En el Rincón nadie determina sus escritos. Soy yo quien dice en voz alta lo que se cuece en su cocina


menudo recibo correos electrónicos de lectores y lectoras. Hay de todo tipo: algunos son para felicitarme por el blog y otros para sugerirme temas de interés. También recibo correos con quejas y descontentos sobre algún que otro post. Pues bien, el otro día recibí un mensaje de estos últimos. En él, la lectora – cuyo nombre no viene a cuento – exponía las razones por las que había dejado de leer el blog, tras dos años de seguimiento. Criticaba que "El Rincón de la Crítica" no tuviera una línea editorial definida como la tienen el resto de diarios. Esta falta de directriz editorial, le indignaba como lectora porque a veces se sentía incómoda con lecturas que arrojaban piedras contra su propio tejado. Me ponía como ejemplo los recientes artículos, publicados en el blog, sobre Podemos: "las debilidades de Podemos", "Podemos, luces y sombras" y "política ficción", entre otros. Escritos – me decía esta exlectora del Rincón – que barrían más hacía a la derecha que hacia la izquierda. Otro lector, sin embargo, criticaba que el blog tuviera vinculaciones con periódicos digitales, tales como: ElPlural.com y Vegamediapress, entre otros. Diarios – decía – afines a la izquierda, que manchaban la imagen de independencia y pluralidad defendida por esta bitácora. Eduardo García – lector del Rincón y cuyo nombre me autoriza a que sea mencionado – criticaba la ausencia de noticias y echaba de menos la presencia de otros columnistas para que las actualizaciones del blog fueran más frecuentes. Desde México, un estudiante de periodismo denunciaba, el otro día, que en España faltaban más "rincones" como el mío. Gracias a lugares como éste – decía – disponía de una ventana abierta para asomarse a nuestros problemas, con amplitud de miras, sin líneas editoriales definidas por rodillos partidistas.

En varias ocasiones, he manifestado, en distintos foros de opinión, que "El Rincón de la Crítica" no recibe subvenciones por parte de empresas y/o partidos. Es, precisamente, esta ausencia de servilismo económico hacia los intereses ideológicos, la que hace que el blog no posea una línea editorial definida, como sí la tienen La Razón de Marhuenda o el ABC de Rubido, por poner algún ejemplo. Así las cosas, el blog se distingue del resto de medios por la ausencia de censura, tanto en sus artículos como en sus comentarios. Entre los suscritos al Rincón, hay diputados del Pepé; alcaldes del Pesoe; lectores de Interviú; periodistas de la Sexta y adictos a Podemos. Quiero decir con esto, que el concepto de Crítica, tal y como algunos lo entienden en España, está a años luz de la función sociológica del mismo. En este país, y por favor no se sientan ofendidos, los lectores están acostumbrados a lecturas afines a sus mimbres ideológicos. Tanto es así que es raro, rarísimo- que las plumas de la Caverna hablen mal de Rajoy o de Aguirre, por ejemplo. Como tan inusual resultaría que el diario Público o el medio de Ignacio Escolar pusiera a parir – en sus habitáculos de opinión – a Sánchez o a Llamazares. Podrían, pero no es muy frecuente.

Si lo hicieran a menudo recibirían cartas de denuncia y críticas de sus lectores; como así ha sucedido en El País desde que cambió de director.

En tales medios, les decía, los periodistas opinan de conformidad con las directrices que les marca su línea editorial. Algunos buscan medios afines a sus modos de pensar. Otros, sin embargo, por cuestiones económicas o por falta de oportunidades, se torturan en los barrotes de su mente. Sus pensamientos, lo que de verdad opinan, no pueden trascender a las líneas del papel porque ello supondría una transgresión de la buena fe profesional y, por tanto, una carta del lector, quejándose por tal o cual opinión contraria a sus expectativas lectoras.

En el Rincón, por su parte, nadie determina sus escritos. Soy yo quien dice en voz alta lo que se cuece en su cocina. En ocasiones, mis pensamientos son afines con los colores de algún que oto partido, pero ello no es una condición necesaria que se cumpla en todos los artículos. No olvidemos que no existen dos personas en el mundo que piensen igual en todos los sentidos. Siempre existen y existirán puntos de discordia en el diálogo cotidiano. Hasta las parejas más afines han discutido, alguna que otra vez, por desacuerdos y formas de percepción distinta. Luego, estimados lectores y lectoras, si escribiera siempre, de conformidad con tal o cual partido, estaría siendo hipócrita con mis pensamientos. Sería un escritor populista, o dicho de otro modo, una pluma que escribe de acuerdo con los moldes de los otros; lo mismo que hacen la mayoría de columnistas de este país. 

