Si Tsipras consiguiera que la troika y el FMI se bajaran del carro; el partido de Pablo Iglesias sacaría rédito del asunto


pocos meses para las elecciones generales, el caso griego ha caído como un jarro de agua fría en las filas del "morado". Ha caído mal, como digo, porque Alex Tsipras está "sudando la camisa" para que Merkel y Lagarde pasen por el aro. Tanto es así, que el "Podemos italiano" está entre la espada y la pared en esta encrucijada. Por un lado, lucha para seguir en Europa y, por otro; pelea para mantener sus promesas electorales. Seguir en Europa, supondría aceptar los sacrificios impuestos por el FMI y afrontar una crisis de Gobierno. Mantener las promesas electorales, o dicho de otro modo, continuar por la línea populista; implicaría el castigo de Merkel; la evasión de capitales y, la posible expulsión del chiringuito. Medida que convertiría a Grecia en la nueva Cuba de Europa. 

Así las cosas, muchos votantes de Podemos visionan con recelo la película helena. La visionan, porque temen a que un hipotético gobierno de Pablo Iglesias; suponga para España, un conflicto similar al que sufren sus vecinos. Aunque las circunstancias no sean las mismas; lo cierto y verdad, es que a la Troika, el FMI y toda la parafernalia junta; les importa un bledo, la microeconomía. Lo único que les preocupa; son las cuentas agregadas: el gasto público, el déficit, la inflación, la prima de riesgo y la deuda pública, entre otras. Por ello, por mucho que la izquierda "le saque los dientes" a Bruselas; "los ratones" tienen la batalla perdida en la jaula de los leones. La tienen perdida – queridísimos lectores – porque, "el conservadurismo alemán" tiene cogida la "sartén por el mango". Lo que es bueno para los débiles – Grecia, Portugal y España – es malo para Merkel y, viceversa. Luego, mientras el neoliberalismo sea el modelo ideológico que gobierne Europa, los populismos y "los partidos contracorriente" serán "criminalizados" por los dictámenes de siempre.

Por mucho que algunos griegos quieran salirse del euro, no sabemos si es peor; el remedio o la enfermedad. No lo sabemos, porque Grecia es "un enfermo terminal", conectado a una máquina de respiración artificial. Fuera de la Eurozona, sería – como dije en el párrafo primero – la nueva Cuba de Europa. Un país con una moneda insignificante en el mercado de divisas; sin atracción inversora y con una deuda galopante, que los sepultaría en los túneles de África. No obstante a las “instituciones acreedoras” tampoco le interesa que caiga Grecia. No le interesa, porque ello supondría un desplome de los mercados bursátiles; así como un éxodo de capitales ante la desintegración económica. Por ello, aunque no haya habido – hasta el momento – un acuerdo de mínimos entre Syriza y “Europa”, lo habrá – tarde o temprano – porque ambas partes, son necesarias para la solución del problema. 

Si Tsipras consiguiera que la Troika y el FMI se bajaran del carro – o dicho en términos más formales -, si consiguiera renegociar la deuda; aminorar los sacrificios y continuar en el euro. Entonces, y solo entonces, el partido de Pablo Iglesias sacaría rédito del asunto. Lo sacaría, porque lo que no consiguió Hollande, ni Zapatero; lo habría conseguido "el populismo". Algo formidable para Podemos y nefasto para los socialistas. Nefasto, y digo bien, porque el éxito de Tsipras demostraría que ZP no luchó lo suficiente ante los dictámenes de Merkel. Y demostraría que si lo hubiera hecho; quizás hoy, el sino de la historia sería diferente. Si ganara Tsipras; ello traería – sin duda alguna - efectos colaterales para Rajoy y los suyos. Los traería porque se pondría en evidencia que "quien no llora, no mama". Y Rajoy ha llorado bien poco ante los abusos de Bruselas. Si no ganara Tsipras y Europa se saliese con la suya; si continuara la política sin escrúpulos y el desmantelamiento del Estado del Bienestar; Podemos sería "carne de cañón" en las próximas generales. Lo sería, porque; el efecto griego demostraría que quien manda en Europa son los mercados; por mucho que algunos digan lo contrario. Atentos.

