La irrupción de Pablo Iglesias fue una bocanada de aire fresco para millones de nostálgicos con el movimiento 15-M


omo saben, siempre he sido muy crítico con el movimiento 15-M. Desde sus inicios, denuncié la ambigüedad de sus fines y los mecanismos para lograrlos. En un artículo titulado "el silencio de las plazas", con motivo de su primer aniversario, hice una crítica severa sobre las cenizas de la indignación. Intenté, desde las turbinas de mi pensamiento, entender cuáles eran las razones que apagaban la llama de los "camorristas y pendencieros" de la señora Aguirre. Me preocupaba, y así se lo hice saber a Javier – un indignado de Hessel – que con "la que estaba cayendo en la Hispania de Rajoy", la gente no gritara como ayer. En varias columnas del Rincón, reivindiqué la necesidad de que la indignación se materializara en una fuerza política. Una fuerza política, que institucionalizara el malestar de millones de españoles, a través de un programa político; cocinado desde abajo. Solamente así, mediante una articulación política del movimiento 15-M, se lograría reinventar la democracia.

Transcurridos unos meses, surgieron las primeras plataformas ciudadanas, o dicho de otro modo, los primeros cimientos políticos del movimiento. Plataformas como: "Stop Desahucios", "Afectados por la Hipoteca" y "Afectados por las preferentes", entre otras; sirvieron para ponerle los agudos y graves a ese grito desgarrado, llamado indignación. El silencio de las plazas fue sustituido por los escraches. Escraches a banqueros y políticos, por ser ellos – en palabras de Manuela – los principales culpables de nuestras vergüenzas internacionales. En aquellos tiempos, escribí un artículo titulado "Los Martínez", donde narraba las penurias económicas, por las que atravesaba una familia española. Tras publicarlo, recibí más de cien correos de lectores. Correos donde me contaban que sus vecinos y amigos también eran "Martínez". Después de aquello, supe que la indignación no era una moda pasajera sino el síntoma de un cáncer social, que amenazaba la salud de nuestra querida democracia. Supe que Rajoy no estaba a la altura del problema. No lo estaba, porque se escondía detrás de plasmas para no ser preguntado; "le interesaba más – en palabras de Jacinto – los números macroeconómicos que las hambrunas de su pueblo". 

El año pasado, como saben, surgió Podemos. La irrupción de Pablo Iglesias fue una bocanada de aire fresco para millones de nostálgicos con el movimiento 15-M. El "líder de la coleta" culminó la institucionalización de la indignación mediante la creación de una nueva identidad política. Una nueva identidad, como digo, que representó el enfado de millones de indignados. Indignados con: la corrupción de los políticos; el "clientelismo" de los partidos; el favoritismo hacia los bancos; la desigualdad entre los de arriba y los de abajo; los recortes sociales; el éxodo de talentos; las altas tasas de paro; la Ley Mordaza; el incumpliendo del programa electoral, por parte de Rajoy; el aumento de las tasas universitarias y, las reducción de la Oferta de Empleo Público, entre otras. La ubicación de Pablo Iglesias en el lado de los indignados, sirvió para que éstos recuperaran la ilusión por la política. Así las cosas, Podemos – para sorpresa de muchos – irrumpió en las elecciones europeas y obtuvo cinco diputados; algo histórico para una colación de "frikis", en palabras de Arriola, el sociólogo de Rajoy.

El "líder de la coleta" culminó la institucionalición de la indignación mediante la creación de una nueva identidad política

Después de aquella victoria, el partido del morado ha ido perdiendo fuelle de cara a los próximos comicios. Lo ha ido perdiendo, por una serie de torpezas políticas. Torpezas, como digo, que han servido para que sus representados – los indignados del 15-M - ya no vean a Podemos como un partido distinto, sino como uno más de la parrilla. El caso Errejón; el plantón de Pablo Iglesias al programa de TeleCinco; la moderación de sus medidas; la ubicación ideológica en tierra de nadie -ni de izquierdas, ni de derechas -; el resultado de las elecciones Andaluzas, alejado de sus expectativas; la dimisión de Monedero y, la tardanza en presentar su programa en las próximas autonómicas son; entre otras razones; las que explican el desencanto del hechizo. Para reconquistar a su posible electorado, la agrupación de Podemos debería radicalizar su discurso, como lo hizo en las pasadas europeas, y ubicarse en la izquierda. Si no lo hace, si continúa moderando su mensaje para pescar en río revuelto a los indecisos del centro; probablemente será castigado por los indignados del ayer; los mismos que hace cuatro años abarrotaban la plaza Sol. 