Si tan independiente soy, ¿por qué escribo en diarios progresistas?, os preguntaréis algunos. Si observáis, tanto en ElPlural.com como en Vegamediapress – medios en los que colaboro desinteresadamente – mis artículos aparecen enlazados al Rincón. Gracias a esta forma de publicación, los escritos ganan visibilidad y, al mismo tiempo, nunca pierden su fuente original. Desde que escribo en el blog me han llegado muchas sugerencias de periódicos y revistas; invitándome a que escriba para ellos. Me piden que "desinteresadamente", o sea gratis, les autorice para que publiquen mis artículos, de forma íntegra, en sus medios. A todos les respondo que "no", precisamente por ello, para salvaguardar mi opinión de tales marcos ideológicos. Otra cosa, bien distinta, es que la colaboración sea entrelazada – como lo es en ElPlural y Vegamediapress – donde los artículos comienzan en el medio colaborador y acaban en el Rincón.

Si algún día me pagaran por escribir en el ABC, El Mundo o El País, entonces me convertiría en un escritor populista, como lo son la mayoría. Quizá si escribiera en el diario de Rubido tendría que contar hasta diez antes de poner a parir a Rajoy, o si escribiera para Público, tal vez, tendría que ser moderado en mis críticas contra la izquierda. Así las cosas, en muchas ocasiones he enviados artículos a periódicos, díscolos con los mismos, y nunca han salido a la luz. Nunca han salido a la luz, les decía, porque en este país, aunque ustedes no lo crean, todavía quedan residuos de las censuras de Franco. 

Artículos relacionados:
Prensa ética

Enviar Imprimir

Comentarios 2 comentarios »

Hoy, sin amasijos de cemento por en medio, nos hemos convertido en un país periférico al servicio de los grandes


l otro día, Ángel Urbide escribió un artículo en El País titulado: "los caramelos de Podemos". En él, el economista de Caño criticaba el programa electoral de Iglesias por considerarlo surrealista y perjudicial para los intereses económicos de España. Decía, y en ello le doy la razón, que las promesas de Pablo son retórica populista para llegar a La Moncloa, y acciones imposibles para gobernar el país. De todos es sabido que una "renta universal", o dicho de otro modo, "cuatro cientos euros, por la cara, para todo hijo de vecino" – da igual que sea el hijo de Botín o el carnicero de mi pueblo – suponen para las arcas públicas un cuarenta por ciento del PIB. No olvidemos que las políticas sociales son financiadas por el bolsillo ciudadano y, por tanto, la ejecución de las mismas supone aumentar los ingresos, o dicho de otro, modo subir los impuestos. Según Íñigo Errejón - del equipo de Podemos -, tales incrementos tributarios serían soportados por los “los de arriba"; los que han sacado tajada de la crisis y se han enriquecido a costa de "los de abajo". Si se hiciera esta medida, la renta universal – ideal, por supuesto que sí – se activarían, por parte de los empresarios, mecanismos para compensar, de algún modo, la pérdida en sus ingresos. Mecanismos, tales como: incremento de los precios; bajada de salarios y huída de sus negocios hacia otros territorios, donde las cargas fiscales fueran más atractivas.

Cuatro cientos euros, "por la cara", para todo hijo de vecino, supunen para las arcas públicas un cuarenta por ciento del PIB

Aunque Podemos llegara a la Moncloa – y yo me alegraría por ello – nuestro modelo productivo no cambiaría de la noche a la mañana. No olvidemos que la tardanza de España en la salida de la crisis no es otra que la incapacidad de las unidades productivas para reestructurar la economía. No olvidemos que hasta hace siete años, nuestros mimbres económicos eran los ladrillos. Hoy, sin amasijos de cemento por en medio, nos hemos convertido en un país periférico al servicio de los grandes. Mientras Estados Unidos basa su competitividad en la investigación y desarrollo; China en la reducción de los costes productivos y, Alemania en la industria pesada; España, sin embargo, ha perdido el rumbo en el tablero internacional. Así las cosas, sin grúas ni andamiajes solo nos quedan dos opciones: o reinventar nuestro modelo – buscar a toda prisa una ventaja competitiva que nos devuelva el sentido – o ser la África de Europa. La primera opción: "reinventar nuestro modelo", solamente se consigue con el emprendimiento y la investigación.

