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Madrid en la encrucijada

El otro día, Alejandro – un periodista de las tierras colombianas -, me preguntaba acerca del máster de Cifuentes. No entendía, por qué la presidenta madrileña continuaba el sillón, a pesar de la gravedad de los hechos. Gran seguidor del Rincón, desde los tiempos de Bárcenas, defendía que Cristina ya era historia para las siglas de su partido. Tras hablar con Alejandro, me dejé caer por El Capri. Necesitaba, la verdad sea dicha, una inyección de cafeína para despertar la vaguedad de mis neuronas. Tras saludar a Manolo, hablé con Peter sobre el futuro de Cifuentes. Peter nació en Madrid, se crió en el barrio de Vallecas, hasta que, por circunstancias de la vida, terminó en los intramuros de mi pueblo. Según él, la renuncia al máster, por parte de Cristina, no convence a quienes tienen dos dedos de frente. Aunque la presidenta haya pasado todo "el marrón" a la universidad; lo cierto y verdad, es que las turbinas de Ignacio han probado sus mentiras. Y un político que miente, en palabras del borracho, no está "legitimado" para acariciar el cetro.

Por dignidad política, Cifuentes debería preparar las maletas. Las debería preparar como hizo Francisco Camps y Pedro Antonio Sánchez en su día. Esta opción, este autosacrificio político, sería un regalo formidable para las filas de Rivera. La dimisión de Cristina serviría para que la gaviota siguiera volando por el cielo de Carmena. Si dimitiera Cifuentes, estaríamos ante el mismo escenario que en Murcia: "rey muerto, rey puesto". Ahora bien, esta dimisión – y posterior recambio – no afectaría a la "marca blanca de la derecha". Ciudadanos seguiría impoluto de cara a las próximas elecciones autonómicas y locales; como lo hace en la región de Murcia desde el recambio de Pedro Antonio por López Miras. Esta opción, la caída de Cifuentes sería la menos mala para el establishment de Ciudadanos. Ahora bien, Cristina pasaría a la historia como aquella mujer que utilizó sus contactos para conseguir un máster, que a psoteri renunció. Una síntesis que tiraría por la borda sus aspiraciones, en caso de que las tuviera, a conquistar La Moncloa o apoderarse de Génova.

La moción de censura, en el caso de que contase con el apoyo de Ciudadanos, sería un suicido político para las filas de Rivera. El pacto antinatura entre rojos, naranjas y morados solo beneficiaria a Gabilondo de cara a las próximas autonómicas. Gracias a la moción, la Comunidad de Madrid – gran bastión del Pepé – pasaría a las manos de la izquierda; una humillación en toda regla para los nostálgicos de Aguirre y simpatizantes de Cifuentes. Así las cosas, Ciudadanos trata de ganar tiempo para salvar su pellejo de cara a la encrucijada. Mientras los medios continúen erre que erre con el caso del máster, Ciudadanos verá más cerca el desplome de Cristina. Ahora bien, si el ojo mediático se enfocara hacia la moción – algo muy probable ante "el desgaste del máster" -, las filas de Ciudadanos tendrían que decantarse entre: apartarse del camino, o votar la censura de Cristina. En caso de que esta votación llegara a buen puerto, Ciudadanos gobernaría con el PSOE y Podemos contra el argumentario de su partido. De cara a un futuro inmediato, muchos votantes del naranja, procedentes del marianismo, volarían a su nido como expresión de castigo. Un escenario nefasto para la celebración de un segundo matrimonio entre el Pepé y Ciudadanos.

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