 

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Si yo fuera Carmena – me contaba Juan – hubiese cesado de inmediato a Guillermo Zapata


yer, mientras tomaba café en "El África", hablé con Juan sobre los tuits del concejal de Carmena. Qué necesidad tenía de meterse con los judíos, las víctimas de ETA y Marta del Castillo. Aunque se tratara de humor negro – me decía Juan -, la libertad de expresión tiene sus límites. Si no fuera así, los derechos fundamentales serían papel mojado; cualquiera podría insultar al prójimo y "santas pascuas y alegría". No olvidemos, que la democracia es el marco institucional para la gestión de libertades. Libertades entendidas como "márgenes de acción", dentro de los frenos del Estado de Derecho.

Los elegidos representan nuestros intereses, motivaciones y valores. Luego, el comportamiento de las élites es determinante para construir el andamiaje de la ética. Una ética basada en la tolerancia, como principio fundamental de la sociedad plural en que vivimos. La dimisión de Zapata, como "concejal de cultura", es condición necesaria, pero no suficiente para la higiene política. En días como hoy, en los que tanto se habla de "regeneración democrática", no es admisible que los elegidos hagan humor negro con las desgracias ajenas. No lo es, porque el oficio de la política; es algo más que gestionar presupuestos y asistir a plenos. El político – en palabras del filósofo – debería ser, ante todo, un educador en valores.

En días como hoy, algunos políticos no hacen un buen uso de las redes sociales. No lo hacen, porque emiten mensajes al diálogo global; sin percatarse de la diversidad receptora. Por ello, antes de lanzarse al ruedo – como diría Matías Prats si nos oyera - deberían inspeccionar el terreno, para conocer de cerca al toro que les mira. Si no lo hacen, si escriben como si hablaran con los suyos en una tarde de domingo; tendrán los días contados en la plaza que torean. Los tendrán, porque cualquiera podrá escarbar en sus tierras y descubrir el secreto que disimulan. Por ello – me decía Juan – lo mejor es que no escriban en twiiter; o  que lo hagan con mesura, y siendo responsables de los efectos provocados.

No es admisible que los elegidos hagan humor negro con las desgracias ajenas

Si yo fuera Carmena - me contaba Juan – hubiese cesado de inmediato a Guillermo Zapata. Lo hubiese cesado porque sus tuits son una falta de respeto a las víctimas. Con el tuit: "¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero"; el autor se mofa de los campos de concentración nazi; del sufrimiento de miles de judíos que fueron asesinados por los caprichos de Hitler y, de los familiares de tales difuntos. Otros tuits del exconcejal de cultura, como: "#Rescateficción Rajoy promete resucitar la economía y a Marta del Castillo" o “ser comunista nunca había sido tan sencillo. Es solo un poco más sencillo que ser de ETA"; ponen en evidencia la gravedad del asunto.

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Hace un año y medio, le diagnosticaron un cáncer de colon, el mismo mes que a Zerolo


l otro día, le pregunté a Jacinto por Aurora; una vieja conocida de la universidad, que milita en el partido socialista. Es – como diría mi abuelo, si me oyera – una activista de pura cepa. Está metida en todos los embrollos. Es vocal del AMPA del colegio de Irene, su hija. Vicepresidenta de la asociación de amas de casa. Presidenta de la comunidad de propietarios por sexto año consecutivo. Secretaria de la comisión de fiestas de su pueblo. Y, por si fuera poco, la acaban de nombrar presidenta de honor de una asociación dedicada a la digitalización de periódicos republicanos. Le pregunté a Jacinto por ella -como digo - porque a sus 39 años – hace un año y medio – le diagnosticaron un cáncer de colon. Se lo diagnosticaron – casualidades de la vida – el mismo mes que a Zerolo

