforma laboral hecha a su medida. Mientras tanto, los débiles – la inmensa mayoría – debemos dar gracias por comer las migajas que nos dejan los burgueses.

A las puertas de las elecciones autonómicas y locales, todo son caramelos para nosotros: los tontos, los idiotas. Digo esto – sin que nadie se sienta ofendido – porque al fin y al cabo- aunque no lo reconozcamos -muchos volveremos a votar a la "casta". La votaremos, a pesar de que al día siguiente de otorgarles la victoria, nos vuelvan a golpear con la puerta en las narices. Y es que, estimados lectores y lectoras, somos sadomasoquistas democráticos que caemos, erre que erre, en las trampas electorales. Caemos como ingenuos porque las promesas de creación de empleo y demás parafernalias, enturbian el daño que nos han hecho con los recortes; el copago; la Lomce; el IVA; la reforma laboral; la corrupción y, un sinfín de injusticias sociales que tardaremos décadas en revertir para los nuestros. Si miramos por el retrovisor veremos que de nada han servido dos huelgas generales; seis o siete – he perdido la cuenta – huelgas estudiantiles y, cientos de mareas: verdes, rojas y amarillas, para que la mayoría absoluta de don Mariano gobierne para el pueblo y no para los suyos. Solamente han frenado la reforma del aborto. La han frenado, cierto, porque han visto – tras las elecciones europeas – que si siguen por la senda del "absolutismo" – con Podemos por en medio – se iban a quedar para vestir santos en los próximos comicios. 

Solamente la integración de los versos sueltos, del descontento civil, en una misma estrofa haría cambiar el sino de las políticas antisociales.

A veces pienso que no hemos hecho lo suficiente para plantarle cara a quienes nos castigan con sus políticas antisociales. Políticas, les decía, que nos han situado en la España retrógrada de los tiempos de vendimias. Estamos a años luz de aquel país que levantó la cabeza, tras cuarenta años de censura y opresión por el ordeno y mando de Franco. En días como hoy, la indignación no ha sido suficiente para derrocar del poder a un gobierno que desde que llegó a La Moncloa solo ha hecho incumplir con su programa.

Siento vergüenza ajena cuando veo en las noticias a sociedades civiles como la egipcia o la china que, con peores mimbres que los nuestros, han luchado como hermanos para cumplir sus objetivos. Aquí hemos gritado – cierto -, pero cada oveja por su lado: los médicos con los médicos; los maestros con los maestros; los desahuciados con los desahuciados; los preferentistas con los preferentistas y, los estudiantes con los estudiantes. Muchas mareas pero ningún tsunami social capaz de poner contra las cuerdas a la casta que nos gobierna. Solamente la integración de los versos sueltos, del descontento civil, en una misma estrofa haría cambiar el sino de las políticas antisociales. Por ello, es necesario, realizar huelgas conjuntas: laborales y estudiantiles; mareas multicolor y, mensajes al unísono para que, igual que ha dimitido Gallardón, caigan los otros por reírse de nosotros: los tontos, los idiotas.

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El "yes we can" de Pablo Iglesias no es suficiente para vehicular una alternativa de gobierno a la "Tea Party" europea


l otro día leí un artículo de Ignacio Urquizu, publicado en El País. Ignacio es profesor de Sociología en la Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas. Me gusta su forma de escribir porque utiliza metáforas acertadas para ilustrar sus pensamientos. La columna en cuestión se titulaba: ¿Por qué tiene éxito Podemos? En ella, el autor dijo que el partido de Pablo Iglesias era – y es – como un espejo donde se refleja el malestar de la gente.  Es, precisamente, la canalización de la indignación ciudadana, a través de las tribunas de Podemos, la que hace que la organización de Iglesias tome oxígeno, mientras los otros – el pepé y el pesoe – se desinflan como globos en los sondeos demoscópicos. La tecla del "populismo" o, dicho de otra manera, "decirle a la gente lo que quiere escuchar" es condición suficiente para que en tiempos de crisis y desafección institucional – como los que corren -, el pueblo recupere su ilusión por la política; la misma que recuperó con Isidoro en la España de Suresnes. Hasta aquí, el diagnóstico sociológico del éxito de Podemos: discurso populista; desafección civil por la política y, repulsa social contra la "casta política". Unos ingredientes perfectos para conseguir efectos similares al "yes we can" que Obama entonó para vencer a la derecha.