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Si Ciudadanos apoyara a Susana, regresarían a su nido los votantes que creyeron, que Albert era de derechas


otro día, María me decía que estaba sorprendida por el último sondeo del CIS. Me comentaba – esta humilde señora de las tripas alicantinas – que no se explicaba por qué las encuestas daban ganador al partido popular, a pesar del desmantelamiento del Estado del Bienestar. No entendía por qué la gente seguía creyendo a Rajoy; después de haber gobernado de espaldas a su programa. Probablemente, la derecha perderá la mayoría absoluta – me decía – pero seguirá gobernando con el beneplácito de Ciudadanos. Luego – concluía María – seguiremos con las políticas de austeridad; a pesar de que la formación de Albert de Rivera se declare: "liberal en lo económico y progresista en lo social".

"Probablemente, la derecha perderá la mayoría absoluta pero seguirá gobernando con el beneplácito de Ciudadanos" 

El domingo, mientras veía al líder de Ciudadanos en el Chester de Pepa Bueno, me acordé de las palabras de María. Me acordé porque el ex militante del Partido Popular – Albert Rivera – dijo que Ciudadanos es un partido "liberal y progresista". En días como hoy, queridísimos lectores, todas las formaciones políticas del espectro nacional son liberales y progresistas. Liberales porque vivimos en un Estado de Derecho y contamos con una economía de mercado. Progresistas, porque la Constitución reconoce el Estado de lo Social y, por tanto, el bienestar. Luego, resulta una obviedad política, calificar a C's de "liberal y progresista". Es una perogrullada, como digo, porque desde que existe el Estado social, democrático y de derecho; todos los partidos son "liberales y progresistas". Y lo son, por mandato constitucional. Llegados a este punto, cabe que nos preguntemos: ¿En qué se diferencian la izquierda y la derecha?

La principal diferencia entre sendas ideologías reside en "la dosis de liberalismo y progresismo", permitido por las mismas. A mayor cantidad de liberalismo, o dicho en otros términos, a más mercado y menos Estado; más "derechización". Y viceversa, a menos mercado y más Estado; más políticas del bienestar y, por tanto, más izquierda. Así las cosas, la derecha defiende sociedades competitivas, basadas en el mérito y el esfuerzo. Sociedades con menos injerencia del Estado en las decisiones privadas. Esto estaría muy bien, si todos fuéramos altos, guapos y fuertes. Ahora bien, ¿qué sucede con los bajos, feos y débiles?, que sufren en silencio el "abandono de su Estado", cuando más lo necesitan. En los países que manda la derecha; hay más desigualdad social. Ello es así; porque la función de gobernar se convierte en poner a disposición de lo privado, las condiciones necesarias para que los leones marquen su terreno.

Así las cosas, para saber si el partido de Rivera es de izquierdas o de derechas; es condición necesaria averiguar si su balanza se inclina hacia el Estado o el mercado.  Aunque la mayoría de los mordiscos de Ciudadanos se los lleva el Partido Popular, lo cierto y verdad, es que cuando los oyes hablar – a los representantes de C's – es difícil saber del pie que cojean. Es difícil porque en su política de pactos, el abanico es tan amplio que pueden bailar con la fea en un momento dado. Ante esta incertidumbre de desconcierto ideológico, muchos indecisos esperan a que Rivera mueva ficha en Andalucía. Lo esperan, para saber a ciencia cierta si su voto se viste de gaviota o de puño socialista. Si Ciudadanos votara a favor de Susana, regresarían a su nido los votantes que creyeron que C's era de derechas. Por ello, para evitar males mayores; lo más inteligente, para los intereses partidistas, sería que Susana fuera investida después de las locales. Sería lo más inteligente, como digo, para no perder un puñado de votos de cara al día 24; pero lo menos ético para la democracia. No olvidemos que Albert militó en el Pepé. Luego, por sentido común y coherencia ideológica, lo normal sería, que votara en contra o se abstuviera en la investidura de Susana.

