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De liderazgos, Schröeder y Zapatero

El otro día, mientras estudiaba la historia de Alemania, me vino a la mente Rodríguez Zapatero. Como saben, Gerhard Schröeder presidió la república germana durante el periodo 1998 a 2005. La presidió, como les digo, en coalición con Los Verdes. Su oposición a la segunda guerra de Irak, la debilidad de la oposición democristiana y su buena gestión durante las inundaciones del Este; le valieron la reválida de su gobierno. Zapatero, al igual que Schröeder, también se opuso a la guerra de Irak y también – y valga la redundancia -, tuvo una oposición debilitada tras el final del aznarismo. Durante su segundo mandato, Gerhard llevó a cabo políticas neoliberales, más propias del conservadurismo democristiano que de sus prismas ideológicos. Los sindicatos consideraron tales medidas como un ataque a los derechos laborales y al Estado Social. La derechización de Schröeder supuso varias derrotas regionales para las siglas de su partido. En mayo del 2010, Zapatero hizo lo mismo que Schröeder, "traicionó" a su credo ideológico y llevó a cabo recortes sociales, más propios de un partido de derechas que de un socialdemócrata. Tales medidas, justificadas por la crisis económica y las presiones del stablishment europeo, desencadenaron el principio del fin del zapaterismo.

Tras el fracaso de la moción de confianza, las elecciones alemanas del año 2005 dieron como resultado una gran coalición entre SPD – sin Schröeder a la cabeza – y la CDU, el partido de Merkel. Desde entonces, recortes y más recortes, al más puro estilo thatcherista, han llevado a "la perdición" a los países periféricos. En España, la historia se repite. Tras cuatro años de rodillo azul, la gran coalición ha llegado a nuestro puerto. Tanto PSOE, PP y Ciudadanos gobiernan el país como si fueran alemanes. Digo como si fueran, porque en política comparada hay que llevar mucho cuidado con los paralelismos históricos. Hay que llevar cuidado, como les digo, para no caer en reduccionismos explicativos. Dicho esto, lo cierto y verdad, es que si; tanto Schröeder como Zapatero no hubiesen "traicionado" sus intereses partidistas; hoy el "no es no" de Pedro Sánchez sería más respetado por la oligarquía de su partido. Como agua pasada no mueve molinos, la crítica debe mirar hacia el futuro con la carga del pasado. Y la carga del pasado no es otra que la derechización del partido socialista, en contraste con una oposición de corte nacionalista y populista. Así las cosas, el PSOE es muy probable que no levante cabeza a medio plazo. Aparte de la alianza con el Pepé y Ciudadanos, el partido socialista se enfrenta a las grietas del liderazgo. Un liderazgo que se debate a tres bandas entre el "no es no" – de Pedro Sánchez -, "lo mejor para España" – de Susana Díaz – y el "sí es sí", de Patxi López.

De los tres jinetes socialistas, Susana Díaz será, muy probablemente, quien se lleve el gato al agua. Será ella,  "la rubia de Andalucía", porque su liderazgo representa a los pesos fuertes del aparato. No olvidemos que una cosa es la macrodemocracia – las elecciones generales y los debates parlamentarios – y otra, muy distinta, la "democracia interna" de los partidos. Una democracia – con letras en minúsculas – determinada, en parte, por las recomendaciones, influencias y las opiniones de los "jarrones chinos", las glorias pasadas de los partidos. Susana, a diferencia de Sánchez, ha ganado unas lecciones regionales. Su liderazgo en Andalucía ha pasado – como dicen en mi pueblo – la prueba del algodón. Pedro ha cosechado para los suyos el peor resultado de su historia durante dos comicios consecutivos. Es cierto que ahora la tarta está más repartida por la irrupción de Podemos y Ciudadanos; pero este argumento alivia, pero no cura, la herida socialista. Susana, a diferencia de Patxi, no es una presidenta "fracasada". No olvidemos que López gobernó con la derecha, un pacto antinatura que terminó, como saben, peor que "el rosario de la Aurora". Así las cosas, Susana se convierte en un buen activo para conquistar La Moncloa. Una conquista difícil, si tenemos en cuenta que la derechización de su partido es un hecho, y que ella gobierna gracias al beneplácito de Ciudadanos. Así las cosas, el PSOE se ha convertido en un rehén de la derecha; en un partido que falleció, desde que Zapatero tropezó con la misma piedra que Schröeder.

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