A pesar de que Barack se llevó el Nobel de la Paz por el "arte de la oratoria", lo cierto y verdad, es que su mensaje electoral está a años luz de sus hechos presidenciales. Digo esto porque el buque insignia de su campaña: "un Sistema de la Seguridad Social a la española" fue tirado por la borda por la Tea Party legislativa. Tan cortadas tiene las alas el líder de La Casa Blanca, que la mayoría de sus propuestas socialdemócratas, – aquellas que le valieron cuotas altísimas de popularidad en la víspera electoral – acaban, un día sí y otro también, en agua de borrajas. Ahora bien, a pesar del engaño. A pesar de no cumplir con las líneas de su programa y frustrar a quienes vieron en él, al mesías de su futuro; los hechos son que su oratoria – populista, retórica barata o como ustedes la quieran llamar -, le sirvió para hacerse con el cetro, y darle una patada en el culo a George, nuestro Aznar americano. Algo parecido, estimados lectores y lectoras, ha sucedido con don Mariano y su aplastante mayoría. Gracias a la crisis y las angustias de cinco millones de parados; Rajoy articuló – recomendado por Arriola – un discurso basado en promesas populistas para una masa enfurecida. Propuestas, todas ellas, basadas en el "España va bien" de los tiempos aznaristas. Tiempos en los que Rato era el Dios de la burbuja, y hoy – diez años más tarde – se ha convertido en una mancha negra para la marca de su partido.

Obama; Rajoy e, incluso Artur Mas han hecho gala de promesas electoralistas para llevarse a sus bolsillos a millones de ignorantes. Gracias a la "consulta separatista", el delfín de Cataluña ha entretenido a los suyos para tapar, con disimulo, las miserias de su gestión económica al frente de el Parlament. Tanto es así, que su popularidad ha subido como la espuma de la cerveza, que cada domingo se toma Josefa en la tasca de Rogelio. La contienda de la independencia solo ha servido para generar frustración a Cataluña. Frustración, les decía, a un pueblo que soñó que vivía en los tiempos de Maquiavelo. Hoy, el salvador de Cataluña se ha convertido en un charlatán de mercadillo donde su palabra vale menos que los ceros a la izquierda. Por ello, por engañar y jugar con las ilusiones de la gente, hoy los tres jinetes de la mentira – Obama, Rajoy y Mas – son el espejo al que no se debe asomar Podemos sino quiere terminar como ellos al paso de los años. Así las cosas, Pablo Iglesias y los suyos no parecen haber entendido que los tiempos de Suresnes no son los actuales. Aquellos años estaban pintados con el blanco y negro de cuarenta años de No-Do; de censura y miseria intelectual. Una España nostálgica por los tiempos de república y ansiosa de democracia, donde las mentiras electoralistas eran bienvenidas con tal de derrocar al tío Paco de su silla, su mandato. Hoy, la gente está harta de embustes y de juegos emocionales. La gente busca coherencia y eso es lo que le falta al líder de Podemos.

A Podemos le falta coherencia – sí señor – porque su discurso cala en los oídos de la gente pero se desmorona en los prados de la lógica. El "yes we can" de Pablo Iglesias no es suficiente para vehicular una alternativa de gobierno a la Tea Party europea. Digo esto porque el programa de Podemos está muy bien de cara a la galería pero, sin embargo, no es válido para quienes entienden – un poquito – de macroeconomía. No está bien para los entendidos en la materia porque la jubilación a los sesenta; el impago de la deuda; la renta básica para todo hijo de vecino, y otras medidas similares; supondrían comida para hoy y hambre para mañana. Tan malo es el liberalismo exacerbado como una socialdemocracia al borde del comunismo. La jubilación a los sesenta pondría en peligro la sostenibilidad de las pensiones; el impago de la deuda nos costaría la expulsión de Europa y, la renta básica supondría un cuarenta por ciento del PIB que los ricos – me temo – no estarían dispuestos a pagar. No lo estarían, les decía, porque en mundo globalizado como el nuestro buscarían otros países con menores cargas fiscales y más comodidades para seguir ganando dinero a costa de los débiles. Dicho esto, aunque me gustaría muchísimo creerme la utopía, auguro que el discurso de Podemos seguirá aumentando simpatizantes porque a nadie le amarga un dulce; pero cuando lleguen a la cima, muchísimos de sus votantes se acordarán de aquella fábula titulada: "El flautista de Hamelín". Atentos.