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No es bueno, para una democracia que "la opinión dada", sea ostentada por una minoría de "escritores de renombre"


menudo tengo ganas de tirar la toalla; ganas de dejar de escribir. En este país “juntar letras" no sirve para nada. Somos el país que menos lee de Europa. Un país donde, la escritura es un oficio de frikis y la lectura una tarea de aburridos. A pesar de ello, sigo juntando letras en los lienzos de mi blog. Sigo escribiendo como una expresión de humildad y rebeldía contra el argumento de autoridad. Son tantas, las ideas que cuelgan por mi mente, que el único camino que encuentro para liberarlas de su prisión; es la senda de mi Rincón. En esa senda, de pensamientos mundanos, las ideas se convierten en mis principales enemigas. Me convierto en un esclavo para ellas. Un esclavo, como digo, por sacarlas de mi mundo interior; por desnudarme en una selva de serpientes y leones. La escritura no hace libre a su autor, sino todo lo contrario. La escritura es un oficio de valientes para una jungla de cobardes.

A todos los que dicen que "estamos ante una prensa libre, plural e independiente", les contesto que "naranjas de la China". La prensa nunca ha sido un oficio libre en términos absolutos. Ha habido más o menos libertad de expresión, en función de las circunstancias históricas del momento; pero nunca ha existido – ni probablemente existirá – un tejido mediático, cosido por las agujas de la crítica. Los críticos no somos bienaventurados en los corrales de la democracia. No lo somos, como digo, porque existen intereses económicos; encargados de manipular a los tranquilos. Intereses para que el pueblo "no piense". Intereses para que el lector no descubra quién le escribe las noticias. No olvidemos que las noticias son selecciones subjetivas de la realidad. ¿Qué significa eso?, que mientras en el mundo ocurren millones de sucesos, solamente unos pocos se convierten en noticia. Son, precisamente, los poderes mediáticos, quienes deciden qué fenómenos interesan – o no – a la gente.

La prensa se ha convertido en un sinfín de historias repetidas; de millones de titulares al unísono, circulando por la red durante fracciones de segundo. Ante este caos informativo, el lector no tiene tiempo para digerir sus lecturas; para discernir entre información y opinión, y para excavar en las rocas de los renglones. No tiene tiempo, porque lo que está leyendo ahora, caducará en los próximos minutos. Es, precisamente, este ritmo frenético de noticias, y no otro, el veneno que destruye al crítico contemporáneo. En días como hoy, casi nadie se acuerda de los fallecidos por el Ébola. Son muy pocos, los que siguen el devenir de Sierra Leona. Y muy pocos, los que reflexionan sobre futuras epidemias. Al final, como dicen en la calle: "el muerto al hoyo y, el vivo al bollo". Algo lamentable, cierto, pero real como el dolor de mi garganta.

La prensa se ha convertido en un sinfín de titulares al unísono, circulando por la red durante fracciones de segundo

Ante este panorama desolador, es momento de repensar el periodismo. Es necesario un nuevo periodismo, con menos cantidad, y más calidad en sus contenidos. Calidad entendida como la capacidad del periodista para seleccionar, publicar, analizar y reflexionar sobre los hechos. Hace falta un periodismo crítico; alejado del servilismo a los partidos. Hace falta que la prensa se convierta en una oportunidad para la voz de la intelectualidad. Una prensa que abra sus puertas a nuevos talentos en sus secciones de opinión. Nuevos columnistas que reemplacen a los "articulistas de siempre". No es bueno, para una democracia que la opinión dada sea ostentada por una minoría de “escritores de renombre”. No es bueno, como digo, porque ello supone un sesgo para la construcción de la sociedad del conocimiento. Así las cosas, es necesario que los periódicos se conviertan en el motor de la cultura. Solamente así, con la ayuda de la prensa, los nuevos pensadores podrán salir del anonimato; demostrar al mundo su talento y, conseguir hacerse un hueco en la jungla de la escritura. Mientras la prensa no ayude a la cultura, mientras sea reacia a deshacerse de lo viejo, seguiremos alienados por los escritores de siempre. 