Para ello, para emprender, el Gobierno debe despertar el letargo ciudadano mediante el espíritu emprendedor. Despertarlo, les decía, mediante la inserción en los currículos educativos de asignaturas transversales que fomenten la creatividad y el talento; la toma de decisiones y, en definitiva: el "sueño americano". El fomento de la investigación se consigue mediante ayudas y estímulos al talento de las aulas para retenerlo en nuestras orillas, y evitar que se nos vaya. La segunda opción: "ser la África de Europa" supone quedarnos como estamos: un país de brazos cruzados cuya solución a la crisis pasa por aprobar reformas laborales, cuya única finalidad es empobrecer a la clase obrera en pro de los intereses patronales.

Durante tres años en La Moncloa, Rajoy ha optado por la segunda opción: "ser la África de Europa". Gracias a esta opción, el Gobierno ha desmantelado el Estado del Bienestar; ha hecho una reforma laboral a la horma de la patronal; ha endurecido el acceso a las becas; ha permitido el éxodo masivo del talento hacia otras orillas; ha ayudado a los bancos a salir de su crisis;  ha incumplido hasta la última coma de su programa; ha aumentado la brecha entre ricos y pobres; ha traído el ébola a España y; ha ninguneado la función social del periodismo mediante ruedas de prensa "emplasmadas" y alejadas de toda ética. Con estos mimbres, los frutos que recogemos de este presidente es un país sin un modelo competitivo; sin ninguna hoja de ruta hacia la salida de la crisis, aunque nos hagan creer lo contrario. En días como hoy, las exportaciones agrícolas han caído por el cerrojo de Rusia; las ventas de automóviles siguen estancadas desde hace siete años; las ventas de viviendas no repuntan por las dificultades del crédito; las Administraciones Públicas "no levantan cabeza" por sus innumerables "púas"; los autónomos hacen malabarismos para sobrevivir en su desierto y; el fracaso educativo continúa, a pesar de que la Lomce iba a ser la panacea. 

Así las cosas, las promesas de Podemos son el único palo ardiendo que le queda al ciudadano para que su sino cambie o caiga para siempre. La opción de Pablo Iglesias es, sin duda alguna, la opción menos mala entre todas las alternativas. El PSOE tuvo su oportunidad de gobierno y “derechizó” su discurso mediante el "decretazo de mayo del 2010" que nunca olvidaremos; el PP prometió el "España va bien" de los tiempos aznarianos y, a día de hoy, estamos en el kilómetro cero de "la culpa fue de Zapatero" y "la herencia recibida". Ante este panorama, por descarte entre opciones malas y peores, solamente queda Podemos - la opción menos mala-. Un partido, les decía, que aunque nos prometa la luna – como diría Federico – y sepamos que es soñar con la utopía, su discurso nos hace felices a las puertas del barranco. La misma felicidad – en palabras del machista – que sienten las feas cuando alguien les dice guapas para llevárselas a la cama. 

Artículos relacionados:
Populismo

Enviar Imprimir

Comentarios 1 comentario »

La "cacicada" del 9-N, le sirve a la corriente separatista para continuar su lucha por la utopía


 pesar de los impedimentos del Gobierno, la "consulta alternativa" se ha celebrado en Cataluña. Se ha celebrado, cierto, con una participación del treinta por ciento, o dicho de otro modo, uno de cada tres de los votantes ha ejercido su "derecho a decidir". De éstos, uno de cada nueve ha manifestado el "sí, sí" a las dos preguntas planteadas en la papeleta. Así las cosas, ¿se puede decir que la consulta ha sido un éxito? No, rotundamente no. No porque los sesgos de la misma impiden al sociólogo extraer conclusiones válidas y fiables que permitan al político hablar con fundamento. En términos demoscópicos, la "consulta alternativa" no cumple con los requisitos necesarios para ser catalogada como plebiscito ciudadano; ni siquiera por analogía con las estructuras de los referéndums oficiales, la consulta cumple con los requisitos mínimos de un proceso electoral propio del siglo XXI.