           

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¿Dónde están los derechos de los animales? - Se preguntaba esta mañana Mariana, mientras compraba pienso para Diana: su amiga, su mascota -.


ientras Excálibur – la mascota de Teresa Romero – ha sido sacrificado por el ordeno y mando de las togas madrileñas, el perro de la mujer contagiada por ébola en Estados Unidos no lo será por cuestiones sentimentales. Las autoridades de Dallas han considerado que "el perro es muy importante para la paciente" y quieren que esté a salvo. Son, precisamente, estas diferencias de trato respecto a los animales de compañía - entre nuestro país y la otra orilla del charco -,  las que invitan a la crítica a reflexionar sobre la decisión judicial que ha acabado de un plumazo con el perro de Romero. Ha acabado de un plumazo, les decía,  sin considerar, el valor emocional que el animal suponía para la vida de la pareja.

Hace quince años a mis padres le regalaron una mascota, Estrella se llamaba. Durante todo ese tiempo el animal se convirtió en uno más de la familia. Al cumplir los tres años de vida, el animal enfermó por un tumor maligno. Recuerdo que perdió mucho peso y, apenas tenía ganas de comer; ni siquiera corría por el pasillo moviendo la colita, al oír el timbre de la puerta, para saludar a sus amos. El animal se estaba muriendo y sus ojos hablaban por sí solos. Cuando lo llevamos al veterinario nos dijo que estaba muy enfermo y quizá, la mejor opción sería sacrificarlo para cortar de raíz su sufrimiento. Eran, lo recuerdo, malos tiempos para los míos. Hacía dos semanas que había fallecido mi abuela materna; a mi padre le iban muy mal el negocio, y yo: en la cola del paro desde hacía más de dos años. Por un lado nos creíamos las palabras del veterinario – sobre las pocas esperanzas de vida que le daba a la mascota – y, por otro, algo en nuestro interior nos decía que nunca nos perdonaríamos hacerle semejante atrocidad a "la Estrella". Así las cosas, después de darle muchas vueltas a la cabeza decidí volver a hablar con don Antonio, el veterinario de mi pueblo. Le miré a los ojos y le pregunté: ¿existe alguna posibilidad, por remota que sea, de que mi Estrella supere el postoperatorio? Hombre – me contestó – el animal está muy débil; tanto que ni siquiera te puedo asegurar que resista la anestesia.

Lo miré, otra vez, y le volví a preguntar: ¿existe, o no, alguna posibilidad de que viva? Como existir, claro que existe, pero en términos de probabilidad, las posibilidades son escasas. Aquella respuesta, aunque ustedes no lo crean, la viví como si me hubiera tocado la mejor de las primitivas. Era tanto el valor sentimental que tenía para los míos: la Estrella, que bastaba con que hubiera una posibilidad entre un millón de que viviera para tener claro, ¡cla-rí-si-mo!, de que no sería sacrificada. Después de la operación, el veterinario – creyente hasta la médula – se santiguó y nos dijo: "ahora es hora de dormir; mañana pasen por aquí y les comunicaré los resultados".  Esa noche no pegué ojo. Conté las horas, los minutos, los segundos y hasta recé un "padre nuestro" a pesar de mi condición de ateo. Quería que mi Estrella viviera; que volviera a correr por el pasillo y que ladrara hasta despertar al vecino. Cuando llegué a la clínica veterinaria oí su ladrido y, yo que no soy ni de lágrimas ni de clínex, tuve que pedirle uno a mi novia – hoy mi mujer – al saber que la Estrella vivía como una campeona. A los dos días recibió el alta. Lo recibió, les decía, y vivió hasta doce años más; y todo gracias a que, en su día, no fue sacrificada. 