Hace tres meses fui a verla. Su casa parece – y no exagero en absoluto – un museo del partido socialista. En la vitrina del salón, tiene fotos con Felipe González, Alfonso Guerra, Trinidad Jiménez, Joaquín Almunia y Zapatero, entre otras. La más reciente, es una con Pedro Sánchez. Se la hizo el año pasado, cuando el líder socialista acudió a su pueblo durante las primarias del partido. El cenicero, que hay en la mesa de la cocina es una reliquia de los tiempos “felipistas".Felipe aparece con veinte años menos, pelo negro y una chaqueta de pana marrón. Bueno lo de pelo negro, no es del todo cierto; en el cenicero lo tiene gris – dice Aurora – de tanta ceniza que le ha caído encima a lo largo de estos años. En su dormitorio, cuelga una foto de Zerolo; lleva un jersey verde y una bufanda a rayas. Luce sus rizos azabaches, – los mismos que le arrebató el cáncer – y una sonrisa sincera y llena de energía, que nunca consiguió borrarle el "bicho". 

Aurora es presumida, coqueta y adicta al maquillaje. En la universidad no pasaba desapercibida. Solía vestir con vaqueros desgastados, camisetas de Benetton y pañuelos de mercadillo. Ropa barata pero muy bien conjuntada para un cuerpo lleno de vida. En aquellos tiempos ya ocupaba cargos en colectivos estudiantiles. Luchaba, para que los hijos del barrendero tuvieran las mismas oportunidades que las hijas de Alejandro, el banquero de su pueblo. Le indignaba que los gays y lesbianas no pudieran casarse en plena democracia. No soportaba a los curas. Tanto es así, que estaba en contra del bautismo y todos los sacramentos juntos. No se casó por la Iglesia, ni acudió al funeral de su suegra. Fiel seguidora de Nietzsche, no entendía por qué Dios seguía vivo en las sociedades avanzadas. Por muchos Padrenuestros que rece – decía – si no fuera por la ciencia, ya estaría enterrada en el panteón de mi abuela.

El cáncer ha secuestrado su cabello dorado y el rosado de sus mejillas. Hablé con ella de Podemos, del caso Errejón, y de libros. Me dijo que estaba leyendo "Garzón: el hombre que veía amanecer", un libro viejo; escrito por Pilar Urbano, que le había comprado su cuñada en la feria de Madrid. Después de un rato, acabamos hablando de salud. Le pregunté cómo llevaba el tratamiento. "He aprendido a morir", me dijo. "Gracias a la enfermedad, ahora estoy más viva que ayer. Hago deporte, voy al cine y como pizzas los sábados por la noche". Mientras hablaba, la miré atentamente a los ojos; estaban sanos; brillaban como las estrellas en una noche de San Juan. Me dijo que no servía de nada rezar, ni llorar, ni lamentarse por la enfermedad. Me llamó la atención una “Z” que lucía en su mano izquierda. La miraba y no le encontraba sentido. El nombre de su marido empieza por jota; su padres son Antonio y María, y su hija se llama Irene. No lo pude remediar, y le pregunté: Aurora: ¿Y esa zeta? "Es la zeta de Zerolo", me contestó.

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Maquiavelo veía con buenos ojos, la propuesta de Esperanza Aguirre de formar un frente antiPodemos


ras las elecciones autonómicas y locales, el cuñado de Rodríguez – Gregorio – reunió en su casa a los filósofos del pasado. Desde Grecia – a millones de años del siglo XXI – llegaron Platón y Aristóteles. El primero, portaba un libro bajo el brazo, titulado "La República". El segundo, "La política", un compendio sobre leyes, ciudades y revoluciones. También asistió Maquiavelo, un funcionario de las tripas italianas que se hizo famoso – después de muerto – por "El Príncipe", un tratado sobre el oficio de la monarquía. Mientras tomaban café y alguna que otra copa de whisky, llegó un señor de barba blanca y aspecto desaliñado. En sus manos llevaba "Das Kapital", una crítica ácida al juego sucio entre opresores y oprimidos. Adam Smith y Keynes fueron los últimos en llegar. Ambos, como saben, son la noche y el día en asuntos económicos.