La consulta se ha celebrado sin un censo que concretase el universo – relación con los nombres y apellidos de los llamados a las urnas -; no se ha garantizado la aleatoriedad en la composición de las mesas electorales, o dicho en otros términos, las mesas no han sido compuestas por los resultados de un sorteo – como ocurre en las elecciones oficiales –  sino por voluntarios afines a la consulta; el escrutinio de las papeletas no se ha realizado con testimonios objetivos – de conformidad con lo establecido por la ley orgánica del régimen electoral y las recomendaciones europeas – sino por  testimonios subjetivos (interventores, voluntarios y simpatizantes con la cuestión separatista) y, no se sabe qué mecanismos han existido para evitar las votaciones duplicadas y las mentiras en la lectura y recuento de papeletas. Al tratarse de una consulta – y no de un sondeo demoscópico – es imposible averiguar qué hubiesen votado los dos tercios de catalanes que se han abstenido. Así las cosas, con el "pucherazo" de los tiempos galdosianos sobre la mesa, resulta demagógico hablar en términos de éxito sin el fundamento técnico para ello.

A pesar de tales sesgos, la "cacicada" del 9-N, le sirve a la corriente separatista para continuar su lucha por la utopía. Gracias a este pseudo-referéndum, tanto Mas como Yunqueras obtienen el dato que necesitaban – casi dos millones de "sí, sí" por la independencia – para presionar al Gobierno a que se celebre el futuro "referéndum".  Un referéndum, les decía, imposible con los mimbres del presente – la Constitución Española – pero probable si ésta algún día se reformara.

Mientras tanto – hasta que llegue ese día -, la crispación catalana entre los "sí, sí"; los "sí, no" y los "no, no" continuará removiendo las aguas tranquilas de los últimos quinientos años entre España y Cataluña. Tanto es así que miles de catalanes no acudieron a las urnas por el miedo a que su acción democrática – presuntamente ilegal – tuviera represalias futuras, por parte de las Administraciones. Los mismos miedos, cierto, que tienen millones de ciudadanos en el mundo sometidos a las cadenas de regímenes dictatoriales. 

Con el dato sesgado sobre el tapete – casi dos millones de separatistas, un tercio de la población catalana – es momento de preguntarse cuál es el paso siguiente en este callejón sin salida. La firmeza de Rajoy - su cierre en banda sobre la imposibilidad del referéndum – solamente canaliza la frustración de los votantes hacia mecanismos de violencia y malestar ciudadano. La propuesta de Sánchez, por su parte, considerar el problema como una cuestión política en lugar de jurídica, implica escuchar a Mas para entrar en el juego histórico de concesiones y privilegios, con tal de "callarle la boca".

Un juego de concesiones y privilegios, les decía, que abriría – todavía más – la brecha geográfica entre ellos y nosotros. Esta medida – la medida de Sánchez – se volvería – con el tiempo – en contra de nosotros. Los catalanes serían cada vez  menos dependientes y la solicitud del referéndum adquiriría más fuerza que nunca. Luego, la negociación con Mas para evitar el incomodo de su discurso, no solucionaría el problema sino que lo agravaría.

Por su parte, la posición del Ejecutivo, basada en la resistencia como táctica para debilitar al adversario tampoco es la vía acertada. No olvidemos que el desafío mutuo entre Rajoy -por no ceder a las presiones catalanas – y Mas – por no parar en su intento por la utopía – solamente avivan la llama de la crispación entre los que nos "odian": los sí, sí y, los que nos "quieren": los "sí, no" y los "no, no". Llegados a este punto, lo mejor sería modificar la Carta Magna para que decidan en condiciones aceptables y sin sesgos metodológicos. Después, con los resultados sobre la mesa, actuar en consecuencia. ¿Y si el setenta por ciento de los abstencionistas del pasado domingo votaran NO a la independencia? Otro gallo cantaría. Ante ese escenario, el influjo de la mayoría pondría el cerrojo a dos años de discurso separatista. La aceptación sería legítima, tal y como sucedió en Escocia, y viviríamos tranquilos durante alguna que otra década. ¿Y si ese mismo setenta por ciento, en lugar de decir no, dijera SÍ a la independencia? En ese supuesto, la vinculación del referéndum haría que Cataluña fuera un país independiente, como lo son los franceses, los belgas y los andorranos.