Son, precisamente, estas historias extraídas de las vitrinas del recuerdo, las que invitan a la crítica a preguntar: por qué se sacrificó al perro de Teresa sin la carga de la prueba. ¿Por qué?, les decía, se le señaló como un animal infectado y peligroso, sin ni siquiera saber a ciencia cierta que estaba contagiado por ébola. ¿Dónde están los derechos de los animales? – Se preguntaba esta mañana Mariana, mientras compraba pienso para Diana: su amiga, su mascota -. Si el señor que autorizó la muerte de Excálibur - en palabras de Josefa, la vecina de Mariana – hubiese tenido perro, otra suerte habría corrido para el perro de Romero. En este país todavía aplaudimos cuando matan a los toros; todavía hay quienes abandonan a su mascotas cuando se van de vacaciones; todavía hay psicópatas que ahorcan a los perros en parajes alejados; todavía hay mercenarios que trafican con mascotas y, todavía – por desgracia – hay jueces que, sirviéndose de la Ley, ordenan la muerte de animales; sin importarles lo más mínimo, el daño colateral que sus decisiones puedan causar a los amos y allegados. Cuando en este país condenemos el toreo; castiguemos con dureza el mal trato animal y comprendamos que un perro es "uno más de la familia"; entonces, y solo entonces, entenderemos por qué el perro de Dallas sigue vivo y el nuestro – el perro de Romero - muerto, sin la carga de la prueba. Indignante.

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Desde que se conoció la noticia no ha rodado ni una sola cabeza por tales "errores de protocolo"


l primer contagio por ébola en territorio europeo se ha producido en España. Es, precisamente, esta noticia extraída de las portadas internacionales, la que sitúa a nuestra marca – la marca España – en los estercoleros de la calle. Los 300.000 euros gastados en repatriar a Manuel y a Pajares, no garantizaron las condiciones de "seguridad plena" al personal sanitario del hospital madrileño. Tanto es así, que una auxiliar de enfermería contrajo el "virus importado" de las tierras africanas. Ahora bien, desde que se conoció la noticia no ha rodado – ni, probablemente, rodará – ni una sola cabeza, por tales: "errores de protocolo". A pesar de que nuestra Constitución obliga a los poderes públicos a velar por la seguridad y salud pública de los ciudadanos; Ana Mato y compañía han puesto en riesgo la salud de su país, por el capricho político de repatriar a dos enfermos moribundos, infectados de ébola. 

Los 300.000 euros gastados en repatriar a Manuel y Pajares no sirvieron para garantizar las condiciones de "seguridad plena" a los sanitarios del  Carlos III

El artículo 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece una serie de principios en materia preventiva. El primero de todos: evitar los riesgos. Dando cumplimiento a este principio legal, el riesgo biológico de ébola para los trabajadores del Carlos III se podría haber evitado. No olvidemos que un "error de protocolo" suponía un riesgo grave e inminente para la seguridad y salud de los trabajadores. Riesgo, les decía, innecesario ante las escasas posibilidades de vida de Manuel y Pajares. Otro principio: informar y formar a los trabajadores acerca de los riesgos existentes en su lugar de trabajo. Principio que al parecer no se cumplió, supuestamente, en los intramuros de Alcorcón. Tanto es así, que un facultativo declaró que "nadie les enseño a ponerse el traje"; obligación del empresario en materia preventiva. Otra medida legal ante riesgos biológicos, altamente peligrosos, es el "aislamiento". Aislar la fuente del riesgo es condición necesaria para evitar – por sentido común – la propagación del contaminante. A Teresa Romero – auxiliar sanitaria, contagiada por el ébola – no se le aisló del resto de sus compañeros, tras estar en contacto con los dos fallecidos, sino que anduvo como Pedro por su casa por los pasillos del centro hospitalario.