Mientras Gregorio intercambiaba impresiones con Platón acerca de los resultados electorales, Aristóteles charlaba con Keynes sobre la necesidad de llegar a un acuerdo justo para la gobernanza del ahora. Maquiavelo, por su parte, veía con buenos ojos la propuesta de Esperaza Aguirre sobre "formar un frente antiPodemos", con tal de arrebatar la alcaldía a la jueza "populista". El autor del "Príncipe" no creía en las ideologías; ni tan siquiera en los programas, sino en la conquista del poder a cualquier precio. En el fondo del salón, Marx discutía acaloradamente con Smith. Discutían, como digo, porque Karl no compartía la idea de “la mano invisible del mercado", como la opción más adecuada para el bienestar de la gente. No la compartía, porque sin la intervención del Estado, el rico es cada vez más rico y el pobre, más pobre. Los indignados de Hessel – en palabras del camarada – son los proletarios de su obra. Es necesario que los "camorristas y pendencieros" de Aguirre, tomen conciencia de clase; destronen a la derecha a través de Podemos y, una vez en La Moncloa devuelvan el poder a la gente. Solo así – concluía Marx – estaremos más cerca de alcanzar el comunismo.

Platón y Maquiavelo hablaban de la mentira. Para el primero, los gobernantes están legitimados para mentir "con el fin de engañar al enemigo o a los ciudadanos en beneficio del Estado". Platón aplaudía, por tanto, las "mentiras" de Rajoy durante sus cuatro años de mandato. Las aplaudía, como digo, porque según él: "hay secretos de Estado que si salieran a la luz provocarían desastres económicos y abrirían heridas del pasado". Nicolás estaba de acuerdo con Platón. "El príncipe – en referencia al gobernante – debe mentir si hiciera falta con tal de mantener intacta la hojalata de su corona". Para Aristóteles, por su parte, el buen político es el honrado. Aquél – decía el padre de la metafísica – que por las noches duerme tranquilo sin la losa de la mentira. Los gobernantes y los ciudadanos navegan en el mismo barco; cualquier avería en la cabina de mandos; debe ser conocida por la tripulación. La mentira es sinónimo – concluía el filósofo – de felicidad ficticia. Felicidad falsa que se convierte en represalias y fuentes de conflicto, cuando es descubierta por la verdad, la realidad mundana.

La forma de Gobierno más justa – en palabras de Aristóteles - sería una democracia, donde predominaran las clases medias en detrimento de la tiranía y la oligarquía acostumbrada. Una democracia donde los ciudadanos fueran alternando las funciones de gobierno, para evitar la corrupción y el despilfarro. Gracias a esta fórmula, el reparto de la riqueza sería más homogéneo y se evitarían los principales conflictos sociales. Conflictos surgidos por una distribución desigual de los recursos. La igualdad en el reparto de la riqueza – replicó el viejo Mark – es una condición necesaria para la paz de los pueblos. Queréis decir – intervino Gregorio – que las políticas neoliberales traen consigo crispación y descontento social; que las políticas de austeridad son el caldo de cultivo para el enfrentamiento entre "los de arriba" y "los de abajo". Sí, rotundamente sí – le contestó un enérgico Aristóteles -. Un buen gobernante debe garantizar la felicidad de su pueblo. Algo difícil, queridísimo ateniense, – replicó Gregorio – si tenemos en cuenta que hay tantas felicidades como hombres en el mundo. 

 

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Si Podemos pactara con el partido socialista e Izquierda Unida, se convertiría en uno más de la casta


unque la derecha haya obtenido más votos que el resto de sus rivales, lo cierto y verdad, es que lo tiene crudo para gobernar en buena parte de Hispania. Lo tiene crudo, como digo, porque los posibles tripartitos entre Podemos, PSOE e Izquierda Unida impedirán que los principales bastiones de Rajoy: Valencia, Madrid y Castilla la Mancha, sigan en pie tras el veredicto ciudadano. Así las cosas, mientras el Pepé pierde fuelle de cara a las próximas elecciones generales, los partidos emergentes atesoran las llaves de sus castillos azules. Tanto es así, que hasta la señora Aguirre solicita pactos antinatura – entre populares y socialistas -, con tal de impedir que "los populistas" – Ahora Madrid – consigan la alcaldía. Son, precisamente, estos gestos de desesperación, por parte de la expresidenta madrileña; los que sitúan a la marca Rajoy al borde del precipicio.