Artículos relacionados:
La cuestión catalana

Enviar Imprimir

Comentarios 1 comentario »

El "intruso del morado" – el color de Podemos – convivirá, en dosis similares, con el azul y rojo acostumbrados


os resultados arrojados por el último barómetro del CIS no podían pasar desparecidos para los ojos de la crítica. La victoria de Pablo Iglesias – en intención de voto directo – y la debacle de Izquierda Unida ponen sobre el tapete el "tiempo nuevo" aludido por don Felipe en el inicio de su reinado. Un tiempo nuevo – y dijo bien S.M. – porque, aunque los sondeos demoscópicos sean un producto perecedero, lo cierto y verdad, es que sirven a los politólogos y sociólogos para trazar hipotéticos escenarios futuros de cara al diseño de estrategias electorales. A esta práctica sociológica, algunos periodistas la llaman de forma despectiva: "política ficción". Política ficción, les decía, porque para tales "analistas políticos" – me refiero a los tertulianos que usted y yo conocemos – las encuestas son copias distorsionadas de la realidad. Con tales mimbres sobre los micrófonos de algunas emisoras, es normal que nuestra ciencia – la sociología – sean ninguneada por quienes otorgan fe de verdad a los contertulios de la mañana. Bien, dicho esto, y perdonen por mi enfado, me permito la licencia de hacer un ejercicio de "política ficción" con la radiografía del CIS.

La victoria de Podemos y la debacle de Izquierda Unida ponen sobre el tapete "el tiempo nuevo" anunciado por don Felipe al inicio de su reinado 

De cumplirse los pronósticos del barómetro, en el horizonte político se atisban los siguientes escenarios: el primero, y el más probable de todos: la muerte de Izquierda Unida por los mordiscos de Podemos. La renta universal; la jubilación a los sesenta; el impago de la deuda y, al fin y al cabo, el populismo inteligente, cocinado por Iglesias, ha dejado huérfano de discurso a las siglas de Cayo y Llamazares. Tanto es así, que las intervenciones de Alberto Garzón en la "Sexta Noche" no han levantado las pasiones deseadas entre sus clientes, sus votantes. El segundo escenario, y consecuencia del anterior: el tripartidismo. El "intruso del morado" – el color de Podemos – convivirá, en dosis similares, con el azul y rojo acostumbrados. Por último, el tercer escenario: la desideologización. La captura, por parte de Podemos, de electores provenientes de todas las orillas – izquierda y derecha – supone un cambio en el comportamiento electoral. Un cambio, les decía, manifestado en un desalineamiento del voto general; provocado por una sustitución del votante racional por otro de corte emocional, sin tintes ideológicos. Un voto, les decía, justificado por la desesperación; el descontento, y la frustración ciudadana con las políticas llevadas a cabo por socialistas y peperos durante los últimos ocho años.  En conclusión: debacle de Izquierda Unida, hemiciclo tricolor y voto pasional son los principales escenarios que se desprenden de la leyenda demoscópica.

En caso de que se cumpla la profecía, el patio de los leones estará compuesto por tres fuerzas políticas con ponderaciones similares. Ante este panorama, la gobernabilidad solo será posible mediante grandes coaliciones o alianzas puntuales. Grandes coaliciones, y digo bien, entre el eje de la izquierda: pablistas y sanchistas, o pactos antinatura: entre populares y Podemos, o entre socialistas y peperos.

El primer supuesto: rojos con morados. Esta alianza perjudicaría seriamente al líder de la coleta. Lo perjudicaría porque ello supondría para los nuevos del hemiciclo: romper la coherencia de su discurso por mezclarse con la "casta" y caer en la mentira por pactar con quienes, según Pablo, nunca lo harían. Así las cosas, de conformidad con tales condicionantes no resulta verosímil una España futura gobernada por socialistas y pablistas. Otra cosa es que donde dije Diego, llegado su momento sea Digo; en ese supuesto Podemos sería un cadáver político al mezclarse con la "casta".  Descartado este hipotético escenario solo nos quedaría analizar una coalición entre Pepé y Podemos – aunque pienso que moriría sin creérmelo – o un pacto entre socialistas y peperos; algo más creíble, si tenemos en cuenta que este pacto antinatura ya se hizo en el País Vasco en tiempos de Patxi y Basagoiti. Estaríamos, por tanto, ante un país gobernado por un matrimonio, de tintes antagónicos, condenado al divorcio a los pocos meses del casamiento. La gobernabilidad más inteligente para los intereses partidistas sería las alianzas puntuales, o dicho en otros términos una España a la holandesa donde la negociación sería la receta cotidiana para la cocina de las leyes; algo que, sin duda alguna, favorecería al interés general y, por tanto, a la democracia. 