Culpabilizar del contagio por ébola a Teresa Romero es, sin duda alguna, la estrategia del Carlos III para quitarse las pulgas de semejante desaguisado. Así las cosas, el gerente del hospital la Paz – Rafael Pérez Santamaría – comunicó a los sanitarios de Alcorcón que todo se debía a un "fallo humano". Un fallo humano, les decía, con tal de "salvar el culo" a Ana Mato y exonerar de responsabilidad a las élites hospitalarias. La existencia de una negligencia por parte de Teresa, – por no cumplir las normas de protocolo al quitarse el equipo de protección -, invitaría a Rajoy y a los suyos a salir impolutos de cara a la galería. Aunque Romero cargue con la carga de la culpa, lo cierto y verdad, es que el origen del problema reside en la repatriación -oportunista- de Manuel y Pajares desde las tierras alejadas. Si no los hubieran repatriado – cuánta razón tenía el cuñado de Gregorio – hoy dormiríamos tranquilos; sin temor a ser contagiados de ébola. Luego existe un nexo causal entre la decisión del Gobierno y la infección de Teresa. Es, por ello, que desde los renglones de la crítica exigimos la dimisión de Ana Mato; como responsable política de una decisión equivocada. Una decisión, les decía, que entre sus consecuencias contaba con la posibilidad – aunque remota – de errores de protocolo; derivados tanto de fallos técnicos como humanos.

El tiempo transcurrido desde que tuvo lugar el contagio hasta su conocimiento, por parte de la víctima, ha puesto en riesgo de contagio a todas las personas que durante ese periodo han mantenido contacto ella. Tanto es así, que el perro de Teresa es señalado como probable infectado ébola. Matar al perro, si estuviera infectado, es condición necesaria pero no suficiente para romper el eslabón de la cadena. No olvidemos que el virus se transmite por la sangre; fluidos corporales – vómitos, heces y saliva -; agujas, jeringuillas y carne infectada. La hipotética infección del perro supondría una dificultad añadida para frenar la propagación del virus en tierras españolas. Una dificultad añadida, les decía, porque mientras la cadena humana de posibles contagios es fácil de detectar mediante preguntas y respuestas; la huella del can es más difícil de seguir por los investigadores.  Mientras los flujos humanos están controlados por la institucionalización de los deshechos, los flujos animales no corren por los mismos derroteros. No los corren, cierto, porque los perros huelen y lamen la orina de los suelos; se lamen entre ellos como sinónimo de alegría y, saludan a sus amos con lengüetazos vespertinos. Así las cosas, la intoxicación de Teresa y la de su probable mascota traerán consigo más casos de ébola a las portadas internacionales. Mientras tanto seguiremos esperando a que dimita Ana Mato.

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Cada vez que Pablo Iglesias sale en la tele se le pregunta por sus "tonteos" con Venezuela


oellle Neumann es una politóloga alemana, especialista en medios de comunicación. Ella fue quien instauró en los foros académicos el concepto: "la espiral del silencio". Según esta pensadora – y desde aquí me quito el sombrero – las sociedades modernas se comportan como "borregas" ante las informaciones mediáticas. Para Neumann, los medios crean climas de opinión – favorables o desfavorables – hacia ciertos temas de actualidad. Una vez creada la corriente mayoritaria; las voces díscolas con la misma callan como tumbas ante el rechazo social que su crítica suscita. Así las cosas, los "Mass Media" incrustan en la sociedad mensajes derivados de partidos políticos, afines a sus líneas editoriales. ¿Qué ocurre en este país? que hay un oligopolio periodístico, abanderado por cabeceras fieles a las tripas peperas. Luego existe, en los mentidores de la calle, una opinión pública mayoritaria, sesgada por los filtros de la derecha y, otra minoritaria, formada por las voces progresistas.

Las muertes de Manuel García Viejo y Miguel Pajares - ambos fallecidos en España por el virus del Ébola – corroboran la hipótesis de Neumann. El otro día, sin ir más lejos, se me ocurrió escribir en twitter un tuit crítico con el clima de opinión orquestado en torno a sendas defunciones. En él criticaba al Gobierno por repatriar a los dos enfermos terminales, a sabiendas del riesgo de contagio que el traslado suponía, y los elevados costes del mismo; 150.000 euros por cada repatriado. Pues bien, dicho esto, a los pocos segundos del mensaje llegaron las "bofetadas" desde todos los rincones del globo. Me trataron de "inhumano"; de "mala persona" y otros insultos de corte barriobajero. ¿Es responsable – reitero – poner a cientos de efectivos – médicos y policiales – en riesgo de contagio, ante cualquier error de protocolo, por salvar a dos enfermos moribundos procedentes de Leona? No, pero, lo cierto y verdad, es que gestos como éste dejan en buen lugar a la España de Rajoy de cara a los ojos internacionales. Política internacional de baja intensidad, como diría don Jacinto, a las puertas de la taberna.