Aunque don Mariano diga que estas elecciones son distintas a las generales – en cuanto a intereses y motivaciones -, lo cierto y verdad, es que el mensaje del pasado domingo; es algo más que un cúmulo de enfados puntuales contra alcaldes y presidentes autonómicos. Es algo más, como digo, porque las políticas llevadas a cabo en los “feudos peperos"; han sido las mismas que se cuecen en los fogones de Génova. Así las cosas, el cheque que los ciudadanos le dieron a Rajoy; no era papel en blanco sino todo lo contrario; era un encargo para que cumpliera lo prometido. Unas promesas – como recordarán – de cortes populistas, para que millones de votantes – desencantados con la "derechización" de Zapatero – cayeran en la trampa de votar a una derecha disfrazada de progreso. Hoy, cuatro años más tarde de aquella equivocación ciudadana, el Partido Popular ha perdido las elecciones autonómicas y locales. Las ha perdido, aunque Rajoy diga lo contrario, porque gobernar en minoría es lo mismo que "querer hacer cosas" y "no poder hacerlas", sin el consentimiento de los otros, la mayoría alternativa.

Aunque la derecha haya perdido sus mayorías absolutas por los mordiscos de Podemos y Ciudadanos, lo cierto y verdad, es que esta derrota es similar a la que sufrió el partido socialista hace cuatro años. Es similar, queridísimos lectores, porque tanto Rajoy como Zapatero han sido castigados por gobernar de espaldas a la gente. Ambos han defendido políticas de austeridad y, ambos han recibido el castigo merecido. Así las cosas, "gracias a Merkel" – en palabras del borracho – el pueblo ha dicho NO a la vieja política. Los ciudadanos han repetido su mensaje y lo seguirán repitiendo; mientras los elegidos continúen erre que erre con el virus europeo. Luego es importante que miremos a Europa para leer los interlineados de la derrota. Es importante porque si Zapatero no hubiese obedecido a los dictámenes alemanes, hoy otro gallo cantaría en la España de los pactos. Fue precisamente, la chispa de la indignación por la crisis económica y las nefastas soluciones al respecto; las que hicieron que Rajoy recogiera el guante de la calle; culpase de todos los males a ZP y se hiciera con el cetro; gracias – eso sí – a la ignorancia de su pueblo.

Con la mirada puesta en las próximas elecciones, lo más correcto – por higiene democrática – sería que las comunidades y ayuntamientos fueran gobernadas por alianzas puntuales. Esta medida beneficiaría a las fuerzas emergentes y evitaría el voto útil en las urnas de noviembre. Si Podemos pactara con el PSOE e Izquierda Unida – algo muy probable – significará que está de acuerdo con sus respectivos programas; los mismos que tanto ha criticado desde las pasadas europeas. El partido morado se convertiría en uno más de la casta. Algo nefasto para arrebatarle la medalla de oro al partido socialista, como líder de la izquierda. Por su parte, si Ciudadanos bailara con la fea – el Partido Popular - sus glorias se convertirían en fracasos en las próximas generales. Los votantes de Rivera – la mayoría procedentes del Pepé – verían con malos ojos como sus papeletas sirvieron para unir, lo que ellos deshicieron. Así las cosas, las "alianzas puntuales" sería la opción más inteligente. Gobernaría la lista más votada, pero gracias a ello. Gracias al respeto del veredicto ciudadano, el pluralismo incipiente no sería una piedra en el camino, sino una oportunidad de futuro para las fuerzas emergentes.

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Para escribir, aparte de conocer la lengua y ser un espadachín de la palabra, es necesario saber de que se habla.


l otro día leí: "ni bilingüe ni enseñanza", un artículo de Javier Marías, publicado en el Magazine de El País. En su texto, el literato criticaba los "programas bilingües", que se imparten en muchos colegios e institutos españoles. Los criticaba, como digo, porque según Marías, cito textual: "esos profesores – los bilingües – poseen un conocimiento precario del idioma, de nuevo salvo excepción; lo chapurrean, por lo general tienen pésimo acento o ignoran la pronunciación correcta de numerosas palabras, su sintaxis y su gramática tiende a ser mera copia de los del castellano, y además, en cuanto se encuentran con una dificultad insalvable, recurren un rato a esta última lengua, sabedores de que es la que los estudiantes sí entienden". Para escribir, aparte de conocer la lengua y ser un espadachín de la palabra – como es el caso de Marías – , es necesario saber de que se habla. Es necesario porque si no, corremos el riesgo – los escritores – de caer en la demagogia y confundir a los lectores. 