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Monedero fue el único que dio la cara, cuando Pablo Iglesias no acudió al programa de TeleCinco


sta mañana, me ha contado María, que su amiga Gabriela había roto las fotografías de su boda. Las había roto, porque no soportaba ver, cómo el hombre que la besaba, con tanta pasión y dulzura. Años más tarde, se hubiese convertido en el verdugo de su vida. Después de una década de matrimonio, Gabriela y José se han separado. Se han separado porque no echaron suficientes troncos a la lumbre en las frías noches de enero. "Recuerdo – en palabras de María – que al principio de la relación, mi amiga estaba tan enamorada de su marido, que se creía todas sus mentiras". No olvidemos – me decía – que Gabriela, durante cuatro años, no quería saber nada de hombres. Antes de esta relación, estuvo casada cinco años. Felizmente casada, hasta que descubrió que su ex – el mismo que le regalaba bombones de Mercadona, el día de Nochebuena – se acostaba con Andrea, una compañera de oficina. Una hostia en toda regla, para odiar, durante una larga temporada, al mejor de los galanes.

Gabriela estaba felizmente casada hasta que descubrió que su marido se acostaba con Andrea

Después de hablar con María, he recibido un "wasap" de Manolo. Manolo es un viejo amigo que conocí en la Cruz Roja. Nos conocimos allá por el noventa y seis, cuando hacíamos la Prestación Social Sustitutoria. Aunque no nos parecemos en nada – él es de derechas y yo de izquierdas; él economista y yo sociólogo; él rubio y yo moreno; él es creyente y yo ateo; a él le gustan las morenas y a mí las rubias; a él le gusta el baloncesto, a mí, el atletismo – entre los dos, hay una cosa que nos une. Esa cosa es la tolerancia. Podemos hablar de política, economía y religión desde trincheras enfrentadas. Podemos tirarnos los platos como dos jubilados después de treinta años de casados; pero a los pocos minutos, somos como jugadores de rugby. Tenemos "el tercer tiempo", donde nos tomamos un par de cervezas y una ensaladilla, y tan amigos como siempre. Pues bien, como les contaba; después de hablar con María quedé con Manolo para tomar un café en el África. Durante el café, le conté el chisme de María y, no sé como demonios, terminamos hablando de política. 

Manolo, como les decía, es un conservador de pura cepa. Viste con camisas de marca; peina a lo Nicolás; ha estudiado en el Santo Domingo (un colegio de curas, ubicado en Orihuela) y, siempre ha defendido que la mejor política social es la economía. Recuerdo que en los tiempos de Aznar, su ídolo era Rato. Tanto es así, que estudió ciencias económicas y empresariales en la CEU San Pablo de Elche. La estudió por la fascinación que sentía por el "España va bien" de las grúas y los ladrillos. Cuando lo vi, le pregunté – con toda la maldad del mundo – por su "amiguito" Rato. Me dijo que estaba muy desengañado con el Pepé. Tanto que se estaba pensando seriamente: si no acudir a votar, si votar en blanco o, votar a Ciudadanos. En sus palabras percibí el olor a chamusquina que desprenden los indignados de la derecha. Indignados contra Rajoy por no haber cumplido ni un punto de su programa; por la vergüenza del caso Bárcenas; por la dimisión de Gallardón y por las facturas de la alcaldesa de Valencia. Indignados de cuello blanco y corbata – como diría mi abuelo si me oyera – que encuentran en Ciudadanos, la excusa perfecta para castigar al PP sin traicionar a su ideología. Al escuchar a Manolo, recordé las palabras de María. El desengaño con el Pepé era el mismo que sentía su amiga con los hombres. Un desengaño basado en la frustración, que sienten los enamorados cuando su pareja no cumple con las expectativas.

Al mediodía, cuando llegué a casa puse la Sexta; estaban hablando de Monedero. Al parecer, el cofundador de Podemos se siente "totalmente traicionado" por los suyos. Así lo ha declarado en la Cafetera, el programa que dirige Fernando Berlín en Radiocable. Según el politólogo, Podemos se parece cada día más a "la casta". Tras la noticia, le envié un "wasap" a Jacinto. Decía así: "Monedero os ha puesto a parir". Jacinto es un forofo de Pablo Iglesias. Tanto es así, que cuando habla, en el África, de política, simula hasta el mismo tono de voz que "el coletas". Para él, Monedero es el Alfonso Guerra de los tiempos de Felipe. Es quien dice las cosas claras y, el único que dio la cara por Pablo Iglesias, cuando éste no acudió al programa de TeleCinco. Acabo de recibir un "wasap", es de Jacinto. Dice así: "Monedero ha dimitido de la dirección de Podemos". Voy corriendo, enciendo la televisión. Veo a Pablo Iglesias, está dando una rueda de prensa. Hay caras largas en la sede de Podemos. Se ha producido la primera crisis de la pareja. La misma que sufren muchos enamorados el primer año de casados.