Aunque el partido socialista y Podemos no formasen gobierno por las causas anunciadas en el párrafo de arriba, lo cierto y verdad, es que el más perjudicado de esta coyuntura sería, sin duda alguna, el Partido Popular. Lo sería, porque su electorado no consistiría que Rajoy y Santamaría bailasen al son de Podemos, los "frikis" de la parrilla. Si lo hicieran, si se arrimaran a "la fea", probablemente en los próximos comicios fueran duramente castigados por sus fieles, sus votantes. Así las cosas, el Partido Popular se convertiría en un jarrón del hemiciclo a la espera de que la "nueva izquierda" – alianzas puntuales entre Podemos y socialistas – se desgastara con el tiempo. En días como hoy, el camino a trazar es el diseño de estrategias electorales para que el PP siga con su mayoría absoluta – muy improbable -, el PSOE salga de las cenizas de Rubalcaba, e Izquierda Unida recupere la merienda que le han arrebatado. Para conseguirlo existen tres grandes caminos, uno para cada partido. El PP: rezar cientos de Padres Nuestros para que el paro disminuya y no salgan más "chorizos" en el seno de sus corrales. El PSOE: conseguir que sus desencantados perciban en Pedro Sánchez a alguien más que una cara bonita en busca de visibilidad por las cloacas televisivas. Izquierda Unida: jubilar a Cayo y a Llamazares; sustituirlos por un líder joven – con rastas y coletas – y arrimarse a los socialistas para debilitar a Podemos.

Artículos relacionados:
El bipartidismo herido

Enviar Imprimir

Comentarios 1 comentario »

Con 15.388 blogs nominados, “El Rincón de la Crítica” ha conseguido ubicarse entre los quince mejores   en los X Premios Bitácoras 2014, dentro de la categoría “Mejor blog de periodismo y política”, que promueve RTVE.

Entre los clasificados destacan, por encima del Rincón: el blog de Maruja Torres, Malaprensa y En la boca del lobo y, por debajo, gigantes de la blogosfera, tales como: Escolar.netPolitikon, Principia Marsupia, entre otros.

El Rincón de la Crítica es un blog de opinión segudio por amantes de la lectura que buscan un enfoque crítico de la actualidad. 

Muchísimas gracias por vuestros votos.

Saludos, @Abel_Ros

Artículos relacionados:
El Rincón de la Crítica, entre los cincuenta mejores

Enviar Imprimir

Comentarios 1 comentario »

La ventaja del presente, sin las manchas del pasado, hacen de Podemos una marca impoluta de cara a los comicios 


ace unos años escribí un post titulado: "el deterioro de la marca ZP". En dicho artículo critiqué la segunda campaña electoral de José Luis Rodríguez Zapatero. Una campaña, les decía, de cortes americanos, basada en la figura del líder por encima del partido. En ella, se pretendía poner en valor los logros del presidente durante sus cuatro años de gobierno: talante democrático; políticas sociales y crecimiento económico. Así las cosas, el partido socialista consiguió, por fin, un líder de brisas felipistas que le hiciera cara a una derecha inmersa en cuestiones sucesorias y convaleciente por las heridas de Atocha. Rajoy se convirtió en el hazmerreír de los suyos; Aguirre, Losantos y Pedro Jota etiquetaron a Mariano como un monigote, de usar y tirar, en el circo del partido. Mientras tanto, Rodríguez Zapatero arrastraba con sus redes a miles de votantes provenientes de la casa Llamazares. La campaña de la "ceja" y las notas altas en los sondeos demoscópicos hicieron que la figura del líder disimulara las miserias de su partido. No olvidemos que en Ferraz aún colgaba el sambenito de "corruptos" desde los tiempos de Roldán, Vera y Barrionuevo.

Después de aquella campaña electoral a la americana, José Luis se convirtió en ZP para lo bueno y para lo malo. Digo para lo malo, y digo bien, porque no hubo una línea divisoria que marcara el territorio entre el líder y el partido. Con la llegada de la crisis: la España del talante; de los derechos sociales, y del crecimiento económico, cambió por un paisaje marcado por palos de ciego; políticas neoliberales y un decretazo – mayo del 2010 – que puso fin al zapaterismo. El deterioro del líder le sirvió a la derecha para lanzar todo su arsenal de retórica barata contra Zapatero. "La culpa es de ZP" – como recordarán – se convirtió en la estrategia electoral de Rajoy y los suyos para conquistar La Moncloa. Tanto es así, que la crisis económica, de tintes globales y altas complejidades, fue "causada" por la "ineptitud" de ZP. Así las cosas, el discurso de la derecha caló entre el "analfabetismo económico" mundano y el Pepé – como ustedes saben – ganó por goleada a "el último error de ZP": Rubalcaba. La derecha ganó, les decía, por el influjo del recuerdo. El "España va bien" de los tiempos aznarianos fue el caramelo que le sirvió a don Mariano para llevarse a su bolsillo a los desencantados de Zapatero. Hoy, tres años después de aquella victoria, los sondeos demoscópicos – la reciente encuesta realizada por Metroscopia para El País -, no dan "ni un duro" por aquella derechona que prometió la luna y gobernó, a su antojo, de espaldas a su programa.