Desde que Podemos irrumpió en las gradas europeas, las máquinas de la derecha han hecho todo lo posible para crear "climas de opinión desfavorables" a los nuevos de la parrilla. Desde las tribunas de El Mundo, las plumas de Casimiro han intoxicado a sus lectores con argumentos falaces acerca de la financiación de Podemos y sus diálogos con ETA. Gracias a estas artimañas, provenientes de la caverna, se construyen corrientes mayoritarias, difíciles de desmontar por los críticos de la mañana. Tanto es así que cada vez que Pablo Iglesias sale en la tele se le pregunta por sus "tonteos" con Venezuela. Son tales torpezas, cometidas por pseudoperiodistas de la Cuatro, las que hacen que el rumor se convierta, para la mayoría de los mortales, en un argumento de verdad para las hemerotecas de la calle. Son, precisamente, estos juegos sucios – auspiciados por medios y partidos – los que hacen que se transgreda el derecho a la información veraz desde las trincheras de la demagogia.

En este país existe una opinión pública sesgada por los filtros de la derecha

La "espiral del silencio" le sirve al tejido mediático de este país para manipular al rebaño y llevarlo hacia sus pastos deseados. Manipular el rebaño, les decía, con los hilos de los partidos. Hilos que se esconden detrás de las cortinas editoriales y hacen de los lectores un sector alienado por las élites tóxicas del poder. Gracias a la espiral, Rajoy vende el "España va bien" de los tiempos aznarianos para mantener sus "barbas" en las aguas de La Moncloa. Mientras Mariano toca a "bombo y platillo" el estribillo de la re-cu-pe-ra-ci-ón, el paro sigue incrustado en las penurias de la calle; los salarios de los funcionarios continúan congelados desde los tiempos de Zapatero; el grifo del crédito, cerrado a "cal y canto" desde el rescate de Bankia; las viviendas, con los carteles de "Se Vende" desde el pinchazo de la burbuja y, la brecha de la desigualdad, cada vez más ancha entre los cuellos blancos del capital y las manos de la plebe. Gracias al estribillo pepero, las filas de Mariano consiguen que la mayoría de los españoles sueñen con la utopía, mientras leen los "cuentos chinos" que se escriben en las cloacas de la caverna. Cuentos chinos, les decía, que invaden las tertulias de los bares, e impiden a la crítica romper la espiral de Noelle. 

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La Lomce fue aprobada antes de que Podemos apareciera en escena y el "rubalcalismo" falleciera


n lo que llevamos de mes, dos cabezas han rodado por los patios de Génova. Si antes fue Ana Botella, la que abandonó el barco de Madrid. Ahora, es su padrino: el señor Ruiz Gallardón, quien dice adiós a tres décadas de lucha por el cetro. Son, precisamente, estos hechos consumados los que invitan a la Crítica a reflexionar sobre el asunto. "Aunque la derecha no lo reconozca – decía esta mañana el barbero de Lavapiés – el chaval de la coleta – se refiere a Pablo Iglesias – les trae por el camino de la amargura. Gracias a él, los fachas de la Moncloa han tenido que alejarse del franquismo para mantener sus caballos en el campo de batalla". Han tenido que "alejarse del franquismo" y, dice bien este barbero, porque con la Ley del Aborto aprobada, otro gallo cantaría en las próximas de mayo. Tanto es así – en palabras del cliente – que han preferido mantener el último bastión de Zapatero (la Ley de Plazos) que aprobar la "gallardonada" de Alberto. 