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Doce millones de españoles no saben aquello, que a Galileo le trajo tantos quebraderos de cabeza


a Secretaria de I+D+i - Carmen Vela - presentó, el otro día, los resultados de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia. Un estudio, para que nos entendamos, que estudia el grado de alfabetización científica de los ciudadanos. Pues bien, agárrense porque vienen curvas: "el 25% de los españoles – o sea un cuarto de la población – cree que el Sol gira alrededor de la Tierra". Y – como diría Súper Ratón – ¡no se vayan todavía, aún hay más! "El 30% cree que los dinosaurios convivieron con los humanos", tal y como sucede en los dibujos animados de "los Picapiedra". Estos datos no serían noticia si los encuestados fueran ciudadanos de países subdesarrollados. Países, como digo, sin un Estado del Bienestar como el nuestro y, sin un derecho a la educación reconocido por una Constitución. Son, precisamente, las dificultades para cubrir las primeras necesidades de Maslow, las que justificarían su ignorancia científica en contraste con nosotros.

Nuestro caso es muy distinto al de los países del Tercer Mundo. La Hispania del ahora responde al ideal de una sociedad avanzada. Una sociedad alejada de la losa del franquismo y de su alto analfabetismo. En días como hoy, España es un país con un derecho a la educación, reconocido por la Carta Magna; donde la escuela es obligatoria hasta los dieciséis años y, el acceso a la información está al servicio de la mayoría, gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Vivimos – en palabras de Manolo, el cuñado de Gabriela – tiempos abanderados por la ciencia y la tecnología, donde las letras han perdido el lugar que ostentaban en los años de Quevedo y, la filosofía ha sido castigada por los caprichos de la derecha. Tiempos, como digo, donde lo que sobra es información y lo que falta es pedagogía para encontrarla. Con estos mimbres sobre la mesa, resulta inverosímil que con tantas facilidades para el conocimiento, doce millones de españoles no sepan, en pleno siglo XXI, aquello, que a Galileo le trajo tantos quebraderos de cabeza.

La mayoría de los ciudadanos – según se desprende del estudio – acceden a la información científica a través de Internet; siendo la "Wikipedia", el sitio más recurrido para estos menesteres. A pesar de que dicho sitio Web reciba millones de visitas y se haya consolidado como diccionario de consulta, lo cierto y verdad, es que esta enciclopedia está editada, de forma libre. Una página  formidable para el enriquecimiento de la sociedad del conocimiento y la libertad de expresión en el limbo de los píxeles pero, al mismo tiempo, criticada por científicos y expertos por la indeterminación de sus fuentes. Aunque la mayoría de los ciudadanos acuda – acudamos – a la Wikipedia y páginas similares para buscar respuestas inmediatas a nuestras necesidades de conocimiento; se debe – debemos – realizar un uso responsable de las mismas. Un uso responsable, basado en un contraste de las fuentes y, en una mirada crítica hacia todo aquello que leamos. Ingredientes necesarios para la toma acertada de decisiones. 

Aunque los ciudadanos busquemos respuestas a través de la Wikipedia u otras páginas similares, lo que está claro, es que el mensaje de la ciencia no está calando en el ideario colectivo. Luego, algo estamos haciendo mal para que las vocales de la rama no hayan sido bien digeridas por el común de los mortales. Hace falta, como digo, una nueva pedagogía de la ciencia; para que el avance del conocimiento, no se convierta en un rumor distorsionado por el boca oído de sus interlocutores. Para ello, para que el saber científico circule sin deterioros, es necesario acercar la ciencia al ciudadano. Un acercamiento, señoras y señores, basado en una mayor visibilidad de los científicos en los medios de comunicación; en la divulgación de programas científicos, al estilo de  "Érase una vez… el cuerpo humano" o "Érase una vez … la vida" y, en la recuperación de las enciclopedias de papel. Acercamientos necesarios para que estos datos vergonzosos no se reproduzcan en años venideros. Aún así, tres cuartos de los encuestados saben que la Tierra da vueltas alrededor del Sol. Un dato atractivo, si tenemos en cuenta que la mayoría de los españoles leen el Marca; consumen programas de cotilleo y están enganchados al "wasap". 