Poner en cuestión la profesionalidad de los docentes, acogidos a los programas bilingües, es una falta de respeto al colectivo. Lo es, estimado Marías, porque el requisito mínimo para impartir una asignatura en un idioma extranjero; es poseer un nivel B2 de tales conocimientos. Dicho nivel equivale a seis cursos de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI), según establece el "Marco Europeo de Referencia para las Lenguas". Aparte de dicho título, algunas Comunidades Autónomas exigen a sus docentes "el certificado de capacitación para la enseñanza en lengua extranjera", como es el caso de la Comunidad Valenciana para impartir clases en valenciano. Decir que los "profesores poseen un conocimiento precario del idioma" es un insulto, ya no solo a los docentes sino a las instituciones que se ocupan de expedir tales acreditaciones. Javier Marías escribe sin basarse en ningún estudio sociológico que sostenga sus afirmaciones; afirma sin concretar institutos ni colegios que avalen sus palabras y, escribe solo del ruido que le llega de conocidos y allegados. Algo nefasto, queridísimos lectores, tratándose de un escritor de renombre; capaz de influir en la opinión pública.

Aunque los profesores tengan acreditada su competencia lingüística para impartir determinadas materias en una lengua extranjera, lo cierto y verdad; es que esta condición es necesaria pero no suficiente para que los alumnos aprendan el idioma. No lo es, como les digo, porque una lengua es algo más que conocer la jerga de una disciplina cualquiera. El aprendizaje de idiomas necesita de la "praxis". Una praxis, que faculte al alumnado para pensar en la lengua adquirida como si fuera la nativa. Para ello, para que los pupilos practiquen la teoría; es necesaria la implicación de los políticos. Es necesario, como digo, que tales programas sean complementados con largas estancias en el extranjero; bibliotecas bilingües en colegios e institutos; prensa extranjera en las salas de profesores, y conversaciones entre alumnos de distintos países mediante Skipe y aplicaciones similares. Para conseguir este cometido hace falta dinero. Dinero en forma de becas y, dinero mediante dotaciones a los centros, para que los docentes bilingües perfeccionen su herramienta y sus pupilos logren la competencia.

El aprendizaje de un idioma necesita de la praxis. Una praxis que faculte al alumnado a pensar en la lengua extranjera como si fuera la nativa

Una vieja amiga, me contó; que su marido había sacado un diez en el carné de conducir pero, sin embargo era un pésimo conductor. Un pésimo conductor porque casi nunca cogía el Audi. Le daba mucho miedo la carretera. Tanto, que cuando conducía se ponía tenso como una estatua; le temblaban las manos y los pies cuando entraba en la autovía. Me contaba que conocía todas las señales de memoria; las distancias de seguridad; las multas por exceso de velocidad; e incluso entendía de mecánica. Era brillante en la teoría pero un nefasto conductor. Hasta tal punto que nadie de la familia quería montar con él en el coche, porque su inseguridad era percibida por los otros. A su marido – me contaba esta sabia amiga – le hacía falta muchas horas al volante. Solamente así, a base de práctica – de ensayo y error – conseguirá vencer sus miedos y enfrentarse al asfalto. Lo mismo sucede con miles de docentes acogidos al bilingüismo. Profesores con matrículas de honor en las Escuelas Oficiales de Idiomas pero, sin embargo, con "suficiente raspado" en las artes oratorias. Siempre, según las palabras de Marías, un escritor de renombre.   