Si analizamos la dimisión de Gallardón en términos de costes y beneficios para las filas peperas; pesan más los segundos que los primeros. Gracias al fracaso del exministro, la derecha ha matado dos pájaros de un tiro. Por un lado, el Pepé recupera oxígeno para próximas encuestas y, por otro mantiene en sus orillas a los más moderados de la parrilla; aquellos indecisos que en su día dieron su voto a Rajoy por el centrismo de su discurso, y ahora estaban a punto de cambiarse de bando, si se hubiera dado luz verde a la Ley del Aborto. Ahora bien, no todos son luces en las ventanas de Génova. La desautorización de Rajoy a su exministro de justicia pone en evidencia las grietas que se abren en los jarrones de La Moncloa. La dimisión de Botella y Gallardón, en tan poco espacio de tiempo, sitúa al Ejecutivo en su primera crisis de gobierno local y nacional, respectivamente. Por otro lado, el archivo del aborto siembra de enojos al "liberalismo cristiano"; a las sotanas del Vaticano, y a todo el electorado de corte religioso; que ha rezado, día a tras día, para que se derrumbase, "de una vez por todas", la ley de Zapatero.

Así las cosas, lo que está claro, clarísimo, es que el miedo de Mariano a perder su sillón, por salvar a su ministro, era racional para los intereses del partido. Era racional, les decía, porque según el presidente: la Ley del Aborto no era una cuestión de Alberto sino una decisión del Gobierno. Por eso mismo, porque dicha aprobación hubiera perjudicado al "interés general"; el tema del aborto ha quedado en papel mojado, a pesar de ser el "buque insignia" del programa pepero. Es, precisamente, este gesto interesado de cortes "populistas", el que hace que Rajoy haya tomado pulso ante los brazos socialistas, a pesar de perder fuelle con los fieles de su partido. Con la Ley de Plazos sobre los tapetes de Génova se abre un nuevo ciclo de estrategia electoral en las siglas de la gaviota. Se abre un nuevo ciclo, les decía, de discursos descafeinados para no espantar de los prados azules a los verdugos de Zapatero. Discursos descafeinados basados en promesas electoralistas: devolución de la paga extra a los funcionarios públicos, bajada del IRPF, stop a la Ley del Aborto…, para salvar al partido de los embates de Podemos y los reproches socialistas por el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

En lo que llevamos de mes, dos cabezas han rodado por los patios de Génova

El "consenso social", defendido por Rajoy para apartar el aborto de los asuntos de Estado debería extrapolarse, con carácter retroactivo, al resto de las mareas. La Lomce, por poner un ejemplo, fue aprobada por don Mariano y los suyos, sin oír a las voces de la calle. De nada sirvieron varias huelgas estudiantiles; ni el rechazo unánime de la oposición para aprobar un asunto con tanta "sed de consenso" como es, sin duda alguna, la educación de nuestros hijos. La Ley de Educación fue aprobada, verdad de las grandes, por el poder del rodillo; antes – eso sí – que Podemos apareciera en escena y que el rubalcalismo falleciera. Son, precisamente, las encuestas internas de los intramuros de Génova, las que invitan al sociólogo a pensar que el Pepé está nervioso ante el probable batacazo electoral que le espera en la próxima primavera. Si no fuera así, si el PP no jugara con los datos en contra, no tendría sentido que la Ley del Aborto fuera sacada del horno, tras dos años y medio de cocción a fuego lento.

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Cuando publicas un libro dejas de ser libre; ya no eres un bloguero que escribe para cubrir su vocación de periodista


n mis tiempos de EGB, allá por el año 1.987, cuando alguien me preguntaba: qué quería ser de mayor, siempre le respondía que quería ser periodista. Tanta pasión sentía por dicha profesión que a los catorce años ya tenía un programa de radio en la emisora de mi pueblo. Todos los martes, en el 105.0 de la FM, allí estaba Abel Ros con su "Club del Disco"; un programa de música y variedades que incluía un listado con los mejores elepés del momento. Después de dos años en antena, la emisora cerró sus puertas por cuestiones políticas y, mi programa pasó a las vitrinas del recuerdo. Aún tengo en casa de mis padres, algunos cassettes con tales reliquias radiofónicas. Así las cosas, mi vocación de periodista continuó durante años rondando por mi cabeza y, de una manera u otra, hice mis pinitos en el arte del oficio. Escribí "cartas al director" para diarios provinciales; artículos para la revista de San Roque -publicación anual con motivo de las fiestas patronales de mi pueblo – y, hasta elaboré un proyecto de semanario local que nunca salió a la luz. 