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El hundimiento del buque insignia del Pepé, deja muy tocado a Rajoy de cara a las próximas elecciones


l otro día, cuando me enteré del caso Rato, acudí a comprar el diario La Razón. Me interesaba saber cómo los escribas de Marhuenda trataban el tema de Rodrigo, sin molestar a la derecha. Así las cosas, José María Marco – autor de La Jungla, nombre de su columna, echaba balones fuera sobre lo sucedido. Balones fuera, queridísimos lectores, porque según el articulista de Paco: "los hechos protagonizados esta semana por Rato no están motivados por un caso de corrupción". No lo están porque – siguiendo su argumento – forman parte de lo privado o, como dijo Sáenz de Santamaría "se trata de un asunto particular” o dicho en palabras llanas: "el Gobierno en este asunto ni pincha ni corta".  Con el titular "Probar la culpabilidad", el editorialista de Marhuenda apelaba a la presunción de inocencia y situaba a Rodrigo como una víctima del sistema. Una víctima juzgada por "la pena del telediario", por temas que no guardan relación con los cargos que ocupaba en sus tiempos de gloria, sino por asuntos cotidianos de un "ciudadano cualquiera".

Con la noticia "Hacienda halla evidencias contra Rato y pone la lupa en su exmujer", La Razón disparaba todo su arsenal de retórica barata contra Ángeles Alarcó. Un titular magnífico, cierto, para descafeinar las vergüenzas del Pepé y "pasar el marrón" a la "ex" de Rodrigo, a pocas semanas de las elecciones. "Pasar el marrón" – en la jerga carcelaria – es la táctica que utilizan los pillos para "escurrir el bulto" por sus tejes y manejes. Aunque la exmujer de Rato estuviera metida en este berenjenal y existieran indicios de ello, lo cierto y verdad es que ella no sería noticia, sin la caza de su exmarido. No lo sería, estimados señores, porque Ángeles Alarcó - actual presidenta de la empresa pública Paradores – es una anónima de cara a la galería. Alguien, cuya hipotética detención sería "un asunto particular" - sin relevancia mediática - en el más amplio sentido del término, expresado por Soraya.

Como cortina de humo, los escribas de Marhuenda han aludido, en varias columnas, a la polémica suscitada por las formas en que los agentes de Aduanas introdujeron a Rato en el coche oficial. Lo introdujeron, como saben, con la mano sobre la nuca; del mismo modo que se introducen a los violadores, delincuentes y asesinos. Esta práctica – en palabras del experto – es el protocolo habitual que llevan a cabo los agentes para que los detenidos no se golpeen la cabeza cuando entran en el coche. Así las cosas, la Ley es igual para todos, y aunque la imagen haya sentado como un jarro de agua fría a más de uno, es lo que hay cuando se vive en un Estado de Derecho. Es, precisamente, la fotografía de: un exvicepresidente del Gobierno; exministro de economía; exdirector del FMI, expresidente de Bankia y Honoris Causa de la universidad Rey Juan Carlos, entrando en el coche para ser traslado a comisaría, la que sitúa a la "marca España" en el hazmerreír ante los ojos internacionales.

A pesar de que Rato tenga el derecho – como todo ciudadano, faltaría más – a la presunción de inocencia. A pesar de que su caso sea un "asunto particular", ajeno a los quehaceres de Rajoy. Y, a pesar de que su detención no haya gozado de la estética deseada. Lo preocupante de todo este desaguisado es saber si, la “Amnistía Fiscal”, orquestada por el Pepé, tiene algo que ver con las fechorías de Rato. Si así fuera, si se demostrara que detrás de la amnistía hay una intención partidista en beneficiar a los peces gordos de Génova, entonces el caso Rato se convertiría en un "asunto público" y el Pepé no tendría escapatoria. No la tendría, porque se demostraría que la "mayoría absoluta" ha sido utilizada para “ayudar" a los suyos. Aún así, aunque no se demuestre tal ecuación – probablemente nunca se demostrará – el hundimiento del buque insignia del Pepé – por supuestos delitos de fraude fiscal, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales – deja muy tocado a Rajoy de cara a las próximas elecciones. Lo deja, porque la palabra Rato será tabú en los próximos mítines. Y lo deja, porque sin Rato en el discurso mitinero, resultará complicado sacar tajada del "España va bien" de los tiempos aznarianos. Un silencio forzado por el "efecto Rato".