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La irrupción de Pablo Iglesias fue una bocanada de aire fresco para millones de nostálgicos con el movimiento 15-M


omo saben, siempre he sido muy crítico con el movimiento 15-M. Desde sus inicios, denuncié la ambigüedad de sus fines y los mecanismos para lograrlos. En un artículo titulado "el silencio de las plazas", con motivo de su primer aniversario, hice una crítica severa sobre las cenizas de la indignación. Intenté, desde las turbinas de mi pensamiento, entender cuáles eran las razones que apagaban la llama de los "camorristas y pendencieros" de la señora Aguirre. Me preocupaba, y así se lo hice saber a Javier – un indignado de Hessel – que con "la que estaba cayendo en la Hispania de Rajoy", la gente no gritara como ayer. En varias columnas del Rincón, reivindiqué la necesidad de que la indignación se materializara en una fuerza política. Una fuerza política, que institucionalizara el malestar de millones de españoles, a través de un programa político; cocinado desde abajo. Solamente así, mediante una articulación política del movimiento 15-M, se lograría reinventar la democracia.

Transcurridos unos meses, surgieron las primeras plataformas ciudadanas, o dicho de otro modo, los primeros cimientos políticos del movimiento. Plataformas como: "Stop Desahucios", "Afectados por la Hipoteca" y "Afectados por las preferentes", entre otras; sirvieron para ponerle los agudos y graves a ese grito desgarrado, llamado indignación. El silencio de las plazas fue sustituido por los escraches. Escraches a banqueros y políticos, por ser ellos – en palabras de Manuela – los principales culpables de nuestras vergüenzas internacionales. En aquellos tiempos, escribí un artículo titulado "Los Martínez", donde narraba las penurias económicas, por las que atravesaba una familia española. Tras publicarlo, recibí más de cien correos de lectores. Correos donde me contaban que sus vecinos y amigos también eran "Martínez". Después de aquello, supe que la indignación no era una moda pasajera sino el síntoma de un cáncer social, que amenazaba la salud de nuestra querida democracia. Supe que Rajoy no estaba a la altura del problema. No lo estaba, porque se escondía detrás de plasmas para no ser preguntado; "le interesaba más – en palabras de Jacinto – los números macroeconómicos que las hambrunas de su pueblo". 

El año pasado, como saben, surgió Podemos. La irrupción de Pablo Iglesias fue una bocanada de aire fresco para millones de nostálgicos con el movimiento 15-M. El "líder de la coleta" culminó la institucionalización de la indignación mediante la creación de una nueva identidad política. Una nueva identidad, como digo, que representó el enfado de millones de indignados. Indignados con: la corrupción de los políticos; el "clientelismo" de los partidos; el favoritismo hacia los bancos; la desigualdad entre los de arriba y los de abajo; los recortes sociales; el éxodo de talentos; las altas tasas de paro; la Ley Mordaza; el incumpliendo del programa electoral, por parte de Rajoy; el aumento de las tasas universitarias y, las reducción de la Oferta de Empleo Público, entre otras. La ubicación de Pablo Iglesias en el lado de los indignados, sirvió para que éstos recuperaran la ilusión por la política. Así las cosas, Podemos – para sorpresa de muchos – irrumpió en las elecciones europeas y obtuvo cinco diputados; algo histórico para una colación de "frikis", en palabras de Arriola, el sociólogo de Rajoy.

El "líder de la coleta" culminó la institucionalición de la indignación mediante la creación de una nueva identidad política

Después de aquella victoria, el partido del morado ha ido perdiendo fuelle de cara a los próximos comicios. Lo ha ido perdiendo, por una serie de torpezas políticas. Torpezas, como digo, que han servido para que sus representados – los indignados del 15-M - ya no vean a Podemos como un partido distinto, sino como uno más de la parrilla. El caso Errejón; el plantón de Pablo Iglesias al programa de TeleCinco; la moderación de sus medidas; la ubicación ideológica en tierra de nadie -ni de izquierdas, ni de derechas -; el resultado de las elecciones Andaluzas, alejado de sus expectativas; la dimisión de Monedero y, la tardanza en presentar su programa en las próximas autonómicas son; entre otras razones; las que explican el desencanto del hechizo. Para reconquistar a su posible electorado, la agrupación de Podemos debería radicalizar su discurso, como lo hizo en las pasadas europeas, y ubicarse en la izquierda. Si no lo hace, si continúa moderando su mensaje para pescar en río revuelto a los indecisos del centro; probablemente será castigado por los indignados del ayer; los mismos que hace cuatro años abarrotaban la plaza Sol. 

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