Después de dos años antena, la emisora cerró sus puertas por cuestiones políticas y, mi programa pasó a las vitrinas del recuerdo

Tras finalizar mi primera carrera – diplomatura en Relaciones Laborales – pasé cuatro años buscando trabajo. Recuerdo que eran años duros para los recién titulados. España estaba en los preámbulos de la burbuja y cotizaba más: “saber poner ladrillos y hacer buenos amasijos de cemento" que cien sobresalientes juntos. Todos los días enviaba curriculums; asistía a entrevistas de trabajo y hacía cursillos – financiados por los "fondos europeos" – para complementar mis estudios. Después de tanta angustia por encontrar un empleo, el periodismo volvió a cruzarse en mi vida. Me presenté como alumno trabajador a un Taller de Empleo para jóvenes universitarios y fui seleccionado. En aquel taller hacíamos páginas Web para entidades sin ánimo de lucro y manteníamos un periódico digital. En aquel trabajo aprendí a través de Ana – mi profesora de periodismo – las vocales del oficio. Aprendí a redactar notas de prensa; entrevisté a personajes del mundo de la política y del deporte; hice crónicas sociales; periodismo de datos, y conocí las luces y sombras del oficio. Me gustaba lo que hacía, tanto es así que por las noches soñaba con que se hiciera de día para volver a escribir en la "La Ventana del Segura".

Después de aquella experiencia me volví un "devorador de periódicos". Me daba igual que fuera El País, El Mundo de Pedro Jota o el diario Público de Ignacio. La lectura de prensa mantenía fresca mi vocación periodística. Estar al día se convirtió en el mejor de mis manjares. Recuerdo que siempre hacía – y hago – el mismo ritual cuando caía un periódico entre mis manos. Primero: vista de pájaro por todas sus páginas. Segundo: lectura detenida de aquellas páginas, que tras la primera vuelta, llevaban el plieguecillo en la parte de arriba. Por circunstancias de la vida terminé de profesor de instituto, pero mi inconformismo innato hizo que siguiera luchando por el sueño de mi vida. Tras terminar mi segunda carrera – Sociología – me rondó por la cabeza la creación de un blog para quitarme el gusanillo de mis brotes periodísticos. Estaba harto, la verdad sea dicha, de pasar por la censura y frustrarme cada vez que mis "cartas al director" no salían publicadas en los grandes de la mañana. Así que, lo tuve claro, decidí emprender El Rincón de la Crítica, un lugar para escribir de forma libre, sin pasar por el visto bueno de los otros. Los comienzos fueron duros, recuerdo que diez visitas al día eran todo un reto para una hormiga en un mundo de elefantes. Una página Web es como un trozo de corcho flotando en medio de un océano. Un trozo de corcho, les decía, que necesita de cientos de espejos para ser visto por los ojos de los otros. Sin tales espejos, en términos técnicos: "sin visibilidad", es muy difícil ser respetado en la jungla digital.

A través del blog conseguí escribir mi primer libro: "El Pensamiento Atrapado", una recopilación con los mejores artículos del Rincón; prologado por Javier Valenzuela y editado por La Lluvia. Dice la sabiduría popular que todo mortal, a lo largo de su vida, debe realizar tres cosas imprescindibles para pasar a la inmortalidad: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Bueno, todo es muy discutible. Mi experiencia como escritor novel no fue, para nada, un camino de rosas sino todo lo contrario. Cuando publicas un libro dejas de ser libre; ya no eres un bloguero que escribe para cubrir su vocación de periodista, sino que te conviertes en un producto de estantería comercial donde "tanto vendes, tanto vales". Si tu libro no se vende, muy probable para alguien desconocido, entras a formar parte del rebaño de los anónimos. Si tu libro se vende – por la visibilidad mediática del mismo – aunque escribas "como el culo" te conviertes en un nombre y pasas a formar parte de los "autores del presente". Pues bien mi libro no tuvo tal suerte de pasar la línea del anonimato. No sé si el día de mañana escribiré otro libro, pero lo que sí tengo muy claro es que seguiré escribiendo aunque sea en las servilletas de los bares. Seguiré escribiendo, les decía, para que algo tan frágil como es mi pensamiento perdure entre los otros, y quede a salvo de los brotes del Alzheimer. 

PD: Este artículo fue escrito la tarde del 21 de septiembre con motivo del Día Mundial del Alzheimer

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