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En el mercadillo entendí que en un mundo tan ruidoso, hay mendigos de palabras


parte de escribir en el blog, soy profesor de secundaria. Desde que hice el CAP (el curso de adaptación pedagógica) tuve claro que mi vocación era la educación. En esta vida – en palabras del anciano -, cada uno cumple una función. Y la mía, sin duda alguna, son los libros y las tizas. Aunque el trabajo docente sea duro, por la lucha diaria que supone el trato con el público, el salario emocional supera con creces a los euros de la nómina. Gracias a este trabajo, no necesité estudiar psicología. No lo necesite, como digo, porque el mejor entendimiento del comportamiento ajeno es el calor de la gente. Antes de dedicarme a la enseñanza; trabajé en tropecientos oficios: desde repartidor de publicidad y mozo de almacén en Mercadona, hasta serigrafista y vendedor ambulante. 

Antes de dedicarme a la enseñanza; trabajé en tropecientos oficios: desde repatartidior de publicidad hasta vendedor ambulante

Fue, precisamente, debajo de las lonas del mercadillo, vendiendo abrigos de mujer en las frías mañanas de enero, donde conocí el arte de la venta. Comprendí que mucha gente compra por envidia; que algunas mujeres pasan de plebeyas a princesas cuando se suben a unos tacones y, que "la mona", por muchas sedas que se ponga, mona se queda. En la calle, queridísimos lectores, conocí a hombres buenos y gente con muy mala leche. Aprendí, que para algunas personas quinientos euros son calderilla y para otras, sin embargo, son la comida de cinco semanas. En el mercadillo entendí; que en un mundo tan ruidoso, hay mendigos de palabras. Gente en búsqueda de curas sin sotana a cambio de consuelo. Debajo de la lona, conocí a Joaquín – un gallego afincado en Alicante -. Joaquín – ya fallecido – tenía setenta años y se ganó, como el decía, las lentejas en las Américas. Me contaba, con pelos y señales, las características del taller que regentaba en una calle de Caracas. De vez en cuando, me regalaba quesos de tetilla y tartas de Santiago.

En el mercadillo también conocí a José, el vecino de las camisas. Todos los jueves, a eso de la una del mediodía – mientras recogíamos la parada – hablábamos, largo y tendido, de política. Rojo hasta médula, me comentaba que no había nada más absurdo que un albañil de derechas. No soportaba a la derecha. Tanto es así que siempre repetía: "¡los fachas, ni en pintura!". A su padre lo mataron los franquistas en el campo de Albatera. Era tanta la rabia contenida, que los ojos se le encharcaban cada vez que sacaba la foto de su padre de la guantera de la Iveco. La sacaba para enseñársela a Manolo, un limpiabotas de la plaza de los Luceros, que los jueves acudía al mercadillo. Manolo se mantenía gracias a una pensión que cobraba, por una hernia que se hizo cuando trabajaba cargando camiones en el puerto de Melilla. Aparte de la pensión, se sacaba un "contento" – como él solía decir - limpiando botas a los "peces gordos" de la Diputación.

Todas las semanas, Enrique – el vendedor de periódicos – pasaba por el puesto. "¡Moreno – me decía – ahí te dejo la prensa, luego me la pagas!". A la hora, cuando pasaba a cobrar, se sentaba un rato debajo de la lona a fumarse el cigarrillo. Me contaba lo mal que lo pasó, cuando lo operaron de la próstata. A los cincuenta y tres años, le tocó la peor de las loterías. Un bicho se había apoderado de su próstata y amenazaba con su vida. Durante meses recibió quimioterapia y hoy, diez años después, toca madera cada vez que recuerda lo mal que lo pasaba, cuando las enfermeras le inyectaban la dosis de “matasanos". Aurora, su mujer, falleció hace dos meses. Me enteré por casualidad por un viejo conocido de mis tiempos de mercadillo. La señora de Alberto solía comprarme, todos los años, un chaquetón para acudir a misa de los domingos. Recuerdo que era una señora con mucha barriga y, la verdad sea dicha, lo tenía muy complicado para encontrar una prenda que se ajustara a su figura. Me costaba, como digo, porque los chaquetones que le paraban bien de hombros, no se los podía abrochar por su abultada barriga. Y, los que se podía abrochar, le quedaban anchos de hombros. Una vez me enseñó una foto de cuando era joven. Era una mujer guapa y esbelta, de esas que no pasan desapercibidas cuando andan por la Gran Vía. 

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