Son precisamente, las promesas incumplidas – del Pepé – y el papel mojado de su programa, las que ponen a Podemos en la palestra de la mañana. El hartazgo social por las mentiras de don Mariano; los constantes casos de imputados en el Partido Popular y en el Pesoe; la losa del desempleo; el empobrecimiento de la clase media; la cronificación de la crisis económica;  las huelgas estudiantiles; las mareas sanitarias; las tarjetas opacas de Caja Madrid; el caso Urdangarín y, muy reciente, el jaque mate del pequeño Nicolás; son – entre otros – factores que explican por qué los recién llegados al escenario político son aplaudidos por millones de espectadores hartos de "la casta" que les representa. Así las cosas, Podemos se convierte en la fe de los racionales cuando la medicación y las recomendaciones de sus médicos no solucionan sus males fisiológicos. Por ello, a pesar de que Pablo Iglesias prometa la luna – como hace tres años hizo Rajoy, tras el deterioro de la marca ZP – la gente le cree porque detrás de su "coleta" no hay un pasado político que le sirva al rival de la tribuna para decirle: "y tú más"; como ocurre entre socialistas y populares. La ventaja del presente, sin las manchas del pasado, hacen de Podemos una marca impoluta de cara a los comicios. No olvidemos que en España existe la presunción de inocencia, o dicho de otro modo, todos somos santos salvo que se demuestre lo contrario.

 El "España va bien" de los tiempos aznarianos fue el caramelo que le sirvió a Rajoy para llevarse a su bolsillo a los desencatados de Zapatero

Si se cumplen los pronósticos demoscópicos, Pablo Iglesias se podría convertir en el nuevo presidente de España, gracias al desalineamiento político provocado por el sumatorio de los factores anunciados en el párrafo de arriba. La única baza que le queda a Rajoy para mantenerse en su silla es la recuperación económica. No olvidemos que don Mariano jugó sus cartas al todo o nada, o dicho de otro modo, apostó por sacar al país de la crisis como condición necesaria y suficiente para revalidar su mayoría absoluta y convertirse en un "Aznar segunda parte". El "España va bien" de los tiempos aznarianos se han vuelto contra don Mariano y los suyos. En días como hoy, el Pepé calla como una tumba sobre los "Ronaldos" de José María. Así las cosas, hablar de Rato, Acebes y compañía es como mencionar a Roldán, Vera y Barrionuevo en la era de Zapatero. Por mucho que se esfuerce Cospedal en generalizar la corrupción, más allá de las paredes de Génova, lo cierto y verdad es que aunque "chorizos" hay en todas partes, en unas los hay más que en otras. No olvidemos que en los tiempos de Roldán, la corrupción era un asunto exclusivo del partido socialista. Nadie del Pepé habló de corruptelas como males democráticos sino como asuntos de partido. Gracias a que supieron articular la ecuación: corrupción igual a Pesoe, Aznar se hizo con La Moncloa. 

Artículos relacionados:
Podemos, luces y sombras

Enviar Imprimir

Comentarios 1 comentario »

Todos hablaban de la supuesta corrupción que se cocía en el negociete de las tortas, napolitanas y cruasanes


uando yo iba a octavo de EGB – allá por el año 1.988 – me vi envuelto, sin quererlo ni beberlo, en un caso de corrupción. No sé si la palabra adecuada es "corrupción" por la simpleza del asunto, pero, lo cierto y verdad, es que aquella historia marcó los valores de mi vida. Os cuento lo que sucedió. Todas las mañanas, a eso de las once, cuando sonaba la sirena, los alumnos de octavo "A" del colegio público Rafael Altamira vendíamos tortas, napolitanas y cruasanes en el patio del recreo. Las vendíamos, les decía, para pagar el viaje de estudios. La clase estaba dividida en grupos de vendedores. Cada semana, los grupos rotaban para que no les tocara siempre a los mismos estar al frente del chiringuito. Así las cosas, como éramos cinco equipos, nos tocaba una vez al mes. Al finalizar el recreo se hacía el "cierre de caja". La operación era muy sencilla: recuento de piezas vendidas; beneficios del día y pago al panadero. El delegado de la clase – Ernesto – se encargaba de ingresar, en el banco de la esquina, el dinero recaudado. Hasta aquí todo fenomenal: una clase de octavo que vendía tortas, napolitanas y cruasanes para pagar su viaje estudios.

Tal semana como ésta; la del tres al siete de noviembre, de hace veintiséis años, nos tocaba a nosotros montar el chiringuito y capotear al toro en el patio del recreo. Nuestro grupo era como una ensalada murciana repleta de tomates, huevos, atunes y pepinillos. En la jerga pedagógica: un grupo muy diverso. En él estaba Braulio, nervio en estado puro; Paco, raro como ninguno; Manoli, una fuera de serie en matemáticas; Javi, el hijo del barrendero; Carmina, una rata de biblioteca; "el tuerto", el nieto de Manolo, y yo: Abel, el gafotas de la clase y el peor jugador de fútbol que jamás haya existido. Manoli era la encargada de cuadrar la caja al final de la “jornada". Todos los días, las cuentas cuadraban "al pelo" hasta que llegó el viernes al mediodía. Ese día, a Manoli no le salían los números. "Esta mañana – recuerdo como si fuera hoy, las palabras de Manoli -, Alberto – el panadero – ha traído veinte napolitanas, cincuenta tortas y quince cruasanes. ¿Cómo puede ser que falten ochocientas pesetas en la caja?". Sin duda alguna: o alguien había cobrado de menos o alguno había metido la mano en la caja de las tortas. Al no salir ningún valiente que reconociese su fechoría, el tema trascendió al tutor; de éste al jefe de estudios y, finalmente a don José, el director.

Las ochocientas pesetas malditas se convirtieron en el tema principal a las puertas del colegio. Todos hablaban de la supuesta "corrupción" que se cocía con el "negociete" de las tortas, napolitanas y cruasanes.

Don Luis era nuestro tutor; un señor alto y delgado; de aires quijotescos, y con muy malas pulgas. Cuando se enteró de la noticia, nos reunió a todos en su departamento. Nos dijo, en tono amenazante que: "al no salir la mano negra", se veía en la encrucijada de que pagásemos justos por pecadores. La sanción consistía en reponer, entre todos, las ochocientas pesetas. Ante semejante solución, me negué rotundamente a poner de mi bolsillo un dinero que no había robado. Por un lado, comprendía que el trabajo era en grupo, y por tanto, la responsabilidad era solidaria. Por otro, el encubrimiento de un ladrón me hacía cómplice del "atraco". La reposición del dinero, entre todos, tal y como quería don Luis no era inteligente porque con ello, nuestra honorabilidad quedaba manchada hasta los límites del olvido. Al tutor le interesaba que el tema se solucionara cuanto antes y, la mejor solución para salvar su pellejo de cara a la jerarquía, era - sin duda alguna - su propuesta; a pesar de no garantizar el beneficio moral para la mayoría. Por ello, porque no me parecía una solución acertada, me negué rotundamente a pedirle a mis padres las ciento quince pesetas; para dejar bien a don Luis, y yo quedar  como un chorizo de por vida.

Después de mucha pelea convencí a mis compañeros de no reponer el dinero. Don Luis tomó sus represalias. Las tomó hasta tal punto de que los notables se convirtieron en suspensos; los bostezos en castigos, y los saludos en desplantes. Hoy, veintiséis años después, aún no sé quién metió la mano en la caja de las tortas. No sé si fue Braulio; Manoli; Paco; Carmina; Javi o el tuerto. Lo que sí tengo muy claro, clarísimo, es que por las noches duermo tranquilo; aunque siempre llevaré colgando a mis espaldas la etiqueta de la sospecha. Durante años tuve que aguantar, por "ochocientas pesetas cochinas" que padres de mis amigos cuestionasen mi honestidad; que compañeros de don Luis dijeran que "no ponían sus manos en el fuego por ninguno de nosotros"; que la gente de la calle nos señalara con el dedo y, mil perrerías por el estilo. Desde aquello aprendí que la corrupción de los golfos trasciende a los honestos; que tales fechorías deterioran las instituciones y corroen las jerarquías. Aprendí que la corrupción es caldo de cultivo para rumores y prejuicios; aprendí – y perdonen la redundancia – que la corrupción no entiende ni de edades, ni de cantidades. Aprendí que "manos negras" hay en partidos políticos, bancos; monarquías, iglesias y hasta en patios de recreo.

Artículos relacionados:
Corrupción "made in PP"

Enviar Imprimir

Comentarios No hay comentarios »